Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

22 junio 2010

Shiii, calla tonto!!!!!!!!!!

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Deja de susurrarme cosas al oído que me las creo

Cuando quiera un poco de silencio como la mejor canción que tocan  en la esquina, como una banda que se forma en el camino de mi pensamiento.  Me gusta hacer ruido aporreando el suelo, deslizando o patinando con las manos, dando saltos en la cama o andando de puntillas como una bailarina.

Cada sonido, cada camino es cubierto  de acontecimientos y  notas que diluyen la razón, la mejor forma de anular cualquier reflexión y poder sonreír. Tonos silenciados, silencios que no se escuchan. Ojos que no prestan atención a  miradas. Aislamiento que no permite preguntar ni ver más  allá de uno mismo.

Pero no, no me importa querida música, me di cuenta de que la intensidad del  tono y el sonido viene dada por la volumen de mi cabeza, escuchar, entender. Investigo  cualquier forma de pasar o deslizarme por el suelo. Pongo las piernas cruzadas piso con fuerza. Levanto una  pierna, después la otra y le pego una patada a algún pobre bicho que descubro en el suelo, siempre descalza. Puedo determinar el volumen de la audiencia y confiar en que  como  es casi tenue, casi imperceptible, apenas se puede oír, porque la fuerza de mi voluntad es mucho mayor que la frecuencia de las notas, no se puede involucrar la partitura,  no estoy en mi, do, re. Corte imperante que reproduce una y otra vez el retraimiento, ocioso de significados, significantes, expresiones y sentidos. No hay sonido, no hay canto  ni  composición. A veces no hay mejor sonido que este silencio que me puede hacer entender lo que esta fuera de tono. Y me doy golpes en la pared con mi cabeza una y otra vez, me choco con las puertas. Apago y enciendo luces. Silencio. Soy la dueña de los sonidos, melodías, sinfonías, operas y operetas. Me encanta el ruido de mi silla  cuando me muevo, un día acabaré en el suelo. No quiero vivir en silencio para no oír los ruidos de mi cabeza.

12 junio 2010

Quiero que juguemos con los dedos cruzados

Desastre evitado. ¿Es la primavera?  Yo tenía la impresión de que era primavera ahora.

El sol está detrás de un muro gris de nubes grandes. Tengo que despertar. Escalofrío y medio dormida no es una buena mirada y yo no quiero asustar  otra vez.

Cuando me voy, de donde vengo ¿Por qué están mojados? Vamos, no es difícil de entender. Lloviendo. La lluvia es la lluvia. Entro allí  ¿Y después?  Luego, nada más. Sigo un camino. ¿Por qué chapoteo en el lodo? Por que me gusta. Me gustaría que hubiese calefacción,  estoy temblando. Tengo mucho frío. Y la lluvia, la lluvia me hace reír. Me río de todo, todo. Si tengo lágrimas en el bolsillo las tiro por una alcantarilla y me voy  a casa, será mejor que llorar, contigo me río. Pero déjame, déjame, déjame estar a tu lado. No quiero oír nada, sólo el golpe de la gota de agua al caer y no el flujo de sangre, la sangre en las venas. Sigo mi camino. Es una locura.  Pero prefiero ver el color del baile del agua de lluvia ¿Quién dijo que los colores se desvanecen cuando llueve? Amarillo y verde, azul, rojo y morado, negro se reúnen  con sus pequeñas destrezas y llenan el mundo de  felicidad y  belleza.  lo  exponen  como nunca lo hubieran hecho, y en algún lugar, detrás de las nubes, el sol . Pensé que la primavera era el antes del verano. Debo estar equivocada.

Los colores están en todas partes ahora,  llamando en   las ventanas. En el parque donde nos abrazamos y nos besamos. Es la razón del hundimiento del toldo o  una sombrilla. En casa, ellos son los que me escuchan, los colores atrevidos. El color del mundo. Tu color, mi color. Gracias  a la lluvia, que cuando toca mi cuerpo  siento  frío pero veo que pueden llegar al corazón.

Abre tus ojos y mira. Abre tu corazón y escúchame. Huele. Vívelo. Recuerda. Es un bonito día de lluvia. Al igual que una canción de piano, se podía escuchar todo el día el sonido de las gotas chocar contra el cristal, contra el suelo, en mi piel o en la tuya desnudos en la cama y abrazados. Y ¿por qué no hacerlo?  Me pongo mi impermeable  azul, zapatos, no me hace falta el paraguas. No, no ahora. Bailar bajo la lluvia . Siente mil  gotas de lluvia sobre mi cuerpo.  Encontrándote a mi lado y bailando conmigo. Sonreiré, seré la persona más feliz en la tierra. Danza. Tener ahora la alegría de las gotas de lluvia y desprendiendo pensamientos en mi mente y llenando de  sentimientos mi  corazón.

Y cuando la noche llega,  las estrellas diminutas comparten su brillo, dejándole bajó sobre un rayo de nueva luna y color la lluvia. Y luego la mañana viene.

Cualquiera que diga el sol trae la felicidad nunca ha bailado bajo la lluvia.

30 marzo 2010

Locuras o sueños

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Pensé en Nueva York. En Praga. En La Habana. Meterme en un avión que me llevase lejos de este sitio. Me imagine en París. Arrebatada por la idea de vivir en otro lado, otra vida y escapar del lugar ese donde todos son tan frikis como yo,  me quede dormida viendo el Señor de los anillos, de la saga de George Lucas sólo he visto película y media y únicamente he jugado al rol cuando me veo obligada por las circunstancias. Bloqueo de sentimientos.  De manera provocada y a conciencia  me bloqueo mentalmente, en ese bloqueo disfruto y  siento muchas cosas ¿Quieres saber qué? No te lo diré.   Oye pájaro ¿qué haces, dónde vuelas? ¡Mira qué no verte, tiene delito! Hace mucho que no sé de ti.  ¿Tienes novia? ¿Te haces pajas? ¿Sales a menudo? ¿Perfume o colonia? ¡Cuéntame!

En Nueva York. En Madrid. Ni una sola vez me vi paseando por las avenidas, contemplando el mar sentada sobre la arena, rallándome  encima de una roca o al pie de un acantilado. Tenía cuentas que ajustar conmigo misma.

Era la distinción de esa tipografía, la procacidad y elegancia de sus contornos. La confusión del autor al crearla y la sutileza del espectador al elegirla. Ese fondo rojo con esa palabra en verde  simbolizaba el esplendor de lo escueto, de lo sobrio. Se exponía la limpieza del autor y el saber del diseñador. De quién era  ese momento. No sé de quien es esta frase “Nos enamoramos cuando sobre otra persona nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones” y quizás sea verdad pero todavía no lo sé. No es que llame a mis novios tontos aunque   uno de ellos me llamo “Desperada” delante de su amigo, eso  tuvo su gracia porque prefería al amigo. Me refiero a que todos nuestros actos creativos formulan  lo que tenemos en la  conciencia, quiénes somos en ese momento, en un sentido profundo.

No es viable huir de si mismo. Ya podía subir a  todos los trenes y cansarme de ver campos,  a los aviones y remontar  las nubes,  en barcos atravesando océanos y meciéndome con el movimiento de las olas, allí donde fuera llevaría a cuestas esa cosa rebelde que destila  irritación y ahogo. Dando una y mil vueltas hasta que destrozo lo hecho y me quedo sin nada.  Pero estaba harta de desmenuzar mis pensamientos en un  rincón de mi habitación. Cuando la pasión te encandila suceden cosas extraordinarias. Tenía que irme. Donde fuera. A cualquier sitio.  Lejos. Cómo quedarse sin nada. Son esos momentos en los que desearías que el CTRL+ X  durará desde que inicias el programa.  Quiero un ctrl+X para  toda la vida  o irme al pueblo de al lado. Eso no es lo  importante. Debería   irme a otro sitio. No importa donde.
Volví a casa . Al bonito barrio donde vivo y  puede que pretendiese  volver el tiempo atrás, a aquellos años del colegio o del instituto y después ya sabiendo lo que sé que es muy poco, volver al presente ya aclarado  todo el cuerpo y el alma y con todas las opciones  nuevas para no malgastarlas.

Parece  ser que la ansiedad es compañera de la creatividad. O dicho de otra manera:”La ansiedad es insoportable”. Sólo espero que dure siempre  porque te
recuerdo que un pringado de discoteca en Holywood no es un ingeniero, ni artista contemporáneo, ni tampoco diseñador de renombre. Pero  no me voy a poner a hablar de porteros, hoy no toca creo. Me como tu amor y cago en el infierno.  El beso que me soplas huele alcohol del malo. Di vueltas por la ciudad. De vez en cuando  es bueno enloquecer de deseo por alguien y sentir que ese alguien siente lo mismo.

17 marzo 2010

Y pediré un deseo. Deseo que tengas corazón

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Todo está apagado, he oído un ruido en el otro cuarto, pero  ahora todo está tranquilo en el piso, excepto el tic-tac de un  reloj y el zumbido del frigorífico. No soy una veleta, no soy la clase de chica que cambia de opinión como la ropa interior, pero ya nunca sabrás lo que realmente pienso, ni que siento. Mi cuarto sólo está iluminado por la lámpara de color amarillo que está en frente de la ventana y acabo de darme una ducha de invierno con agua muy caliente. Veo por la ventana la del vecino ahí siempre asomado que me debe ver envuelta en la toalla con el pelo mojado ¿Entonces? No me importa lo que pueda ver, ni lo que pueda hacer, ni lo que pueda pensar. Es mi vida y yo aprendo sin preocuparme de la mirada de otros.

Volver a escribir palabras vacías.  He vaciado mi cerebro y ahora me siento un poco más ligera y lo lleno con otras cosas que me molan.  Yo no fui, es sólo un flash, una insuficiencia, una erupción permaneció en el estómago durante mucho tiempo. Creo que va a seguir siendo, porque no es capaz de liberarse. ¿Qué he hecho? ¿Dónde he estado?

Estoy en mi vida, la llevo como puedo intentado no sufrir, riéndome todo lo que puedo, no me importan los prejuicios de la gente, los rumores, no me importan muchas cosas. Con el tiempo he aprendido a distinguir lo bueno y lo malo y veo la realidad que es bonita, dulce, mejor que aquel sueño que hacía daño.

Con el tiempo he aprendido a distinguir entre lo bueno y lo malo, la buena compatibilidad entre el pan  y el queso, y el amor entre enamorados, entre críticas e insultos, entre los consejos y órdenes. Por supuesto que me encanta ir y venir, por supuesto que lo necesitan para pasar a disfrutar, pero uno de los placeres más intensos sé que es la presencia de un tío inmóvil y yo. ¿Dónde está lo que yo quería decir? Oigo otra vez esos ruidos que me recuerdan una vez, hace muchos años cuando me escondí con mi primo debajo de las faldas de una mesa porque no queríamos ir a la ciudad, llovía. Estando allí escondidos oímos esos mismos ruidos, al mirar por debajo de las telas vimos a una prima mayor que nosotros que estaba medio desnuda tumbada en el sofá y tenía a su novio encima. A ver si la próxima vez que la vea se lo cuento. ¿Qué pasó? Yo no recuerdo nada.  Confusos recuerdos, rostros, voces, vagones de  metro, convierte a todos y luego se detiene, los taxis, las noches de verano, el mar, sombrillas, risas, risa, risas, y la piel bronceada, la piel  y salpicaduras de agua clara.

Lo siento, estoy perdida en mis pensamientos, excepto que yo escribo lo que me viene a la cabeza ¿Dónde está lo que yo quería decir? Recuerdo aquel día debajo de la mesa, no entendía bien lo que significaba. Mi primo se quedo callado sin antes decirme que no mirase pero yo miraba. Aquello me pareció bonito, parecían locos de felicidad.

Y la música, la música, la música y el mar, los barcos, caminar sobre las rocas,   subir al faro y ver  la salida del sol que no soy yo sino también el amanecer que soy y estoy de vuelta y no volver y no volver nunca más, porque he cambiado.  He cambiado. Algo ha cambiado. Y  algo que ha pasado, pero yo no recuerdo  que me ha cambiado. Tal vez mejor. No lo sé.  No sé.

Me doy cuenta que anoche pensé cosas raras y hace un tiempo también pero sigo siendo pequeña aunque bailo una danza de fuego y hielo, me siento bien. Otras veces me viene un sentimiento de culpabilidad y de pelearme con mi reflejo en el espejo. Sin embargo ahora acabo de salir de la ducha y cuando se seco el vaho en el espejo vi aparecer algo raro. Así que ya no es lo que era antes, ya nada es igual, todo es diferente.

Estoy segura. Y tal vez tenía que ocurrir, o tal vez nunca ocurrió, son cosas que me he imaginado o he soñado. ¿Qué?  ¿Qué has imaginado?  No lo sé, no sé.
He confundido los recuerdos, se perdió, se desvaneció, se fundieron y solo queda lo real que me gusta más.
No lo  recuerdo. Me gustaría recordar. Quizás lo haría si los malos recuerdos ahora no tapasen los buenos ¿Qué puedo decir?  Que no he entendido nada y que me gustaría entender qué es lo que ha pasado. No estoy triste, la vida es bella, soy feliz. Tal vez de nuevo en otro momento. Ya nada volverá a ser como antes pero intento quedarme con lo bueno y algo no me deja.

5 marzo 2010

En el espejo

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Hace dos o quizás tres días me levante después de una noche llena de pesadillas y me miré en el espejo, ese nuevo que me regalaron por mi cumpleaños en el que me veo de cuerpo entero y me vi en el otro lado. La realidad supera a la ficción, soy como nunca pensé que sería.  Abrí la boca y me dije: “¡Joder, pero si no soy yo!” Y es que llevaba un tiempo sin mirarme fijamente en él. Mi cara, la que antes casi me sabía de memoria, rodeada por un pelo rubio aprehendido por unas trenzas que me hago para dormir y  no se enrede, mis labios que cuando sonrío ligeramente dejan aparecer un diente que tengo levemente torcido ya no eran como antes.

Llevaba días sin mirarme apenas,  sólo miraba mi silueta para ver como me queda conjuntada la ropa que llevo. Esa mañana me dio por mirarme en serio y si, advertí que no era yo o más bien reparé en qué me había convertido o me di cuenta que no soy el  elemento que creía ser.

No, no soy nadie, no soy más que un video juego.

Es inevitable  que me detenga  y me pregunte el porqué de tal sensación errónea que  tenía antes de mi. Sólo era una existencia que fue y dejo de ser, de esas sensaciones  desacertadas favorecidas en fundamentos sin duda indiscutibles,  imaginándome distinta en un futuro que nunca llegaba, que nunca llegará ya y  me sosegué para coger un poco más de aire encontrándome con que esto ya no es el pasado, ni el presente, sino que me acerqué más y más a la luna que tenía delante enmarcada en una especie de madera pintada de blanco y  lancé un grito de alarma o más bien de desesperación e impotencia, al final llore y lloré, lloré amargamente.
Cuando me calmé y me puse a pensar en lo que estaba pasando, me di cuenta que era mejor no ponerme triste ¿Para qué? Si soy un juego sólo servirá para aumentar mi experiencia, cada día que juegue seré más hábil y más diestra, iré pasando pantallas y salvando obstáculos que si fuese persona no sabría hacerlo, al final deslumbrará mi conocimiento o  se acrecentará mi locura.

No importa. Soy un juego, un juego que hace reír y después hace llorar.
Era un juego adictivo, pero dejo de serlo y tenía la ventaja frente a otros juegos de que era gratuito, sólo ser o querer ser, ser yo misma siempre aunque los zapatos me queden grandes y me tropiece con todo lo que tengo por delante.

Sólo soy un juego, un juego que me obligaba a jugar sin que nadie me viese, algo de lo que nunca me arrepentiré mientras viva. Allí mirándome fijamente en el espejo vi un botón que ponía play, apreté y deje mi dedo señalado en el cristal frío y después de esperar unos segundos apareció una pantalla que ponía GAME OVER.

Si, el juego se había acabado, ya había pasado todas las pantallas y no se podía volver al principio.

19 diciembre 2009

Una tragedia pero no tanto

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Venía  paseando por la calle tranquila después de haber hecho la compra en el supermercado, la leche pesaba y quizás había comprado demasiada pasta y patatas. Seguro que se me había olvidado algo, pero no importaba yo seguía  sumida en mis pensamientos, pensando en ti, preguntándome miles de cosas sin sentido o con él quizás y de fondo la banda sonora de mi vida puesta en la orejas cuando de pronto he oído un gran estruendo y pensé que se estaba viniendo el mundo abajo, no entendía nada. Noté  un fuerte golpe en mi cabeza primero, luego sobre mis hombros, en mi cuerpo.   Me di cuenta que por donde pasaba en ese instante, debajo de un edificio de ladrillos oscuros se habían caído todos los balcones haciendo el efecto dominó y uno o varios de esos cascotes habían caído sobre mi empujándome hacía abajo, al  suelo. Caída sobre mi espalda, cubierta de escombros y polvo con los ojos abiertos y de la boca saliéndome un hilo rojo, oscuro, denso. Estaba muerta. Enseguida oí gritos de la gente, vi como corrían a un lado y a otro. Una chica morena de pelo largo que creo que conocía se acerco a mi gritando y llamándome por mi nombre pero yo ya no sabía quien era. Ya no importaba. Vi gente que salía de las tiendas allí cercanas para ver que pasaba, todo el mundo hablaba a la vez, se quejaban de que el edificio estaba en mal estado y que el accidente era previsible. Yo los veía, los oía pero no me importaba ya lo que decían y me di otra vez cuenta de que estaba muerta, me había tomado un tiempo darme cuenta, no fue algo instantáneo, morir es algo que necesita tiempo para asentarse en la cabeza, no es fácil entenderlo ni acostumbrarte a ello. No es fácil en absoluto.  Y seguía allí tirada en la acera en medio del caos  de gente que iba y venía y sonaban sirenas a lo lejos primero, después cada vez más cerca. Me di cuenta que mi ipod ya no estaba en su sitio, había desaparecido y ya no oía la banda sonora de mi vida. Entonces pensé en ti, en mi familia, en mis amigos,  en esas cosas que me quedan por hacer. Sobretodo en esa cosa que deseo tanto, pero no importa, viviré mi otra vida algún día. Todo lo que tengo que hacer es pensar y recordar, hasta que venga a mi mente que estoy muerta.  Lo mejor es que muerta me siento muy bien, estoy feliz. Sensación extraña. Creo que empiezo a olvidarlo todo, tantas cosas que hacían que mi cara a veces cambiase la sonrisa a un mohín triste, raro. Cosas que quería olvidar pero no podía o no quería, que hacían daño, mucho daño, cosas que escondía, secretos del alma que  y ahora veo que se van desvaneciendo en mi cerebro. Cuando estaba viva nunca había pensado que había detrás de la muerte y entonces lloré mucho.
Perdón, no debería quizás jugar con estas cosas, pero siempre se ha escrito sobre la muerte.

14 diciembre 2009

La calle


Hacia días que no iba por el centro de la ciudad, pero con la tontería del amigo imaginario me fui de compras con unos amigos sin saber que podía regalar. Y así de repente, según me fui acercando me invadió de repente una sensación de alegría y entusiasmo.
Las calles estaban llenas de gente vestidas de colores vivos y brillantes. Músicos tocaban en las esquinas. Luces con motivos navideños se balanceaban de un lado a otro de la calle suspendidas entre las casas. Hacía frío pero el aire estaba saturado de calor y risa, bailarines, mimos, malabaristas, acróbatas, chocolate con churros, azúcar y un cielo lleno de estrellas. Y todo, así, tan súbito, inesperado.
Andaba por las aceras con las manos metidas en los bolsillos del abrigo y el cuello envuelto en una gorda bufanda de lana mirando a mi alrededor con una mezcla de asombro y desconcierto. Como un niño pequeño con zapatos nuevos. Un estallido de caos, diversión y risas. Caminaba con el paso ligero, pero no ingrato sin saber como esa fiesta me llevaba por los callejones tropezándome con la gente y confundiendo mi cabeza con sonidos y voces. Era extraño, veía la ciudad de forma diferente, el contorno dorado de los edificios y la plaza, los niños persiguiendo destellos de luces, la gente saludándose y sonriendo con alegría. La misma gente que cuando vas con un perro lo saluda a él y a ti no te dice nada. Un sueño que se encuentra en el centro de un sueño raro y muy realista. No tengo ni idea como ha ocurrido esto así, tan de repente, no tengo idea de que es lo que celebra la gente y parece que se han vuelto locos. No sé por qué me siento impregnada de un entusiasmo inesperado ¿Será la Navidad? Si para mi nunca ha significado demasiado, sólo que mi vida cambia por unos días en que todo se vuelve demasiado excitante, nada más.
Entramos en una tienda llena de gente, la crisis o el frío. Después de muchas dudas compré un regalo ¿Por qué es tan difícil elegir algo? Y el regalo le gusto a mi me regalaron unas braguitas rojas con puntillas que he estrenado y no me gustan, me irritan. Y seguí andando por las calles con las manos en los bolsillos tratando de encontrar un sentido lógico y disfrutar de la vida pensando que algún día conseguiré lo que quiero, mientras alguien me decía que me estoy convirtiendo un poco en autista. Con una sonrisa me puse a bailar al ritmo de la música que allí sonaba, meciéndome al compás de  un torbellino, moviendo el cuerpo, profanando a los escépticos sin discernir con palabras que no sé,   usando solo la mirada. Un día, ese día también caminaré con las manos en los bolsillos mirando a un punto distante que estará a cada paso más cerca inmersa en la multitud alegre o triste, no importa por que yo seré una bailarina involucrada en un delirio sin fronteras o sin razón. Así, de repente, todo tan inesperado,  de sopetón.

9 diciembre 2009

Lo que provocas

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Es bonito que cuando vives con tanta intensidad que al final del día te tiras en la cama y te viene un suspiro lleno de magia, un pensamiento atado a los bordes de un alma encantada. Es muy bonito ese momento.

Son esos sentimientos contradictorios, paradójicos que me vienen a la mente.
Me gusta que mis manos huelan a lavanda y mi pelo a mar. Así, insignificante, tranquila, guardando mis secretos. Esas noches en que mis sueños son alegres como un día de verano. Pensamientos confinados y sacudidos como un semblante ahogándose en un mar tranquilo. Cuando los pulmones parecen demasiado pequeños para respirar porque están  llenos de vida. Son pensamientos que se convierten en rosa y me hacen perder la respiración, jadeo oscuro mientras mi corazón se agita y te siento a mi lado. Mi corazón otra vez late con fuerza.

2 diciembre 2009

La ventana

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Esa noche en aquel bar en que había una mesa de billar y futbolines donde a mi amiga le robaron el bolso con mis llaves y mi poco dinero había diez o veinte historias para contar pero todas parecidas. Lo intente pero no tuve paciencia. Es que a veces me canso de ser un baúl abierto, un viaje que busca dar sentido al enfoque y me caigo.
Salí llena de energía y de buena voluntad y entonces todo quedó en  nada y si digo la verdad, lo admito, yo nací para ser una puta.
Sólo necesito una solución salina y subir de vez en cuando a la luna,  permanecer en silencio y observar todo y correr. Pero hay algo que me roe por dentro, no sé.
Hay veces que no puedo dormir, me levanto, abro la ventana aunque ya hace mucho frío y como no fumo agarro un bolígrafo y lo muerdo como si fuese un cigarro, lo chupo, lo muerdo, lo mantengo en mi boca pasándolo de un lado a otro y echo humo. El vaho del frío hace que tenga una sensación agridulce de mi vida.  Ya no soy tan joven para no entender. Pero sentarse en la poyata de la ventana a las dos de la mañana y hacer como que fumo un piti es algo poético. Luego pasan días largos y vacíos, otros llenos angulosos y cortantes, es todo un vaivén de números y que fluyen las noches en paz. Emergen los recuerdos mordiendo el boli. Y cada resultado es como un caleidoscopio que he tocado y retocado hasta disfrutar mirando hacia delante como lo hace el silencio entre la puntuación de la soberbia. Estoy sentada, chupando  y repaso mi vida.  Pero queda, como el olor del sexo más dulce, las ganas de tenerte aquí, a mi lado. Trasformar las palabras en imágenes, echarlo todo a cara o cruz. No hundirse. Soy una espía, una voyeur de la noche colgada por un lazo rosa en una ventana.

1 diciembre 2009

Abajo

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Hola. ¿Soñaste conmigo? No, no puedo.
Nadie sueña conmigo. No es posible, puesto que no existo…
Se sueña con el príncipe encantado,  con la bella durmiente del bosque o incluso con Caperucita, pero ¿quién podría soñar conmigo?
Me gustaría llegar a entender el mundo o adaptarme, no envidio ningún tipo de vida y menos esas que dicen que han llegado a juntar las orillas y que por eso son pacíficas. No, no las envidio.
Estar en un   paraíso artificial para bañarse por fin, en paz, en lo que permanece de la naturaleza eterna. No, no lo envidio.
Quiero subir allí arriba, más allá de las nubes, saludar a las golondrinas o las águilas, pisar una estrella o varias. Recorrer el espacio infinito, pero sé también que mis alas son de cartón y que pueden rasgarse al menor golpe de aire, que me dejan caer rápidamente, y que la caída siempre previsible es irremediable. Pero no importa, no. Es mejor despegar, estar unos minutos arriba y volver a caer antes que arrastrarse y estar suspirando todo el día. Soy aficionada a las subidas y a las caídas vertiginosas y frecuentes, la vida es una aventura. ¿Te imaginas que nos pusieran en una balanza y pesásemos todos lo mismo? Se puede, para guardar el equilibrio solo basta con ponerse en el medio, sin moverse y dejar los brazos muy quietos.
Pero no, no soy como los demás, no soy sensata aunque me ralle demasiado. Prefiero correr y correr, bajar, subir con el fin de no olvidar que el equilibrio es frágil e ilusorio. Me cansa, pero también pienso que me enriquece. Me siento viva.

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