Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

26 junio 2010

A veces somos idiotas

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Hasta hace algún tiempo, no mucho quizás unos meses estuve alimentando a un monstruo dentro de mi y esto duro varios años.

Durante años estuve encandilada , sólo tenía una preocupación: gustarle, sorprenderlo, impresionarlo, convertirme en no sé qué para  estuviese orgulloso de mi.

A veces, no sé bien porque motivos o razones las personas no volvemos estúpidas, irracionales. Cuando nos apasionamos nos volvemos cretinos y me refiero sólo a ese tipo de pasión, no a la que siente un científico por ejemplo cuando investiga. Quiero decir con esto que todo lo sentimental es necio, ñoño. No se puede explicar con razones.

Ya se me ha olvidado cuantos años  o eso tampoco importa mucho. Y esta verificación del hecho no  es  hoy nada triste.  Esto me demuestra sólo que cuando me alejo de lo que me hacía daño,  de aquello que algún día pensé que quería se vuelve borroso o inexistente y que no fueron más que fantasías de niña tonta y caprichosa. No, ya no duele, ya no queda nada, ni siquiera rencor ni odio ¿Por qué iba a sentir esto? Sólo queda indiferencia, el más absoluto  desinterés y desafecto.  No, no hay ningún resentimiento porque este me llevaría a lo frívolo y a la infelicidad malgastando un tiempo que no merece  la pena.

Miro aquellos tiempos con una mirada fría, helada. Como los tiempos en que él lo hacía, me miraba así,  y yo no me daba cuenta porque estaba equivocada o ciega. Yo miraba el cielo, las estrellas y él no me miraba ni a los ojos. Me doy cuenta que es así, se acabo todo  y ya no lo puedo cambiar ¿Seré yo la que he cambiado? Tal vez si, y creo que mucho. Y es que no todas las personas somos iguales, unas somos más estúpidas que otras.

Así que se terminó y no voy a hacer ni un esfuerzo por cambiar nada. Para qué.  Se acabó del todo. No merece la pena ¿Qué siento ahora? No lo sé, ¿quizás asco o rabia? No, tampoco. Nada. Tenía ganas de escribir esto, escribirlo sintiéndolo de verdad. Hoy por fin lo siento. Y si, he cambiado. Me he convertido en algo más dura con una coraza interna mucho más difícil de romper ¿En qué me he convertido? ¿Será que me he vuelto un poco más loca? Me encanta sentir la emoción que me trasmiten las películas. Sentirme feliz, con la sonrisa permanente, seguir siendo hiperactiva y no ahogarme, respirar tranquila. Aunque sea como tu me llamas: Agonicawoman. Y no sé si quiero volverme estúpida otra vez o quizás ya lo soy o lo estoy.

16 mayo 2010

Es un farsante

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Habíamos terminado el ritual de saludo que enviamos al mundo, se abrió por los destellos. Yo estaba sola con la luna y la nieve. Cuando lo conocí por primera vez me subyugaron sus palabras, me quedaba con la boca abierta de admiración mezclada con una gran sonrisa unas veces y otras con grandes carcajadas. Me deje encantar por él como si de un mago del bosque se tratase en medio de una noche clara.

Porque la vida no es un desfile de procesiones de sueños o  victorias coronadas con crema batida y  champán ni de galletas que ponen brillo al  hielo.

Un día, o puede que una semana, quizás unos pocos meses los mecanismos de rescate de las brujas se evaporaron en el halo de los copos de silencio. Con su pasión y su calor había inundado muchos ratos de mi vida. Me encantaba el tono de su conversación la forma en que sentía que tendía sus brazos hacia mi. La vida también es real. Era una especie de samurai que lucha con espadas y se contornea con  técnicas secretas capaces de matar a un hombre de repente.

Al parecer,  venía envuelto en una burbuja de desinterés color morado oscuro en todo lo que no es de lujo pomposo y socialmente visible bajo un  neón impertinente.

Pero en realidad era un farsante, un mentiroso o no sé como llamarlo, quizás un falso. Cuando la ilusión puso fin,  la luz oblicua fue filtrada a través del polvo de mi cuarto y así acabó todo. Al llegar a conocerlo mejor, su presencia se cambió en presunción y su gracia no hace nada más que demostrar su suficiencia, su egoísmo.

Si, en realidad me he dado cuenta que es un farsante, no dice lo que siente o lo que piensa. O mejor dicho, es falso todo  lo que dice y no dice lo que piensa, engaña con palabras bonitas y huecas. Expresiones seductoras  que no son ciertas. Lo adorna todo con bellas metáforas que parecen indudables.

Eran  días en que la vida era como una caja de bombones, excepto que cuando probaba el primero y me daba cuenta de que dentro tenía un licor amargo. Aunque en el el paquete había otros que estaban llenos de praline con trocitos de nuez.

Descendía en llamas como la mayor  belleza del mundo y negaba el más mínimo intento de que me aproximase. Es imposible llegar a la comprensión, el encanto o el interés. Pensamientos dispersados, quemados, arrojados al cielo con la esperanza de ser mejor que cuando escuchaba  susurros en mi  corazón. Sus pasiones  tan sólo servían para dorar la imagen que tienen los demás de su vida. Pero no me daba cuenta.

No hay  cautividad  con alguien que empuja las barreras, que quiere aferrarse a las muñecas o los tobillos.

Evito el remordimiento, la ansiedad, las quejas y las ráfagas de las preguntas inútiles, las imágenes fantasmas y los retornos de vacío que cuelgan de los fondos que no están conectados a nada ni a nadie visible, destruido a causa de una palabra todas las pasiones frágiles

A pesar de que frustra el amor y el afecto. Es el mayor aguafiestas que he conocido.

Tengo que hacer un ejercicio de extrema negación de mi misma, a punto de estallar y lanzar el resentimiento que provoca en mí, no  lastimarlo y dar a conocer todo lo que despierta la ira, la incomprensión y disgusto.

Si lo hiciera, habría ganado. Está fuera de dudas  Es un reto, una batalla constante y un misterio.

24 marzo 2010

Haciendo. Deshaciendo.

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O no quedará nada.

¡Todavía puede arder París!  No, fue Roma lo que ardió, la incendió Nerón, o eso dice la historia. A saber, porque yo creo que los historiadores a veces se inventan las cosas ¿No? O ¿Si? Ya no me creo nada de lo que me cuentan, eso me pasa  por ser golosa, me ponen un steak tartare delante y me entrego con pasión desenfrenada y lascivia. Si, bueno, y no  me conformo sólo con eso,  la mayoría de las veces quiero también postre y es o eso, o ser cortesana, una de dos. O me toca fregar los platos y después tengo que guardar los huesos del pollo asado para hacer una sopa para la noche. Si, como en el autobús, la pizzeria, el choni ese 
francés o italiano que vivía con los vecinos, el flipao, el porreta… En que, desde mi poca para unas cosas o mucha para otras, digo que a la persona que le gusta tener miedo no superará nada. Si eres rebelde lo más fácil es que te claves muchas espinas de las rosas esas que me producen mil estornudos, pero ¿quién ha dicho que la vida sea fácil o divertida? Y es fácil que tenga miedo, pero no por ello seré una cobarde. Al toro por los cuernos ¡pobre animal! es mejor sentir temor, y respetar a los demás por ello. Ver en todo lo positivo y pensar como sería si tuviésemos que llevar la cara tapada como las afganas u otras musulmanas. No tendría que gastar dinero en ropa, ni lavarme todos los días el pelo. Y seguro que nadie me diría “Niña, estas muy flaca”, no me lo apreciarían o me metería relleno y no se notaría. Y eso de ser mujer objeto ¡nada! ¡nada de nada! “La ventaja, la comodidad y el letargo”¡Qué miedo dan y cuánto acechan! Yo creo que he mutado, cada vez que oigo algo de este tipo mis orejas se convierten en branquias. Hoy me dormiré con la “Piel fría”  la historia de esa isla en la que acechan todas las noches esos monstruos que se quieren comer al protagonista. el mejor de los tiempos, el peor de ellos. La edad de la tontería o de la gilipollez. Creer o no creerte, ya no te creo y se acabo la temporada de la luz pero tampoco llego la de la oscuridad, sólo es que se acabó, se terminó entre la necesidad de sobrevivir y la preocupación por unos zapatos rojos mojados por la lluvia.

¿Por qué teniendo  suficiente aire me ahogo? antes prefería soñar… ahora no lo sé, todo está del revés y aún así luce el sol. Con astucia se amordaza  el miedo y el  infortunio se convierta en mi mejor arma “Amando el desengaño” Mi chico favorito no sabe que escribo, no sabe nada y no es que me de miedo que lea, me da vergüenza. Quizás nunca lo llegue a saber o quizás si porque se acabó la historia de aquel fantasma. Con lo bonito que era salir a la luz de día y recogerse de madrugada, llegar al  amanecer y sin hombre de la mano, inmersa en el arte de hacer y deshacer una y otra vez sin limitaciones de tiempo ni preocupación por los resultados. Llegar con resaca y cuando te levantas sentirte morir. Ya no bebo ni fumo porros,  no tomaré esa cerveza, ni ese piti para reírme.  Ya no quiero. Me divierto igual sin nada de esto, sin dejar de ser una prioridad y multiplicando alas, cambiado branquias por pulmones, originando miles de ojos. Las cosas así carecen de una explicación racional, me  gustaba jugar con mariposas, pero cada vez que la  cazaba  se moría.

Y no arderá París, es una película antigua de Clement, el guión de Coppola y algunos más, basada en la novela de Dominique LaPierre y Larry Collins que no es muy buena pero sirve para ver en el sofá tapada con una manta mientras fuera hace frío y aprender como no se deben hacer escenas chapuceras como cosas espectaculares, el barrido con la cámara al parís de los años sesenta. Siempre nos quedará París, como en Casablanca.

27 octubre 2009

Olvidar o no

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Quiero. Lo mejor sería poder olvidar, sólo seguir adelante sin recuerdos. Pero no sé  que me lo impide.

Olvidar no es una respuesta automática, es un ejercicio de la mente más bien. No podemos decirnos a  nosotros mismos “quiero olvidar” y como cuando das a la tecla suprimir se borra todo. No. Los recuerdos están ahí y vienen a nuestra mente produciendo una especie de montaña rusa en nuestro ánimo.
Memoria sensorial, es la forma en que te besaría. Un beso. No, mil besos.
Recuerdos alarmantes como cuando inesperadamente un tío me persigue con gafas de sol aunque la niebla es densa y me lleva por un camino donde no quiero y produce un fuego como el del infierno. Recuerdos que no son míos pero que los viví en aquel vagón del metro.  Recuerdos de un cuarto en un hotel. Memoria falsa.
Y si, quiero olvidar, no tener recuerdos. Pero al final sólo tengo mil preguntas sin respuesta. Quiero saber qué pasa y por qué.  No solo quiero saber sobre mi misma, aunque no me entiendo muy bien y posiblemente algunas respuestas estén ahí.
Quiero saber de ti también.   ¿Dónde estas? ¿Qué haces? ¿Tienes problemas? ¿Qué sueñas por la noche? ¿Qué hay en tu cabeza? O no, mejor no saber nada. Mejor olvidar.
Eres parte de cómo soy. Permaneces en la química de mi cerebro y la razón por la que he huido de las multitudes, de esos bares oscuros llenos de gente y de humo en donde no podía controlar nada y me ponía nerviosa. Tienes las llaves de la incapacidad de confiar completamente en mi, de mis sentimientos de inseguridad, de la manera que te daría un beso.
El pasado da luz a mi falta de tacto, mi necesidad de silencio, mi manera de pensar. Produce en mi exigencias y para los demás que me rodean.
El pasado, en parte, me recuerda a ti.
La vida podría ser diferente, podría haber continuado. Sin el pasado el futuro  tiene falta de deseo. Quiero un futuro diferente o no lo quiero, me contradigo como siempre.  Pero creo que voy ha hacer tic tac con mi corazón. Voy a meter el pasado en un pequeño punto de él, lo sostendré muy cariñosamente, estrechamente. Y cuando el pasado consiga sorprenderme con una golosina lo miraré con curiosidad y le preguntaré el sentido que tiene todo y después quizás lo mande a la papelera otra vez.
Y si esto me golpea la cabeza, me produce confusión, trataré de meterlo dentro también. Eso, mi cabeza mejor estará metida en esa caja de cartón si no olvido.

8 mayo 2009

Borde

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Hoy me he regalado un libro, me he permitido el lujo y no me importa que el dinero no me llegue a final de mes y no pueda comer, el pan es barato y dicen que comiendo miga crecen las tetas ¿No? Aunque me importa una mierda tener más o menos tetas, estoy harta de que muchos tíos en vez de mirarte a los ojos o por lo menos a la cara las miren a ellas ¿Acaso son ellas las que hablan, son ellas las qué dicen algo? NO.  Me he hecho el regalito porque estoy de mal humor y discuto con todo el mundo. Si, estoy borde y ¿qué? Tampoco le importa a nadie.
El libro se llama “La piedra de la paciencia”, estuve en una librería perdiendo el tiempo como algunos dirían, perdiendo tiempo, tiempo importante para algunos de hacer otras cosas importantes según ellos ¿No cumplo siempre con los plazos? Si o si, así que ¡a callar! que con mi tiempo hago lo que quiero.
Compré ese libro porque me gustó lo que decía en la contraportada: “En la mitología persa, sangue sabur, «la piedra de la paciencia», es una piedra mágica a la que uno le cuenta sus desgracias, sus sufrimientos, sus miserias, para confiarle todo lo que no nos atrevemos a revelar a los demás. La piedra escucha, absorbe como una esponja todas las palabras, todos los secretos, hasta que un buen día explota. Y ese día, uno queda liberado”
Y pensé enseguida que a mi me gustaría tener esa piedra, a veces le cuento a alguien lo que me pasa y siento a veces me libero, pero sé que esa piedra, si por que es una piedra no explotará como es evidente, pero bueno esto no importa si fuese así sería magia y yo no creo en ella ¿Será por eso qué no explota?  A veces la piedra no está, pero tampoco pasa nada, o si está. Si, siempre está ahí. Eso lo sé aunque no tenga ratos muertos. Todos los argumentos me parecen ridículos, todas sus historias me parecen absurdas.  sólo  escupo palabras sin sentido  pero es que estoy tremendamente enfadada. Me dan ganas de gritar, gritar, gritar, gritar, gritar,  gritar y explotar, echar fuera toda la mierda que llevo dentro.
Y está rabieta parece más bien algo de mis reminiscencias de adolescencia, algo de la edad del pavo ¿No? Dicen que no la tuve, será que por eso la tengo ahora. Y si, soy feliz estando borde, siendo borde me realizo. Por qué ser la niña tonta con la sonrisa siempre en la boca, por que no enfadarme nunca y por qué sentirme mal si chillo cuando me despiertan a las 3 de la mañana.
Por qué tener que creerme todo lo que me dicen o por qué no decir que no quiero. Y ahora soy más feliz que antes, si. Y claro que podría ser más feliz todavía, pero prefiero quedarme con lo feliz que soy por lo que tengo y por estar borde o serlo y no lo feliz que dejo de ser por lo que me falta. Mi felicidad no depende de  nadie, yo sola me valgo para tener mis días bordes o gilipollas y los que influyen son otros, estos que están pero que era mejor que no estuviesen o los que me dicen que es lo que tengo que hacer y lo que tengo que dejar de hacer.

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