Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

10 marzo 2010

Una noche para soñar

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La otra noche que hacía mucho frío no me apeteció salir y me quedé sola en casa viendo una película que había sacado de la biblioteca,  “ Cuatro noches para un soñador” de Bresson, es una película que tiene unos personajes muy interesantes ¿Qué otra cosa cabría esperar cuando está basada en una obra de  Dostoievsky? Restando las señales hacia el exterior del amor, la película nos da una más aguda visión de cómo afecta al alma,  típico del cine de Bresson,  atraído por las cosas espirituales en lugar de las cosas corporales.  El resultado  me ha resultado apasionante y sorprendente. Es como si te estrellases dolorosamente en cada fotograma.

Esa noche veía la película en el salón delante del amplio ventanal con las cortinas corridas para poder ver mejor la calle, oír las pisadas de la gente, las bocinas de los coches, los gritos de los vecinos y así sentir que estaba en este mundo. Y de repente en un lapsus deje de ver la película y dirigí mis ojos a la ventana ¡Nevaba! Otra vez nevaba en este frío invierno, pero sentía una sensación agradable y cómoda mientras me acurrucaba más en el sofá y me tapaba con la manta, sintiendo esa sensación caliente y difusa  volvía a prestarle toda la atención debida a la película. ¿Cuál es la historia de Jacques? un pintor que parece tener problemas para encontrar el amor. Él admite que él nunca se ha enamorado de una mujer, sino de una mujer ideal.

Hacía la medianoche todavía no había llegado nadie a casa, seguía sola y no sé porqué empecé a sentirme incomoda. Me dieron ganas de llamar a alguien, pero cómo iba a hacer eso y pensé que ya soy mayor y puedo cuidar de mi misma sin necesitar a nadie. Una larga escalera conecta la calle y lo captura la cámara en lugar de esconderse. Allí, tesoro de los relojes deslizados detrás de un pedestal,  aquí, tesoro de los sueños confiados al   magnetofón,  brotes de un amor vivo e inocente.

La televisión está en una esquina, al lado del ventanal, las cortinas aunque recogidas se mueven, entra aire frío de la calle por las rendijas que deja el marco de la vieja ventana y volví a mirar la calle, seguía nevando y algo se movía allí fuera.

En una escena, Jacques echa un vistazo sobre las compras de una  chica hermosa y como ella anda por delante, decide acecharla hasta que otra mujer hermosa pase a su imaginación, para la cual él cambia los objetivos. Jacques es definitivamente un soñador y vive en una fantasía que él ha creado para él, y  no ha perfeccionado bastante.

A través de la oscuridad y la nieve que cae, se podía distinguir la figura de un hombre, caminando hacia la ventana. A medida que se acercaba más y más fui capaz de distinguir su rostro y me empezó a entrar  un miedo irresistible, pánico.  El rostro del hombre era horrible, sus ojos eran salvajes, de loco y su sonrisa era maliciosa. Estaba muy asustada, tiré de la manta y me la puse por encima de la cabeza intentando ocultarme sin moverme apenas.

Jacques es enamoradizo, pero  soñador. Sigue a las chicas por la calle. Hurta miradas, contempla a sus musas en reflejos de  los cristales.

Pero no podía seguir así, necesitaba mirar y ver que pasaba así que tiré un poco de la manta y asomé un ojo. El hombre todavía estaba allí, en la terraza mirándome allí, de pie con la nieve cayéndole encima. Vi como metía su mano dentro de su abrigo y sacaba un cuchillo largo que me pareció muy afilado.

Aterrorizada volví a taparme entera con la manta para que  pensase que lo que había allí no eran más que un montón de mantas tiradas encima de un sofá, me las arreglé para sin moverme apenas meter la mano lentamente en mi bolsillo y poder sacar el móvil. Llamé a mis vecinos, podía oír que estaban en su casa haciendo como es su costumbre el botellón de los sábados y contuve la respiración mientras esperaba respuesta. Los personajes se liberan de los datos  para explorar las escenas a través de la edición lo que hace que en el mundo sólo existan como virtuales. Oí que me respondían e inmediatamente susurré: “Hay un hombre fuera de mi ventana.  Tiene un cuchillo.  Por favor, ven pronto. “

Permanecí inmóvil debajo de la manta sintiendo como  el tiempo trascurría, asustada, temblando hasta que oí pasos en el pasillo y el timbre de la puerta. Salí debajo de la manta y fui corriendo a abrir, dejando entrar a mis amigos, señalándoles el salón casi sin poder emitir una palabra. Abrieron la puerta de la terraza y vieron que allí no había nadie, estaba vacía mientras yo les decía con palabras entrecortadas  “Es-ta-ba  ahí”, señalando la terraza cubierta de nieve.

Compartidas entre el realismo y la abstracción, entre el ojo y la foto borrosa deja en claro sobre la situación de los personajes  que se reparten entre la poesía, el desbordamiento de los deseos en conflicto, no formulados e irrealizables que viven en sus corazones, y la prosa, la dureza del mundo en el que estos vienen los deseos.
“Eso no es posible”, dijo uno de mis amigos. “No hay huellas de pisadas en la nieve, si alguien hubiese estado las habría dejado”

“Pero  estaba allí de pie, mirándome “, dije “Lo vi con mis propios ojos”.

“Sabes que los ojos pueden jugar malas pasadas” dijo otro amigo con voz socarrona “Puede que últimamente hayas visto demasiadas películas de miedo”

Estaban medio borrachos ya, así que enseguida se marcharon para continuar la fiesta sin antes decirme si me apuntaba a lo que les dije que mejor otro día. Tenía sueño y quería irme a dormir pronto así que volví al salón apagué la tele y cogí la manta. Allí, debajo de la manta estaba el hombre aquel que me miró con cara de sádico, en la alfombra había un rastro de huellas mojadas y en la mano sostenía el cuchillo y me amenazaba.

Uno de los lemas de Bresson  es “Retocar lo real con lo real para producir otra cosa”

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5 marzo 2010

En el espejo

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Hace dos o quizás tres días me levante después de una noche llena de pesadillas y me miré en el espejo, ese nuevo que me regalaron por mi cumpleaños en el que me veo de cuerpo entero y me vi en el otro lado. La realidad supera a la ficción, soy como nunca pensé que sería.  Abrí la boca y me dije: “¡Joder, pero si no soy yo!” Y es que llevaba un tiempo sin mirarme fijamente en él. Mi cara, la que antes casi me sabía de memoria, rodeada por un pelo rubio aprehendido por unas trenzas que me hago para dormir y  no se enrede, mis labios que cuando sonrío ligeramente dejan aparecer un diente que tengo levemente torcido ya no eran como antes.

Llevaba días sin mirarme apenas,  sólo miraba mi silueta para ver como me queda conjuntada la ropa que llevo. Esa mañana me dio por mirarme en serio y si, advertí que no era yo o más bien reparé en qué me había convertido o me di cuenta que no soy el  elemento que creía ser.

No, no soy nadie, no soy más que un video juego.

Es inevitable  que me detenga  y me pregunte el porqué de tal sensación errónea que  tenía antes de mi. Sólo era una existencia que fue y dejo de ser, de esas sensaciones  desacertadas favorecidas en fundamentos sin duda indiscutibles,  imaginándome distinta en un futuro que nunca llegaba, que nunca llegará ya y  me sosegué para coger un poco más de aire encontrándome con que esto ya no es el pasado, ni el presente, sino que me acerqué más y más a la luna que tenía delante enmarcada en una especie de madera pintada de blanco y  lancé un grito de alarma o más bien de desesperación e impotencia, al final llore y lloré, lloré amargamente.
Cuando me calmé y me puse a pensar en lo que estaba pasando, me di cuenta que era mejor no ponerme triste ¿Para qué? Si soy un juego sólo servirá para aumentar mi experiencia, cada día que juegue seré más hábil y más diestra, iré pasando pantallas y salvando obstáculos que si fuese persona no sabría hacerlo, al final deslumbrará mi conocimiento o  se acrecentará mi locura.

No importa. Soy un juego, un juego que hace reír y después hace llorar.
Era un juego adictivo, pero dejo de serlo y tenía la ventaja frente a otros juegos de que era gratuito, sólo ser o querer ser, ser yo misma siempre aunque los zapatos me queden grandes y me tropiece con todo lo que tengo por delante.

Sólo soy un juego, un juego que me obligaba a jugar sin que nadie me viese, algo de lo que nunca me arrepentiré mientras viva. Allí mirándome fijamente en el espejo vi un botón que ponía play, apreté y deje mi dedo señalado en el cristal frío y después de esperar unos segundos apareció una pantalla que ponía GAME OVER.

Si, el juego se había acabado, ya había pasado todas las pantallas y no se podía volver al principio.

3 marzo 2010

Encerrada

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¡Silencio! Oigo pasos que se acercan. Estoy rodeado por una espesa capa de niebla.

Están todavía muy lejos. No veo nada a mi alrededor. Tiemblo ligeramente, hace frío.

¿Vienen por mí?

Me restriego los dedos anquilosados para calentármelos. Mi aliento sale como humo, es vaho. Flota en el aire un leve olor a moho, a sucio, a viejo. Miro mis pies pero no los distingo, en ese velo espeso y grisáceo. Siento corrientes por mi cuerpo encogido, cubierto con sollozos devastadores en el corazón y el alma.

No sé lo que estoy haciendo aquí. Ellos me dijeron que yo lo maté. No me acuerdo.

Dejo que mi mente vague,  son cosas que no puedo ver, que ya no puedo sentir. Sólo veo un cuchillo. Me obligo a pensar en otra cosa.

El olor a descomposición  es cada vez más fuerte, y sigo oyendo  en la distancia unos pasos. Quisiera correr junto a él, a su lado en un campo de margaritas y amapolas. Un campo lleno de mariposas de muchos colores, de felicidad, volar al cielo. Un cielo limpio que incite a bailar, un baile lleno de alegría.

¿Es posible hacer algo  que no recuerdas? Estaba corriendo por una calle solitaria, vacía y al momento estoy entre cuatro paredes, detrás de unas rejas, tumbada en una cama dura, dura como una piedra. Dura como mi nuevo corazón, roca de granito gris. No lo sé, no paso nada o eso creo. No recuerdo. Pero al parecer hay testigos.

Estoy tumbada en algo oscuro y frío, solo veo una tenue luz que parece venir de lejos, siento la penumbra, la palpo con mis manos. Parpadeo e intento reponerme para entender dónde estoy y por qué. De repente todo vuelve a mi cabeza, me siento rápidamente. Siento  un golpe. Subo hasta el techo, gimo, lloro y se hunde el suelo. El golpe parece despertar mi cuerpo y mi alma empieza a gritar su descontento. Me duele todo, cada gesto que hago es un suplicio. Me golpeo contra la pared y de mi cara  sale una mueca rara, es un recuerdo, es la memoria. En ese momento aparece un dolor en mi cabeza, me duele el alma. Es una tortura. Aquello era una tortura. Levanto las manos y me sujeto la cabeza para protegerla de la violencia. Pero el ataque no vino de fuera. Está dentro, millones de agujas se me clavan haciendo agujeros en todas las direcciones. El dolor es insoportable e intento aliviarlo frotando suavemente las sienes. Noto en mis dedos la sangre seca, en mi pelo. Pero entonces, al igual que mis alas están rotas, pesa la gravedad, los fragmentos en las profundidades y la oscuridad de la pena. Arranco un trozo de mi vestido de seda, mis alas, un pedazo de ellas y luego pienso “Efímero, todo es efímero, las mariposas, la vida, el amor”

¿Qué he hecho?  Pero, ¿qué he hecho?  Y ahora es el momento en que vendrán a buscarme.
El guardia me llevó a comer y me dijo: “Come todo, que será lo último”

No sé cuanto tiempo llevo en este calabozo. ¿Un mes? ¿Cuatro años?¿Tal vez las dos cosas? ¿Diez? Imposible saberlo.

De pronto apareció alguien en aquel agujero, no dijo nada pero mi cuerpo dolorido y yo nos despertamos, me levante y me golpeó otra vez la pared cuando abrí la boca.

Me di cuenta por primera vez y entendí desde su tono de voz que era él quien había hablado en mi sueño.  Volví a caer al fondo. Él no se movió y me miro. No sé por qué, pero me asusté, no me inspiraba confianza ¿Por qué se escondía  si no tenía nada que ocultar?

– No te preocupes, no voy a hacerte daño.

– ¿Cómo puedo creerte? Susurré entre dientes.

–  Siempre puedes volver a la superficie, si lo prefieres. Sonrío

–       No, está bien.

–       Yo me quedo aquí.

Sonrió aún más.

– Quería esperar hasta que te despiertes, que te saquen a ti

– ¿No sientes nada?

Esta húmedo.

Me tiendo una vez más en la cama que ocupa tres cuartas partes del antro.

Los pasos que se acercaban.

Un corredor llave en la cerradura.

Mis gritos se habían convertido en súplica baja, mientras que el dolor en mi cabeza se intensificó.

Si me levantaba perdería  pie de nuevo, tuve que me relajarme de inmediato, de lo contrario me iba a caer en el suelo otra vez.

Él parecía entender desde los dos movimientos rápidos y delicados, que estaba a mi lado y clavó los ojos en los míos:

– Mírame a mí, ¿ ves mal?

Me miró intensamente, más allá de lo permitido. Miró a su alrededor, y sentí como me  traicionaba.

Pero él parecía estar en perfecto estado de salud, era fuerte.

Comencé a dudar y me preguntó de nuevo:

– Entonces ¿tengo pinta de débil?

– No, murmuré.

Bueno, entonces se relájate.  Relájate  y escucha.

Cerré los ojos unos segundos y traté de vaciar mi mente.

–       Estás en una cueva, un pequeño túnel.

–       Ha sido construido por mis amigos y yo para conectarte  con el mundo exterior.

Me quedé inmóvil y sentí resurgir el pánico.

Antes de que pudiera protestar se puso  delante de mí y me agarró las manos para ayudar a moverme.

– Cálmate. Te dije que lo haría ningún daño.

Un disparo. Clac. Dos disparos. Clac. Tres disparos. Clic.

La puerta se abre.

Un pequeño grupo de personas vestidas de negro fatídico están fuera. Ellos me  hablan, pero no entiendo nada. Seguro que es una locura.

Sentí como tiraba de mi, agarrándome por las manos y diciéndome que si me daba prisa saldría de esa cueva.

-¿Dónde está la salida? Le pregunté angustiada, mientras veía a lo lejos un haz de luz y le señalaba el lugar.

Pero él me empujo hacia el otro lado fuertemente.

–       Nosotros vamos a otro sitio, más abajo. Dijo con la misma sonrisa.

Quería matarme, estaba claro y si no lo había hecho antes no tardaría en hacerlo porque me había lanzado a un mundo devastado e inhabitable  donde no había aire más que para pocos minutos.

Sentía en ese momento mi cabeza vacía. Entonces, nada,  no había nada. Sólo un agujero negro que me había absorbido.

25 febrero 2010

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Un silencio. Diferente, distinto. Un simple silencio. Todo tan simple y a la vez complejo ¿Por qué? En la distancia no hay viento ¿Dónde estaba? Etéreo. No hay nada,  fue. Un grito. Silencio.

Me contesto el silencio, un silencio diferente. Silencio.

Me respondió mi propia voz  gritando una y otra vez. Y otra vez. ¿De dónde viene el silencio? Pensé.

Me asusté. No hay nada a mi alrededor. O de lo que vi. De lo que sentí. Cerré los ojos, olvidar. Quiero echar lejos mis recuerdos ¿Dónde estoy? Rojo.

Lo vi cuando cerré los ojos. Un castigo. Si. No, no hice nada.

¿La sangre no es así? ¿Dónde estoy? No. Sí. ¿De dónde  viene? ¿Estoy herida?

Este sentimiento. No puedo explicarlo. ! Quiero !

Abro los ojos. No se oye nada ¿Cómo? ¿Cómo pueden las olas del mar no hacer ruido? Ni siquiera un susurro.  Tiene que ser irreal, sólo un mal sueño. No. Si. Fue. Simplemente era.

Me acerqué a él. Y  sin embargo ¿Esto? Y sin embargo me sentía sin vida. Todo estaba muerto ¿Es así la muerte? No. Demuéstralo. No hay gritos infernales, gritos de tormentos. Evidentemente. Reflexioné. Yo lo sabía.

La sangre ¿Venía de la frente? No. Del corazón. Una herida. Me puse la mano allí, la sentí mojada y empecé a retroceder. No podía ser real. No. La sangre.

Me estremecí. Frío. Un temblor sin vida ¿Ruido? Por supuesto que no. Silencio. Lo veo. Doy un paso. Otro. Y otro. Intento ir a un lugar más cercano. Camino. Me muevo para poder continuar.

20 febrero 2010

Confesión

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Terminé de leer el libro y lo dejé encima de la cama. Me había gustado y pensé que esa noche cuando volviese a casa antes de dormirme volvería a leer algunas páginas para fijarlas un poco más en mi mente y adormecerme así, sin tener que pensar en nada.

Me fui al baño y me duche, me sequé el pelo, me hice un moño alto que sujete con unos ganchos afilados y largos. Después me puse mi mejor vestido, uno negro de seda, suave al tacto, ajustado y con un gran escote en la espalda y mis zapatos de tacón, los más altos. Me di un poco de brillo en los labios y me hice una raya fina alrededor de los ojos con un lápiz verde oscuro que hace juego con ellos.

Ya estaba preparada para ir a su cumpleaños. Salí de casa y camine por las calles siempre llenas de gente con el regalo en la mano. No sentía gran cosa, sólo estrés en el corazón, tensión. El miedo estaba en mi garganta. Me sentía un poco mareada. Llegue pronto, como de costumbre y él salió a abrirme la puerta, me acogió con sus brazos abiertos, me abrazó tiernamente y me dio un beso.

Sonaba la música, bailamos, con los nervios destrozados me agarré fuerte a él y le deseé con voz débil “Feliz cumpleaños”. Me beso,  sonó el timbre en la puerta, comenzaba el desfile de invitados. Me puse a controlar las mesas, sillas, las bebidas, los hielos y seguía llegando gente a la que saludar y poner una sonrisa y él en cuanto podía se acercaba, en un suave abrazo me susurraba al oído cosas bonitas o me preguntaba que tal me lo estaba pasando.

Comimos, bebimos, bailamos y seguimos bebiendo y bailando, riendo y yo cuando podía me acurrucaba a su lado para sentir su calor, ese suave aroma a bien estar que emanaba de su cuerpo. Le dieron los regalos y yo preferí guardar el mío para cuando estuviésemos solos, mejor dárselo en la intimidad de su cuarto.

Y la música sonaba, la ponía cualquiera así que era para todos los gustos, cada uno ponía su canción favorita. De repente se apagó la música y alguien propuso un brindis por el homenajeado. Una chica de pelo negro y muy largo lo agarraba por la cintura y lo miraba con ojos de tiburón al acecho pero él me miraba a mi y me sonreía. Todos gritaban y bailaban. Yo sonreía y apoyaba mi cabeza en su hombro, me sentía a gusto, aunque un poco mareada por lo que había bebido. La tensión dentro de mi subía poco a poco , la sangre latía dentro y notaba las palpitaciones de mi corazón cada vez más rápidas. Me apetecía escapar de allí con él, estar en un lugar donde estuviésemos solos por un rato.

No esperé más, para qué. Le susurre al oído con timidez: “¿Podemos ir a algún sitio para estar solos y te doy mi regalo? Él asintió con la cabeza y abandonamos el abarrotado salón destino a su cuarto abrazados y con mi cabeza apoyada en su hombro. Todos miraban, me sentí un poco incómoda.

Entramos en el cuarto y echo llave,  era grande con las paredes pintadas de azul cielo despejado, pósters de sus grupos favoritos en las paredes, su mesa llena papeles, una estantería llena de libros y  cómics, una tele y enchufada a ella la Psp o alguna máquina de esas parecidas. Su portátil encima de la cama, lo quitó de allí y me dijo que veía películas en él tumbado en la cama. Al final se sentó en ella y le dio una palmadita para que me sentase a su lado. Nos besamos un rato y después lo paré y le dije que le quería dar mi regalo. Se lo di y empezó a abrirlo, era torpe y  no conseguía quitar el papel así que le dije que mejor lo haría yo. Lo desenvolví lentamente mientras paraba porque me besaba y seguía desenvolviendo aquel artilugio que tan bien me habían preparado en la tienda. “Espero que te guste” le decía modosamente y el me decía que como no me iba a gustar algo que había elegido yo. Al final conseguí sacar el papel, pero había una caja, desenganché el celo que sujetaba la tapa y nos volvíamos a besar ansiosamente, cada vez con más ganas. Nuestros cuerpos hablaban. Al final saqué su regalo de la caja que venía envuelto en una bolsa de plástico y por fin y se lo enseñé.

“Un cuchillo” me dijo con cara asombrada. “Si, un cuchillo” agarrándolo fuertemente con mi mano. Y en ese mismo momento se lo encaje entre las costillas a la altura del corazón, empezó a salir sangre, me manche las manos y un poco la ropa y el me miraba desencajado, con cara de no creerse lo que le estaba pasando mientras se iba derrumbado encima de la cama como un títere al que le han cortado las cuerdas.

Entonces salí corriendo, con el corazón latiendo y el alma  pesada, llena de confusión. No podía soportar el matar a personas llenas de alegría, cariñosas. Si, lo admito, me resisto a ser lo que soy, una piedra dura y áspera. Me siento terriblemente culpable  y mi reflejo en el espejo me hace pensar en un asesino en serie buscado por la policía de todo el mundo. Lamentablemente no puedo escapar de mi destino, me abruma ver la sangre cuando les clavo el cuchillo. Sé que un día, no soportaré ya toda esta presión, toda  esta matanza gratuita, y entonces, mi único  deseo que un día aparezca alguien más fuerte que yo y me mate ¿Pero cómo encontrarlo? Sería en un sitio lejano y el viaje se me hace difícil y agobiante.

2 febrero 2010

Sábado por la mañana

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Un sábado por la mañana después de una larga noche de copas, bailes y fantasías eróticas ella se despierta, abre los ojos y siente como la luz daña sus pupilas, bosteza cansada, se estira en la cama y ve como la mitad de la ropa yace encima de la alfombra. No recuerda bien que paso esa noche, si se acostó acompañada o sola. Seguramente acompañada porque está desnuda, se rasca, el cuerpo le pica.

Se levanta, se pone una camiseta y unas bragas perdiendo el equilibrio. Tambaleando se dirige al baño ¡Qué lejos queda! Piensa. Escucha con alivio “piss” y  siente como cae caliente, es una sensación dulce.

Tiene la boca seca, coge el cepillo de dientes y le echa pasta, se cepilla. El cepillo va y viene, viene y va. Se enjuaga y se ve en el espejo el rastro de pasta de dientes que se quita con la toalla.

“Café, ¡rápido!” Los pies la arrastran a la cocina, se pone café y derrama parte de la leche fuera de la taza. Enciende la radio y sólo oye cosas sobre la crisis, la tragedia de Haití, el trafico el tiempo y que otra mujer ha sido asesinada en manos de su pareja “¿Por qué pasan estas cosas? ¿Es qué no puede pasar nada bueno?” Piensa.

Analiza el sabor de su boca, nota un gusto  comino, curri. “Tengo que comprar otra pasta de dientes diferente” empieza a tomar el café a sorbos ¡quema!  siente su aroma.  Tenía mucho sueño, tenía que dormir más esa mañana pero de pronto oyó un ruido, un chasquido y sentía como su boca cosquilleaba. No era ni un rumor constante, ni una canción que estuviese tarareando, era otra cosa ¿Podría ser qué tenía un mp3 entre sus dientes? ¡Qué sueño! Necesitaba dormir unas cuantas horas más pero no podía, tenía cosas más importantes que hacer así que se dirigió a la ducha y dejo que cayese el agua caliente primero sobre su cabeza para que lavase esa parte oscura que tenía dentro de ella, esas cosas en las que no debía pensar, después se enjabonó el cuerpo haciendo mucha espuma mientras seguía sintiendo ese chasquido raro dentro de su boca, como si su lengua se moviese sola y quisiera hablar.

Salió de la ducha y se seco con una toalla y con otra limpió el cristal empañado mientras su cara iba apareciendo allí  pensó que estaba horrible, la noche anterior se notaba en su cara “Parece que estoy verde”, con uno de sus dedos tiro del párpado inferior hacia abajo y después saco la lengua mientras ponía cara de asco y miraba con incredulidad. No podía ser aquello que estaba viendo, no era aquella lengua sonrosada lo que veía, era algo  que tenía dos ojos , una boca con el labio de abajo gordo, un tupe en que mas bien parecía la cola de una mofeta, que le producía un poco de arcadas  y eso no era lo peor, aquello cantaba como un borracho.

Su corazón empezó a latir fuertemente, su respiración cada vez era más y más agitada, sentía calor, frío, sudaba el suelo de repente parecía que había desaparecido y sus pies flotaban en el aire hasta que por fin cayó al suelo dándose un golpe con algo y allí se quedo un rato sin sentido.

Se despertó en el frío y húmedo suelo del baño, no sabía donde estaba ni que pasaba pero poco a poco fue recordando y pensó que era algo que había soñado. Pero no, era real, otra vez sintió aquello en su boca. Tenía que hacer algo, llamar a alguien, pero a quién. Sentía que su cuerpo le era ajeno y no lo dominaba, intento levantarse pero se volvió a caer y sus huesos otra vez se aplastaron contra el suelo golpeándose, haciéndose daño, cada esfuerzo que hacía le producían los mismos resultados y cada vez se sentía más agotada. Abrió la boca para gritar y pedir ayuda, quizás alguien la podía oír, algún vecino, cualquiera, pero en lugar de palabras solo salían sonidos raros e ininteligibles, lo que estaba ahí dentro ya no cantaba. El pánico corría por su cuerpo. Un zumbido. Abrió otra vez la boca y se forzó en escuchar. Cualquier cosa que estuviese cantando era como el sonido del Pato Donald, agudizo más y más el oído y su cuerpo tumefacto se levanto torpemente, se acercó a la bañera y abrió el grifo del agua fría, metió debajo la cabeza. Al fin se pudo levantar y miro por todas partes a ver si veía algo que le pudiese servir de algo, encontró unas tijeras pequeñas mientras luchaba contra su cuerpo tembloroso pero no servía de nada. Como pudo metió un pie en la bañera que ya estaba casi llena con el agua fría después metió el otro, se resbalo y cayo de culo dentro haciéndose daño, al final acabo sumergiéndose entera inclinándose hacia atrás hasta que el ultimo de sus largos mechones quedaron sumergidos en el agua helada del invierno.     Se estremeció por completo, cada vez temblaba con más fuerza. Su cabeza trataba de dar sentido a lo que estaba sucediendo, se sentía como si estuviese drogada. El invasor había tomado su cuerpo y la mayor parte de su cabeza. Su mente flotaba, una escala de grises- hombre dentro de ella que de pronto salió y se sentó al borde de la bañera, iba vestido con una camiseta negra, vieja, rota. Vio en él la figura de un fracaso.

“Hola, ¿Estás cansada? ¿Agotada? Decaída? ¿Resaca?”, le dijo mientras le tendía caramelos de una pequeña caja de metal rojo. “Esto es todo lo que te voy a dar, tomas una o dos cada mañana y te elevaras y brillaras”

Y empezó a cantar una canción “It doesn’t matter what I say
So long as I sing with inflection
That makes you feel I’ll convey
Some inner truth or vast reflection
But I’ve said nothing so far
And I can keep it up for as long as it takes….” Esa canción donde los tonos altos se perdían en el infinito.

El aturdimiento le volvió a alcanzar y ella se sumergió aún más en el agua, el agua que le entraba en la nariz intentaba expulsarla fuera mientras su brazo salía fuera agarrando la tijera y clavándosela en el vientre con todas sus fuerzas. La sangre bajaba caliente mientras miles de ojos quedaron mirando a su alrededor.
Ya no tenía aquella sensación rara en la boca.

26 enero 2010

El baño

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Esa noche no podía dormir en mi cuarto, estaba segura que estaba llena de bichos, cucarachas, arañas, moscas, mosquitos … ratones suaves y mojados. Mis pies eran más silenciosos que los besos, pero besar no era algo que tuviese en la cabeza en ese momento.  Mejor dormir en el salón, en el sofá con una manta aunque era incomodo y se le clavaban en la espalda los listones de madera que sujetaban los cojines. Sentía un algo de consuelo en dormir de esa forma tan espartana, no era más que un auto- castigo que aliviaba mi alma y me dejaba meterme en mis sueños.

Me despertó de pronto un ruido, ruido acompasado, glub, glub, glub, gotas de agua. ¿Hay goteras en el techo? Encendí la luz y vi que no, allí estaba todo normal. No, no llovía además, la noche era totalmente tranquila, silenciosa, podía oír el silbido tenue de la electricidad estática de la tela del sofá en mis oídos. Entonces me di cuenta que eran gotas de agua que se oían en el baño.

¿Hay alguien ahí? Pregunte con una voz poco creíble. Después de decirlo me sentí un poco tonta. No hay nadie, no puede haber nadie, estoy sola en casa. Nadie va a volver. Me levanté a cerrar el grifo para que dejara de molestarme. Entre en el cuarto de baño y encendí la luz, vi que toda mi ropa estaba tirada dentro de la bañera y yo la había dejado colgada en la percha. Estaba toda mojada, los calcetines, la camiseta,  bragas y todo se había vuelto de un solo color, rojo  como la sangre, rojo como los  pantalones. Distinguí también algo marrón, grande que se movía y que en ese momento no conseguía identificar. Era un bicho. Al fin supe lo que era,  una rata enorme, inmensa, peluda y fea que me miraba con cara de pocos amigos o mejor dicho, con furia.

No podía subir por el resbaladizo y pendiente esmalte de la bañera, no podía saltar porque había demasiada agua y la profundidad no le dejaba encontrar la base para poder impulsarse hacia arriba. Nadaba y nadaba buscando apoyo emitiendo débiles sonidos.  ¿Pero y si al final podía saltar? Dicen que las ratas son muy listas ¿Y si me salta a la cara? Seguro que puede ¿Si me salta a la cara?

Lo primero que se me ocurrió coger fue una toalla y con toda mi fuerza arremetí contra ella con todas mis fuerzas la toalla se deslizo por el agua y volvió a subir, repetí esto varias veces pero la rata seguía nadando dentro de la bañera. Intentando salir de allí, dando saltos cada vez más altos. La toalla cada vez pesaba más y más me costaba dominarla por que estaba empapada  de agua que se  desprendía por todo el baño.

Necesito otra cosa, algo. Me decía a mi misma. Fui a la cocina y allí encontré la escoba. Volví al baño y cuando llegue vi que la rata de un salto conseguía salir de allí, corría por el suelo hacia donde yo estaba. Me defendí con el palo de la escoba pero aún así no pude evitar su ataque, me clavo sus dientes en la pierna. Empezó a salir sangre, y seguía mordiendo mientras yo intentaba defenderme con la escoba y la rata cada vez era más y más grande.

Por fin la rata se dio cuenta que yo ya estaba muerta, había muerto hacia algún tiempo. Solo quedaba el esqueleto. La rata se fue no sé dónde, la vi salir por la puerta de la terraza, supongo que iría a buscar a otras  victima.

Yo me sentí tranquila, me puse un café negro, cargado y me lo bebí lentamente. Pensé en telefonear a alguien para contar lo que me había pasado pero no lo hice. Era tarde para hacerlo, las tres de la madrugada, buena hora para salir a tomarse una copa ¿Pero a dónde iba yo con esas pintas? Sólo huesos, toda la ropa me quedaba grande, parecía prestada, poco favorecedora.

20 enero 2010

Lluvia y fuego

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Hay días en que el terrible destino se confabula contra mí con arrogancia.

Lluvia. En tan solo un poco de tiempo me he dado cuenta de mi horrible condición, había experimentado, imaginado, pensado, soñado todo. Siempre que llueve me pongo esos zapatos finos que llaman “bailarinas” y ¡claro! Los pies se me empapan y los calcetines chorrean agua. Pero es una tragedia que se repite con alarmante regularidad.

Y entonces hay una crisis. Entonces el sueño. Ansiedad de las esperas,  deseo  del último beso.  Y después quiero soñar que mañana quizás voy a la ciudad de la fantasía, y quien sabe, tal vez me quedo allí toda la vida. Fantasía. Mi flequillo para mi sorpresa se ha rizado y se  me han roto dos horquillas en dos días.

Grito.

Va y viene, pero debería estar aquí y me deja sin aliento, como si fuera ayer. Ayer. Ayer jugué  todavía con las muñecas. Hoy ya no jugaré más. Y escucho un ruido, me sobresalto y me levanto de la cama pero al mirar por la ventana no hay nadie. Sólo una muñeca colgada de una farola que tiene la luz apagada. Rápidamente miro el reloj, ese que no da las horas pero que hace que pase el tiempo más lento. Es la 1,30. Lo curioso es que siento que algo me duele y mi sangre parece que es como el fuego, me quema dentro.

Mañana, es mi mejor excusa. Pero el tiempo no me respeta. Me vuelvo a la cama, me tapo con las sábanas intentando construir un refugio y me  tapo hasta la cabeza. Intento dormir sin hacer nada pero algo me invade ¿Será pena?

4 enero 2010

Feliz Año

Ante todo FELIZ AÑO  para todos los que leáis esto.

No sé bien que hago escribiendo aquí si estoy muerta. Pero si, escribo ¡puedo! ¿Lo ves? ¿Puedes leerme? Dime que si, porfi.
Lo bueno que tiene esto de estar muerta es que posiblemente lo que escriba no lo leerá nadie, o puede que si, quién sabe, sólo es una forma de comunicarme con el exterior o con mi interior de cuando aún vivía.  Me servirá para decir lo que me sale de los webos. Mmm vale, vale que soy una tía y no tengo webos, pues entonces lo que me sale de las tetas ¿mejor? Y no es que haya muerto y resucitado contigo a mi lado, ni lejos ni cerca ni en ningún lado como esa canción creo que era de los Secretos o de los Rodríguez, qué importa. Si, de los Secretos, eran esas canciones que escuchaba en el coche con matrícula guiri y me confundían o confundía a la gente,  las oíamos a todo volumen cuando nos llevaban y recogían del colegio. Las confundo,  siempre me ha encantado confundir las cosas, lo confundo todo pero ya no importa nada si estoy muerta y  me siento de puta madre, soy feliz como una perdiz o mejor porque queda más poético y cursi decir que soy feliz como esa estrella que brilla allí en el firmamento a lo lejos sin que se sienta atraída por ningún agujero negro o como un rayo cósmico procedente de fuera del sistema solar que son mucho más enérgicos  aunque también mucho más raros. La fusión de una enana blanca  y  un agujero negro puede ser una fuente de estos rayos, y estas fusiones  pueden producir lo suficiente para ser la fuente más importante de estas partículas energéticas.  En la ultima película de Woody Alen ” Si la cosa funciona” creo que se titulaba y me habría gustado verla en VOS y que por cierto me molo,  pero por que es como todas sus películas, una serie de diálogos inteligentes, un  guión perfecto y una gran historia sin persecuciones de coches, ni batallas, ni muertos y casquería gratuita que hacen que me tape los ojos y no vea nada. Si, ya sé, no es más que una película. bueno que me voy por las ramas, de esa película me llamo la atención sobre todo una frase que se me ha quedado grabada ” cuando sacas toda la pasta de dientes del tubo ya no la puedes volver a meter” Y así es. Y como estoy muerta puede que un día escondido o agazapado te dé curiosidad y leas esto o quizás no ¿Para qué? a los muertos mejor dejarlos tranquilos. Joee que dramática me pongo, pero es lo que quiero aunque no lo siento, no siento nada como los muertos, ni siquiera esa noche en la que iba como en una nebulosa rosa y es que ya me habían dicho que no era bueno mezclar el champan con otras cosas y entonces me vinieron los lapsus o uno solo que me duro una o quizás dos horas o tres en las que no me acuerdo lo que hice, solo que iba enganchada a un tipo del que entonces pensé que me podía enamorar de él perdidamente ¡qué ilusa!  y que al día siguiente ya no me acordaba ni lo reconocí, pensando que era un extraño que se nos había acoplado y que según me contaron las malas lenguas. Aquella noche se me acerco cuando esperábamos al búho un tío alto, delgado y moreno y me dio dos besos, hablamos un rato y por lo visto me reí mucho pero joeee, tampoco me acuerdo de nada, nada, nada. Y es eso, que sigo muerta y se olvidan las cosas, se me olvida todo de un momento para otro, estoy en esa nebulosa simpática en la que me sorprendo porque  los rabinos que dicen que los abortos en el país “retrasan la llegada del Mesías”
Y me pregunto ¿Y si nada funciona?

19 diciembre 2009

Una tragedia pero no tanto

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Venía  paseando por la calle tranquila después de haber hecho la compra en el supermercado, la leche pesaba y quizás había comprado demasiada pasta y patatas. Seguro que se me había olvidado algo, pero no importaba yo seguía  sumida en mis pensamientos, pensando en ti, preguntándome miles de cosas sin sentido o con él quizás y de fondo la banda sonora de mi vida puesta en la orejas cuando de pronto he oído un gran estruendo y pensé que se estaba viniendo el mundo abajo, no entendía nada. Noté  un fuerte golpe en mi cabeza primero, luego sobre mis hombros, en mi cuerpo.   Me di cuenta que por donde pasaba en ese instante, debajo de un edificio de ladrillos oscuros se habían caído todos los balcones haciendo el efecto dominó y uno o varios de esos cascotes habían caído sobre mi empujándome hacía abajo, al  suelo. Caída sobre mi espalda, cubierta de escombros y polvo con los ojos abiertos y de la boca saliéndome un hilo rojo, oscuro, denso. Estaba muerta. Enseguida oí gritos de la gente, vi como corrían a un lado y a otro. Una chica morena de pelo largo que creo que conocía se acerco a mi gritando y llamándome por mi nombre pero yo ya no sabía quien era. Ya no importaba. Vi gente que salía de las tiendas allí cercanas para ver que pasaba, todo el mundo hablaba a la vez, se quejaban de que el edificio estaba en mal estado y que el accidente era previsible. Yo los veía, los oía pero no me importaba ya lo que decían y me di otra vez cuenta de que estaba muerta, me había tomado un tiempo darme cuenta, no fue algo instantáneo, morir es algo que necesita tiempo para asentarse en la cabeza, no es fácil entenderlo ni acostumbrarte a ello. No es fácil en absoluto.  Y seguía allí tirada en la acera en medio del caos  de gente que iba y venía y sonaban sirenas a lo lejos primero, después cada vez más cerca. Me di cuenta que mi ipod ya no estaba en su sitio, había desaparecido y ya no oía la banda sonora de mi vida. Entonces pensé en ti, en mi familia, en mis amigos,  en esas cosas que me quedan por hacer. Sobretodo en esa cosa que deseo tanto, pero no importa, viviré mi otra vida algún día. Todo lo que tengo que hacer es pensar y recordar, hasta que venga a mi mente que estoy muerta.  Lo mejor es que muerta me siento muy bien, estoy feliz. Sensación extraña. Creo que empiezo a olvidarlo todo, tantas cosas que hacían que mi cara a veces cambiase la sonrisa a un mohín triste, raro. Cosas que quería olvidar pero no podía o no quería, que hacían daño, mucho daño, cosas que escondía, secretos del alma que  y ahora veo que se van desvaneciendo en mi cerebro. Cuando estaba viva nunca había pensado que había detrás de la muerte y entonces lloré mucho.
Perdón, no debería quizás jugar con estas cosas, pero siempre se ha escrito sobre la muerte.

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