Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

1 julio 2010

Eres un monstruo

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: ,

Estaba leyendo, sumergida como cada noche en historias ajenas cuando de repente he oído un ruido y se oscureció todo, me quedé en penumbra y encendí el móvil para ver que había pasado, entonces me di cuenta que la lámpara de mi mesilla se había caído al suelo, no sé cómo. Alumbré la alfombra, la bombilla se había roto  y había esparcido sus cristales por todos los sitios. Salté de la cama y puse un pie en el suelo, sentí como se me clavaba un afilado cristal en el pie, busqué a tientas mis zapatillas con la mano y me las puse. Oí otro ruido, pero esta vez no era en mi cuarto y encendí la luz del techo. Volví a oír otro ruido, no sabía de donde provenían.  Y pensé que aquello era extraño, estaba sola en casa, la lámpara se había caído sola y la bombilla había explotado.

Encendí la luz del pasillo y seguía oyendo ruidos raros. “Quizás algún pájaro se ha colado en el salón” pensé “Ella siempre se deja las puertas abiertas” y en ese momento volví a oír un ruido fuerte y seco y luego voces y un resplandor. Era la tele que se había encendido sola o eso creía porque estaba segura que la había dejado apagada. La apagué y me di la vuelta empezando a caminar el pasillo que lleva a mi cuarto cuando otra vez volví a oír  otro ruido seco y fuerte,  voces. Otra vez la tele se había encendido  “¡Qué extraño! Parece cosa de duendes” pensé, deseando llegar a mi cuarto y reanudar la lectura del libro que tanto me estaba gustando y volví a apagar la tele. Me quedé un rato mirándola  y las imágenes me parecían raras, como en 3D, pero la tele es muy antigua y me quede allí con la vista fija en ella “Esta bien” pensé “Déjame ver que pasa” le dije como si le hablase a alguien “Me estas poniendo nerviosa” Y en ese momento me di cuenta de que no tenía ni idea que era lo que hacía yo allí. Algunas cosas no eran para mi. Apagué otra vez la tele y cuando di dos pasos volví a oír los mismos ruidos. Irritada le di un golpe fuerte al interruptor . Me volví a mi cuarto y esta vez no paso nada. Caí otra vez en la lectura que se prolongo no sé cuanto tiempo antes de sentir que los párpados se me caían y entrar en mis sueños. Momentos o una hora, no sé cuanto tiempo después me desperté con frío oyendo a lo lejos truenos. Me levante para coger otra manta del armario  y entonces oí unas voces con sonido metálico que venían del salón. Me volví a levantar y sin darme cuenta me clave otro cristal en el pie, me di cuenta que había manchado todo de sangre, pero no importaba, me preocupaban más las voces que oía en el salón. Camine asustada y lentamente por el pasillo, no eran voces humanas, en ellas había algo raro. Al llegar allí y encender la luz me quede perpleja por lo que estaba viendo.

En el centro del salón había tres criaturas extrañas, estaban dibujando unos círculos en el suelo con algo parecido a una pintura fluorescente y dentro de ellos estaban encendidas unas velas que un día habíamos tomado prestadas de un garito. Y cantaban, cantaban algo extraño que no entendía mientras hacían algo parecido a un baile o  una mala coreografía.

El aspecto del salón de repente me pareció que había cambiado por completo, ya no era ese sitio acogedor y caliente que conocía, parecía que  un hechizo que le había dado un envoltura infernal. Traté de aferrarme a la poca lucidez que me quedaba para encontrar el modo de huir de allí. Pensaba y, al mismo tiempo, observaba a aquellas horribles criaturas, sus cabezas con unos pelos verdes en cresta, sus ojos fríos y sin vida como los de una serpiente, su piel escamosa sus caras blancas y su sonrisa trazada como con una hoja de cuchillo.   Autómatas  presos de un tipo de delirio colectivo repetían continuamente una especie de fórmula dando gritos dentro del círculo. Los seres continuaron bailando y recitando cada vez con más intensidad y velocidad las palabras del hechizo .

Seguí observando la escena sin entender nada “¿Me estoy volviendo loca?” pensaba. “Tal vez estoy soñando ¡Despierta! ¡Despierta!” me decía mientas me pellizcaba una mano con la otra y lágrimas  caían por mis mejillas. Eran tan densas las lágrimas, tenía la sensación de que los globos oculares se habían fundido en sus cuencas. Las sequé  con los dedos y los sentí pegajosos, me seguí pasando la mano por la cara y note como una herida, un corte se había abierto en  mi frente. Era algo raro, como si tuviese un borde grueso por abajo y otro más fino por arriba. Me dolía mucho y no sabía como me lo podía haber hecho. Parecía una boca abierta con mil dientes afilados y pequeños que querían atrapar algo. La puerta estaba abierta. Un borboteo desentonado y afónico  salía de ella “Ya estoy aquí. La transmigración ha ocurrido”  Las tres criaturas se postraron delante de mi. Sentí como una mano se movía deleitosamente, perezosamente por la superficie sedosa de mi pijama. Abrí los ojos y me levante del suelo donde había ido a caer sin saber cómo “¡Qué raro! ciertamente era raro el sueño que tenía esa noche” Recapitulando. Esas criaturas eran raras, se les fundían los ojos y en la frente tenían una boca abierta con dientes afilados como los de un tiburón. Quizás he leído mucho últimamente, pero que yo recuerde nada de ciencia ficción, ni de seres extraños, todo lo que leo cuenta vivencias de gente normal. Será que veo demasiadas películas y mi mente construye estas ridículas historias “¡Una boca en la frente!” A quien se le ocurre semejante majadería, como mucho podría soñar que pasaba como en la serie Héroes, personas que vuelan o tienen poderes como la telequinesia o la telepatía. Pero ese sueño, aún flotaba en mi subconsciente.

Decidí acercarme otra vez al salón para ver la luz del día y calmarme. Me levanté de la cama y me volví a clavar otro cristal en el pie pero mis pasos veloces se hicieron eco por toda a casa produciendo una repetición de sonidos rápidos. Estoy segura que sólo es un sueño tonto, murmuré para mi misma. Entré en el salón e inmediatamente vi un espectáculo inmundo, asqueroso, me vino una arcada que apenas pude reprimir. Un escenario macabro.

Las criaturas seguían allí,  dispuestas en circulo dándose las manos unas a otras, tocándose con los pies y con las manos como si intentasen dar forma de estrella. Su tórax estaba abierto y enseñaban las costillas y las entrañas.

Con el horror clavado en los ojos los cerré y me quede casi sin respiración, tratando de desechar de mi mente las imágenes que había visto y lo mas incomprensible era que los bichos esos sonreían, me miraron cuando aparecí allí y se rieron mostrando los dientes como si fueran victimas de un sacrificio voluntario y consciente. Abrí otra vez los ojos para comprobar que no tenía alucinaciones. Todo estaba manchado con una sangre espesa y pegajosa. Me dieron nuevas arcadas y tuve que salir corriendo al baño sabiendo que apenas podría controlar la siguiente. Metí la cabeza debajo de la ducha intentado con ello borrar la horrible realidad  que había visto en el salón.

“Joder ¿Qué pasa?” me preguntaba una y otra vez sin entender nada “Debo estar loca”

Y mirándome en el espejo vi esa herida que tenía en la frente y no sabía como me la había hecho, me pasé nerviosamente la mano por ella para comprobar que no tenía dientes. Me puse a llorar otra vez y de repente me di cuenta que las criaturas habían desaparecido y una duda se apoderó de  mi mente. Antes había algo aquí ¿Por qué había visto todo eso? Esas criaturas eran reales, no era un sueño.

” No, nunca he sido valiente! ” Y el espejo del salón en ese momento llamo mi atención y lo que veía allí reflejado no era mi reflejo, si no algo raro. O más bien alguien atrapado en su cuerpo siguiendo  a tientas su camino para intimidar. ¿pero a quién? Por qué? Mientras dos imágenes se superponían una encima de la otra

El extraño ser que se movía en ella era monstruoso, un sólo ojo apareció triunfante y vigilante en el centro de la frente, mientras su boca se parecía más a un oscuro abismo profundo y eterno.

16 mayo 2010

Es un farsante

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , ,

Habíamos terminado el ritual de saludo que enviamos al mundo, se abrió por los destellos. Yo estaba sola con la luna y la nieve. Cuando lo conocí por primera vez me subyugaron sus palabras, me quedaba con la boca abierta de admiración mezclada con una gran sonrisa unas veces y otras con grandes carcajadas. Me deje encantar por él como si de un mago del bosque se tratase en medio de una noche clara.

Porque la vida no es un desfile de procesiones de sueños o  victorias coronadas con crema batida y  champán ni de galletas que ponen brillo al  hielo.

Un día, o puede que una semana, quizás unos pocos meses los mecanismos de rescate de las brujas se evaporaron en el halo de los copos de silencio. Con su pasión y su calor había inundado muchos ratos de mi vida. Me encantaba el tono de su conversación la forma en que sentía que tendía sus brazos hacia mi. La vida también es real. Era una especie de samurai que lucha con espadas y se contornea con  técnicas secretas capaces de matar a un hombre de repente.

Al parecer,  venía envuelto en una burbuja de desinterés color morado oscuro en todo lo que no es de lujo pomposo y socialmente visible bajo un  neón impertinente.

Pero en realidad era un farsante, un mentiroso o no sé como llamarlo, quizás un falso. Cuando la ilusión puso fin,  la luz oblicua fue filtrada a través del polvo de mi cuarto y así acabó todo. Al llegar a conocerlo mejor, su presencia se cambió en presunción y su gracia no hace nada más que demostrar su suficiencia, su egoísmo.

Si, en realidad me he dado cuenta que es un farsante, no dice lo que siente o lo que piensa. O mejor dicho, es falso todo  lo que dice y no dice lo que piensa, engaña con palabras bonitas y huecas. Expresiones seductoras  que no son ciertas. Lo adorna todo con bellas metáforas que parecen indudables.

Eran  días en que la vida era como una caja de bombones, excepto que cuando probaba el primero y me daba cuenta de que dentro tenía un licor amargo. Aunque en el el paquete había otros que estaban llenos de praline con trocitos de nuez.

Descendía en llamas como la mayor  belleza del mundo y negaba el más mínimo intento de que me aproximase. Es imposible llegar a la comprensión, el encanto o el interés. Pensamientos dispersados, quemados, arrojados al cielo con la esperanza de ser mejor que cuando escuchaba  susurros en mi  corazón. Sus pasiones  tan sólo servían para dorar la imagen que tienen los demás de su vida. Pero no me daba cuenta.

No hay  cautividad  con alguien que empuja las barreras, que quiere aferrarse a las muñecas o los tobillos.

Evito el remordimiento, la ansiedad, las quejas y las ráfagas de las preguntas inútiles, las imágenes fantasmas y los retornos de vacío que cuelgan de los fondos que no están conectados a nada ni a nadie visible, destruido a causa de una palabra todas las pasiones frágiles

A pesar de que frustra el amor y el afecto. Es el mayor aguafiestas que he conocido.

Tengo que hacer un ejercicio de extrema negación de mi misma, a punto de estallar y lanzar el resentimiento que provoca en mí, no  lastimarlo y dar a conocer todo lo que despierta la ira, la incomprensión y disgusto.

Si lo hiciera, habría ganado. Está fuera de dudas  Es un reto, una batalla constante y un misterio.

5 mayo 2010

Algún día quiero saber la verdad

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: ,

Fue rápido, improvisado, como un río desbordado, que poco a poco crece más y más,  después se  sale de su cauce, como una cascada se precipita. Así fue. Así es.
Era todo tan extraño, incluso para verlo salir de su casa en una mañana tranquila en la ciudad que sueña junto al mar. Se me ocurrió sonreír, no sentí  ninguna duda, no tuve miedo. Su cara, su sonrisa y la vida, un rostro brillante y fuerte que me inundo de confianza. Un reyezuelo con una camiseta azul como el color del cielo. Un abrazo rápido que estaba decidido. ¿En tu casa o el la mía? Como en el anuncio pero no hizo falta me llevo directamente a la suya. Una casa bonita, dice que me la enseña y le digo que no hace falta. Ya estábamos abrazados.   Caricias en la tarde y un beso, unas caricias. Ascender, dejar que se empape. Lo mejor de la intimidad es lo que se descubre. Sentimientos. Emociones.
Comprobar con los dedos que está excitado. Otro beso, lo toco y el me responde, de repente siento que me quiere. Arquea los riñones para que me sienta mejor. Me siento segura. La punta del cinturón sale fuera, lo cojo y sale todo hacía mi, sacudida como por una corriente eléctrica tiemblo, jadeo . Estamos apoyados en un mueble, quizás una estantería, él de pie y yo sujeta a una de sus baldas con mis muslos abrazados a su cadera.  ¿Quizás una pausa? ¿Una copa de vino fuera y luego volvemos? “No”  dice jadeando, “Sigamos” Me besa. Se relanza el juego  y rápidamente se desplaza, el tacto, siento cada caricia, mis dedos  buscan y aprieto fuerte los dientes. Es apasionado y voraz, siento toda su energía contra mi . Descubro sus labios calientes, que cambian de color, que se encienden.
Estoy entre  sus brazos , estoy de acuerdo.  Vamos a su cuarto, la  música suena a todo volumen en la casa, me siento como el ritmo  entra en mí. Sin prisa, aplazado, su cuerpo aparece poco a poco, flexible como un junco, duro, rápido, estamos desnudos bajo las sábanas y nos abrazamos con fuerza. Suave líquido de la vida suave, el licor de la alegría.
Me parece muy dulce, nos besamos como si fuesemos animales curiosos, oliendo, lamiendo uno al otro.
Besos en los labios, mis senos  están a la espera de su parte,  la piel de mi abdomen. Explorando con tus manos en sitios llenos de energía luminosa. Cierro los ojos y sólo tengo buenas sensaciones.  Los abro y veo tu rostro que irradia placer a estragos, sin piedad, liberando un grito mientras tu cuerpo tiembla. Sin límites y temores, es vivir  la vida aprovechando el presente, aquí y ahora, sin pasado y futuro, suspendido en el tiempo. Su símbolo es la mariposa, libre, sin jaulas ¿Para qué esperar otra flor que nunca aparecerá?

26 abril 2010

No tengo miedo. Estoy enfadada.

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , ,

Algo en mi cama

Parpadeé, cerré los ojos y los volvía a abrir una y otra vez, después me los froté y sentí como las lentillas se me clavaban, los abrí y sólo por un momento vi estrellas, parpadeé una vez más  y me fui al baño a ponerme las gafas para poder ver mejor.  Volví a mi cuarto y seguía viendo lo mismo así que me quité las gafas y las limpié con el borde de la camiseta roja que llevaba puesta aquella noche. Y mire fijamente a través de la semi oscuridad que reinaba allí. Mis ojos no se podían creer lo que estaban viendo. Era todo un poco raro.

Normalmente mi cabeza funciona bien pensé, y generalmente no suelo ver visiones, no creo en los fantasmas, ni en cosas raras. Siempre he dicho  que tener imaginación no es sólo algo positivo sino que también es deseable. Pero, ¿qué pasa cuando mi imaginación cruza los límites de la realidad?  si no puedo tocar no creo en ello.  Y es que pensé, mientras volvía a cerrar mis ojos un poco llorosos por la alergia y el cansancio, que mi cabeza siempre ha funcionado más o menos bien hasta que…. Ahora empiezo a recordar. He estado toda la tarde en la facultad con unos compañeros haciendo  una practica y discutiendo como era mejor acabarlo, las discusiones  habían ido cada vez a más y nadie se entendía. Siempre hay alguno o alguna que cree poseer la verdad verdadera y no valen otras opciones. Nadie da fácilmente su brazo a torcer cuando sólo interesa pisar al del al lado. Y todo eso es lo que seguramente me tenía confundida de esa manera, por eso veía visiones.

No, espera. Quizás no sea eso sólo. Después de acabar los que mejor nos entendemos  fuimos a tomar unos pinchos y unas cañas. Cada vez bebo menos, me gusta poco y ¡claro! con dos cañas ya casi estoy medio borracha. Y encima no he comido nada, no tenía hambre, el cansancio me la quita. Eso es. Es la cerveza lo que me hace ver cosas raras. Recordaba haber bebido dos o puede que tres ¿o cuatro? La verdad es que no lo recuerdo bien. Unas cervezas con los colegas después de una dura tarde de trabajo y discusiones es muy relajante. Es como celebrar una victoria contra el infierno. Debe ser eso, pensé. Las cervezas.

Eso era lo único que me podía explicar mis visiones y porque estaba pasando por un momento difícil, con el sueño que tenía. Me costaba aceptar el hecho de que en mi cama.  Volví a mirar fijamente sólo para volverme a asegurar y  ya sabiendo que no era una alucinación, que era algo real ¡Mi cama estaba ocupada por un tío! Ahora que lo pienso, no sé porqué estaba tan convencida de que era un tío y no una tía. Todo lo que veía era un gran bulto bajo el edredón, una cabeza morena que asomaba con pelos cortos y una mano grande al final de un brazo un poco peludo  saliendo de algún oscuro sitio sujetando la almohada.

Puede que me haya confundido y este no sea mi cuarto. Pensé. Y lamentándome en voz no muy baja dije “Soy tonta” Tenía mucho sueño, estaba cansada y quizás también un poco pedo y no sabía dónde estaba mi cuarto o me había alejado de él por error. Pero no, las cosas en las paredes, la mesa llena de apuntes, el ordenador con la pantalla oscura y la lucecilla verde encendida, el perchero lleno de bufandas y el corcho de la pared con un vacío en él. Todo  era igual que mi cuarto. ¿Podría ser que mis colegas tuviesen lo mismo que yo? No, imposible. Aquel edredón era el mío, el de ellas es diferente y nadie deja porque sí un hueco tan notorio en el corcho, aquel dibujo que un día tiré a la papelera y que su hueco había decidido no sustituir con nada.

En ese momento el tío que estaba en la cama soltó una especie de rugido ¿O era que roncaba?  Y se dio la vuelta rodando sobre su espalda. Estaba en lo cierto, era un tío al que no conocía de nada. Si, era un tío. Además parecía muy guapo.  Veía su pecho desnudo con pocos pelos, su cara con una barba de quizás uno o dos días como mucho. Y debía estar soñando algo agradable, sonreía. Me gustaba su sonrisa.

Me quedé allí no se cuanto tiempo, mirando, puede que unos segundos o quizás algunos minutos. No sé. Lo miraba y me gustaba, pensaba que no estaría nada mal meterme en la cama con él y follármelo. Pero no, no estaría bien. No debía. Y a saber, puede que él tampoco debiese ¿No? No estaba bien que me quedase allí babeando por un tío que ni conocía y que ocupaba mi cama. Pero no sabía que hacer, tenía mucho sueño y quería dormir.

Y claro, las cervezas empezaban a hacer su efecto,  tenía que ir a mear. Estaba allí como clavada al suelo sin saber que hacer. En el baño vi colgados de una percha unos pantalones, una camiseta y un jersey y supuse que eran del que se había adueñado de mi cama. Me lave la cara y las manos, me recogí el pelo en dos trenzas poco favorecedoras y me quité la ropa que me asfixiaba y olía a humo. Me quedé sólo con la camiseta de tirantes y las bragas. Todavía me sentía un poco intoxicada por las cervezas y tenía hambre. Me dirigí a la cocina, estaría bien tomarse una taza de leche con cereales ¿Dónde dormiría? La luz fluorescente de la cocina reflejada en los azulejos me deslumbró y tuve que cerrar los ojos a tientas y medió dando tumbos me senté en un taburete. No tenía mas remedio que dormir en el jodido y duro sofá, pensaba mientras me preparé la leche.

La bebía  a cucharadas apartando los cereales y seguía pensando en quien era el jeta que estaba ocupando mi cama ¡Estaba bueno! Pero me temo que esta noche es mejor que duerma en el sofá. Esto pasa por darle a todo el mundo las llaves de casa.

Unos minutos más tarde, después de haberme tomado primero la leche y después los cereales que tanto necesitaba  fui al salón y vi allí una manta encima del sofá aquel en el que me sobraban la mitad de las piernas para poder acoplarme bien ¡alguien se había molestado en dejarme la manta! Sofá no era el termino preciso para llamar a aquel artilugio medio desecho y desmembrado. Es un sofá feo, en el que sólo pueden entrar dos personas con talla de modelo anoréxica y que además sean muy, muy amigas.

Seguí hablando sola y casi gritando “De ninguna manera duermo ahí” No, sola no. Salí de allí, atravesé el pasillo y me presenté en la puerta de mi cuarto llena de indignación. Mi cama es pequeña, pero siempre mejor que el sofá, así que me da lo mismo y me hago un hueco en ella, pensé. Él es el intruso. Me acerqué a la cama y casi perdiendo el equilibrio al tropezarme con un zapato que no era mío, caí en la cama como una bomba. El ladrón seguía allí enrollado en el edredón a mi lado mientras yo no podía taparme. Le dí un empujón y lo arrinconé tirando de las ropas. Entonces vi que tenía tatuado en la espalda un dragón que me miraba. Y yo lo miraba medio babeando. “Joder deja de mirarme” le decía. “Deja de mirarlo” me repetía a mi misma. “Deja de babear que nunca te han molado los tíos con tatuajes” “Si sólo es un dragón feo y mal pintado, descolorido” aparté la vista del dragón  y sacudí la cabeza para hundirla en la punta de la almohada. Eso fue un error porque el tío se movió y me quito el poco sitio que había conseguido.  Estaba congelada. Miré por encima de mi hombro a aquel tío que seguía allí durmiendo sin enterarse de nada. Pensé en el sofá otra vez.  “Me niego a dormir ahí”, me dije en voz alta y él seguía durmiendo. Con ese pensamiento en mi cabeza y mis ojos evitando mirar al dragón y haciendo caso omiso de su mirada creo que me quedé dormida y helada. No tenía ni idea de la reacción del ladrón desconocido cuando se despertase y viese que no estaba durmiendo sólo, pero no me importaba. Tenía demasiado sueño y había hecho un encogimiento de hombros mental. Ya no me importaba nada.

“Supongo que nos encontraremos mañana” dije entre sueños.

10 marzo 2010

Una noche para soñar

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , , ,


La otra noche que hacía mucho frío no me apeteció salir y me quedé sola en casa viendo una película que había sacado de la biblioteca,  “ Cuatro noches para un soñador” de Bresson, es una película que tiene unos personajes muy interesantes ¿Qué otra cosa cabría esperar cuando está basada en una obra de  Dostoievsky? Restando las señales hacia el exterior del amor, la película nos da una más aguda visión de cómo afecta al alma,  típico del cine de Bresson,  atraído por las cosas espirituales en lugar de las cosas corporales.  El resultado  me ha resultado apasionante y sorprendente. Es como si te estrellases dolorosamente en cada fotograma.

Esa noche veía la película en el salón delante del amplio ventanal con las cortinas corridas para poder ver mejor la calle, oír las pisadas de la gente, las bocinas de los coches, los gritos de los vecinos y así sentir que estaba en este mundo. Y de repente en un lapsus deje de ver la película y dirigí mis ojos a la ventana ¡Nevaba! Otra vez nevaba en este frío invierno, pero sentía una sensación agradable y cómoda mientras me acurrucaba más en el sofá y me tapaba con la manta, sintiendo esa sensación caliente y difusa  volvía a prestarle toda la atención debida a la película. ¿Cuál es la historia de Jacques? un pintor que parece tener problemas para encontrar el amor. Él admite que él nunca se ha enamorado de una mujer, sino de una mujer ideal.

Hacía la medianoche todavía no había llegado nadie a casa, seguía sola y no sé porqué empecé a sentirme incomoda. Me dieron ganas de llamar a alguien, pero cómo iba a hacer eso y pensé que ya soy mayor y puedo cuidar de mi misma sin necesitar a nadie. Una larga escalera conecta la calle y lo captura la cámara en lugar de esconderse. Allí, tesoro de los relojes deslizados detrás de un pedestal,  aquí, tesoro de los sueños confiados al   magnetofón,  brotes de un amor vivo e inocente.

La televisión está en una esquina, al lado del ventanal, las cortinas aunque recogidas se mueven, entra aire frío de la calle por las rendijas que deja el marco de la vieja ventana y volví a mirar la calle, seguía nevando y algo se movía allí fuera.

En una escena, Jacques echa un vistazo sobre las compras de una  chica hermosa y como ella anda por delante, decide acecharla hasta que otra mujer hermosa pase a su imaginación, para la cual él cambia los objetivos. Jacques es definitivamente un soñador y vive en una fantasía que él ha creado para él, y  no ha perfeccionado bastante.

A través de la oscuridad y la nieve que cae, se podía distinguir la figura de un hombre, caminando hacia la ventana. A medida que se acercaba más y más fui capaz de distinguir su rostro y me empezó a entrar  un miedo irresistible, pánico.  El rostro del hombre era horrible, sus ojos eran salvajes, de loco y su sonrisa era maliciosa. Estaba muy asustada, tiré de la manta y me la puse por encima de la cabeza intentando ocultarme sin moverme apenas.

Jacques es enamoradizo, pero  soñador. Sigue a las chicas por la calle. Hurta miradas, contempla a sus musas en reflejos de  los cristales.

Pero no podía seguir así, necesitaba mirar y ver que pasaba así que tiré un poco de la manta y asomé un ojo. El hombre todavía estaba allí, en la terraza mirándome allí, de pie con la nieve cayéndole encima. Vi como metía su mano dentro de su abrigo y sacaba un cuchillo largo que me pareció muy afilado.

Aterrorizada volví a taparme entera con la manta para que  pensase que lo que había allí no eran más que un montón de mantas tiradas encima de un sofá, me las arreglé para sin moverme apenas meter la mano lentamente en mi bolsillo y poder sacar el móvil. Llamé a mis vecinos, podía oír que estaban en su casa haciendo como es su costumbre el botellón de los sábados y contuve la respiración mientras esperaba respuesta. Los personajes se liberan de los datos  para explorar las escenas a través de la edición lo que hace que en el mundo sólo existan como virtuales. Oí que me respondían e inmediatamente susurré: “Hay un hombre fuera de mi ventana.  Tiene un cuchillo.  Por favor, ven pronto. “

Permanecí inmóvil debajo de la manta sintiendo como  el tiempo trascurría, asustada, temblando hasta que oí pasos en el pasillo y el timbre de la puerta. Salí debajo de la manta y fui corriendo a abrir, dejando entrar a mis amigos, señalándoles el salón casi sin poder emitir una palabra. Abrieron la puerta de la terraza y vieron que allí no había nadie, estaba vacía mientras yo les decía con palabras entrecortadas  “Es-ta-ba  ahí”, señalando la terraza cubierta de nieve.

Compartidas entre el realismo y la abstracción, entre el ojo y la foto borrosa deja en claro sobre la situación de los personajes  que se reparten entre la poesía, el desbordamiento de los deseos en conflicto, no formulados e irrealizables que viven en sus corazones, y la prosa, la dureza del mundo en el que estos vienen los deseos.
“Eso no es posible”, dijo uno de mis amigos. “No hay huellas de pisadas en la nieve, si alguien hubiese estado las habría dejado”

“Pero  estaba allí de pie, mirándome “, dije “Lo vi con mis propios ojos”.

“Sabes que los ojos pueden jugar malas pasadas” dijo otro amigo con voz socarrona “Puede que últimamente hayas visto demasiadas películas de miedo”

Estaban medio borrachos ya, así que enseguida se marcharon para continuar la fiesta sin antes decirme si me apuntaba a lo que les dije que mejor otro día. Tenía sueño y quería irme a dormir pronto así que volví al salón apagué la tele y cogí la manta. Allí, debajo de la manta estaba el hombre aquel que me miró con cara de sádico, en la alfombra había un rastro de huellas mojadas y en la mano sostenía el cuchillo y me amenazaba.

Uno de los lemas de Bresson  es “Retocar lo real con lo real para producir otra cosa”

20 febrero 2010

Confesión

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: ,

Terminé de leer el libro y lo dejé encima de la cama. Me había gustado y pensé que esa noche cuando volviese a casa antes de dormirme volvería a leer algunas páginas para fijarlas un poco más en mi mente y adormecerme así, sin tener que pensar en nada.

Me fui al baño y me duche, me sequé el pelo, me hice un moño alto que sujete con unos ganchos afilados y largos. Después me puse mi mejor vestido, uno negro de seda, suave al tacto, ajustado y con un gran escote en la espalda y mis zapatos de tacón, los más altos. Me di un poco de brillo en los labios y me hice una raya fina alrededor de los ojos con un lápiz verde oscuro que hace juego con ellos.

Ya estaba preparada para ir a su cumpleaños. Salí de casa y camine por las calles siempre llenas de gente con el regalo en la mano. No sentía gran cosa, sólo estrés en el corazón, tensión. El miedo estaba en mi garganta. Me sentía un poco mareada. Llegue pronto, como de costumbre y él salió a abrirme la puerta, me acogió con sus brazos abiertos, me abrazó tiernamente y me dio un beso.

Sonaba la música, bailamos, con los nervios destrozados me agarré fuerte a él y le deseé con voz débil “Feliz cumpleaños”. Me beso,  sonó el timbre en la puerta, comenzaba el desfile de invitados. Me puse a controlar las mesas, sillas, las bebidas, los hielos y seguía llegando gente a la que saludar y poner una sonrisa y él en cuanto podía se acercaba, en un suave abrazo me susurraba al oído cosas bonitas o me preguntaba que tal me lo estaba pasando.

Comimos, bebimos, bailamos y seguimos bebiendo y bailando, riendo y yo cuando podía me acurrucaba a su lado para sentir su calor, ese suave aroma a bien estar que emanaba de su cuerpo. Le dieron los regalos y yo preferí guardar el mío para cuando estuviésemos solos, mejor dárselo en la intimidad de su cuarto.

Y la música sonaba, la ponía cualquiera así que era para todos los gustos, cada uno ponía su canción favorita. De repente se apagó la música y alguien propuso un brindis por el homenajeado. Una chica de pelo negro y muy largo lo agarraba por la cintura y lo miraba con ojos de tiburón al acecho pero él me miraba a mi y me sonreía. Todos gritaban y bailaban. Yo sonreía y apoyaba mi cabeza en su hombro, me sentía a gusto, aunque un poco mareada por lo que había bebido. La tensión dentro de mi subía poco a poco , la sangre latía dentro y notaba las palpitaciones de mi corazón cada vez más rápidas. Me apetecía escapar de allí con él, estar en un lugar donde estuviésemos solos por un rato.

No esperé más, para qué. Le susurre al oído con timidez: “¿Podemos ir a algún sitio para estar solos y te doy mi regalo? Él asintió con la cabeza y abandonamos el abarrotado salón destino a su cuarto abrazados y con mi cabeza apoyada en su hombro. Todos miraban, me sentí un poco incómoda.

Entramos en el cuarto y echo llave,  era grande con las paredes pintadas de azul cielo despejado, pósters de sus grupos favoritos en las paredes, su mesa llena papeles, una estantería llena de libros y  cómics, una tele y enchufada a ella la Psp o alguna máquina de esas parecidas. Su portátil encima de la cama, lo quitó de allí y me dijo que veía películas en él tumbado en la cama. Al final se sentó en ella y le dio una palmadita para que me sentase a su lado. Nos besamos un rato y después lo paré y le dije que le quería dar mi regalo. Se lo di y empezó a abrirlo, era torpe y  no conseguía quitar el papel así que le dije que mejor lo haría yo. Lo desenvolví lentamente mientras paraba porque me besaba y seguía desenvolviendo aquel artilugio que tan bien me habían preparado en la tienda. “Espero que te guste” le decía modosamente y el me decía que como no me iba a gustar algo que había elegido yo. Al final conseguí sacar el papel, pero había una caja, desenganché el celo que sujetaba la tapa y nos volvíamos a besar ansiosamente, cada vez con más ganas. Nuestros cuerpos hablaban. Al final saqué su regalo de la caja que venía envuelto en una bolsa de plástico y por fin y se lo enseñé.

“Un cuchillo” me dijo con cara asombrada. “Si, un cuchillo” agarrándolo fuertemente con mi mano. Y en ese mismo momento se lo encaje entre las costillas a la altura del corazón, empezó a salir sangre, me manche las manos y un poco la ropa y el me miraba desencajado, con cara de no creerse lo que le estaba pasando mientras se iba derrumbado encima de la cama como un títere al que le han cortado las cuerdas.

Entonces salí corriendo, con el corazón latiendo y el alma  pesada, llena de confusión. No podía soportar el matar a personas llenas de alegría, cariñosas. Si, lo admito, me resisto a ser lo que soy, una piedra dura y áspera. Me siento terriblemente culpable  y mi reflejo en el espejo me hace pensar en un asesino en serie buscado por la policía de todo el mundo. Lamentablemente no puedo escapar de mi destino, me abruma ver la sangre cuando les clavo el cuchillo. Sé que un día, no soportaré ya toda esta presión, toda  esta matanza gratuita, y entonces, mi único  deseo que un día aparezca alguien más fuerte que yo y me mate ¿Pero cómo encontrarlo? Sería en un sitio lejano y el viaje se me hace difícil y agobiante.

8 febrero 2010

Te puedo

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , , ,

El bar estaba hasta arriba de gente. Voces llenaban el aire, risas rebotaban en las paredes, música que hacía que los cuerpos se movieran a ritmos desenfrenados. Pasos que se deslizaban a un lado y a otro, docenas de ojos capturando unas y otras miradas. Los camareros en la barra sirviendo cervezas, cubatas, calimochos. Y fue otro sábado cualquiera hasta que se estrelló contra la ventana. Cayó contra el suelo, mientras chocaba contra los cristales  rotos. Y su cuerpo luchó para moverse frente a la caída, pero se le había ido la fuerza. Pedazos de cristal roto encima y debajo, a su alrededor y cortes en su cara, su cuerpo, sangre saliendo de cada uno de ellos.

Y todo que  podía hacer era mirar al que venía hacia ella.

Él se inclinó ante ella, un mechón de pelo tapo su cara. Sus ojos  eran amenazantes, su rostro no tenía expresión, su mano estaba fría y sus pasos sonaban fuertemente contra el suelo. Una risa burlona salió de sus labios.

“¿Qué es tan divertido?”

“Te diré lo que es tan divertido.” Se acercó a ella mirándola con los ojos encendidos “Tu nunca serás capaz de escapar de mí.”

“Vamos a ver.” Dijo ella intentando sentarse. “ ¿Cómo que no escaparé? ¿Qué pasa, tío? Sólo me he tropezado porque alguien me ha empujado”

El le dio un manotazo en la cara y ella se chupó el labio ensangrentado.

“Ya verás”.

“¿Yo? ¿No  sé por qué?” Su aliento olía a muerte. La agarró por los brazos y la obligó a ponerse de pie.

“Un día, te darás cuenta. Un día “

“¿Entonces ahora no?” Gruñó ella. “Así que, ¿me vas a matar, o vas a dejar que me vaya?”

“Hasta que nos volvamos a ver” Dijo soltándola del brazo que la tenía agarrada.

“Ya sea dormido o despierto, te encontraré.” Dio un paso hacia ella. “Y un día, te mato”.

“Tal vez algún día, te mato”.

A ella los ojos se abrieron de golpe. Le dolía el cuerpo como si hubiera sido cortada en pedazos, y entonces recordó su caída. Todo estaba oscuro, no veía nada. Sus ojos fueron adaptándose a la penumbra y de pronto escuchó un ruido estridente. Era el despertador, empezó a reconocer entre las sombras su cuarto. Estaba sana y salva en su cama, todo había sido un sueño, un mal sueño.

Era lunes y tenía que ir a clases, así que se levantó con las prisas habituales y en medio de la rutina diaria su cabeza volvía a ese sueño o a esa pesadilla. Tenía que ser fuerte, luchar contra él era cada vez más difícil. Pero ¿Quién era él? ¿Por qué estaba obsesionada? ¿Llegaría un día en el que ya no volvería a despertar nunca más?

Los días de clases eran agitados, siempre con prisas, sin tiempo apenas para un café, siempre corriendo de un sitio a otro y después del sueño que había tenido esperaba tener un día más fácil que los otros.

Paso la mañana sin grandes sobresaltos y al acabar las clases tenía que ir al despacho de un profesor que estaba  en el último piso del edificio, no podía usar el ascensor porque le producía claustrofobia y pensó que subir cinco pisos andando después de haber estado unas horas sentada sería bueno para desentumecer las piernas y hacer ejercicio.

Mientras subía al primer piso le volvieron las imágenes del sueño “¿Estará el tío de mi sueño aquí escondido entre los recovecos de las escaleras? Tonterías, no fue más que un sueño raro” y siguió subiendo escaleras, contando los escalones para no pensar, todo era producto de su imaginación ¿Pero por qué no podía quitarse el sueño de la cabeza? ¿por qué le quería hacer daño? ¿Qué le había hecho ella? Sólo eran cosas absurdas de los sueños.

Y seguía subiendo perdida en sus pensamientos. Sintió un ruido, una puerta que se golpeaba y después otra “Una corriente de aire” pensó y siguió avanzando por la escalera hasta que llego a la puerta que estaba cerrada y no la dejaba continuar, se encogió de hombros e intentó varías veces abrirla, le dio varios empujones. Imposible. Suspiró y decidió bajar al siguiente piso para buscar el ascensor.

Entonces sintió un ruido, era una voz, alguien hablaba un poco más abajo. La voz aquella le resultó familiar, era la voz del hombre de su sueño. Sus piernas empezaron a temblar, de sus poros salía un sudor frío “¿Subo¿ ¿bajo? ¿Qué hago?”. Y se quedó allí paralizada sin saber que hacer, sin que su cuerpo respondiese a nada. Subiendo por las escaleras empezaba a aparecer una sombra, cada vez más cerca.  Ella sin dejar de mirarlo intentó subir los pocos escalones que la separaban de la puerta pero se tropezó y cayo al suelo.

“Te he encontrado de nuevo” Le dijo el con una sonrisa malvada y unos ojos fríos “No puedes escapar de mí.”

Vio como unas garras invisibles que se le acercaban pero no se atrevían a tocarla ¿Estaba jugando con ella? Y estaba claro que aquello no era producto de su imaginación se sentía arrastrada por una fuerza  irresistible  que le hizo acercarse a la puerta cerrada y pudo oír voces que provenían del otro lado así que se puso a gritar pidiendo ayuda.

Oía la risa en toda la escalera “Tengo que salir de aquí” y seguía gritando. Del otro lado de la puerta oyó decir “No te preocupes ahora abrimos” pero los segundos pasaban y se sentía acorralada, unas garras venenosas se extendían sobre su alma. Y él ya estaba encima de ella. Sintió dentro de ella una fuerza creciente y le lanzo una patada que hizo que él  dejase de reír y después otra patada concentrando toda su ira. Si, tenía que luchar contra él, ella sola, era la única solución. Pondría fin a esa danza, no sería una marioneta nunca más. Le lanzo una última patada que lo hizo rodar escaleras abajo. Si buscaba a alguien para atormentar no sería ella otra vez , si aparecía en sus sueños volvería a luchar. “No puedes derrotarme” La sombra se aferró en la escalera “No voy a dejarte ir”

“Puedes hacer lo que quieras” Le dijo ella dándose la vuelta y mirándolo fijamente “Ya no te tengo miedo, soy más fuerte que tu y lo sabes. Ahora regresa de donde viniste”

Y cuando ella apretó su cabeza contra la almohada y cerró los ojos se dio cuenta que no caería en esos sueños oscuros, su cabeza y su alma ya no se estremecían. Y si él un día volvía de donde había venido, si tuviese que volver otra vez , ella ya estaría preparada, era más fuerte, lo sintió aquel día en la escalera, descubrió que tenía miedo de ella. No, ya no se volvería a rendir tan fácilmente porque lucharía hasta el último aliento.

2 febrero 2010

Sábado por la mañana

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , ,

Un sábado por la mañana después de una larga noche de copas, bailes y fantasías eróticas ella se despierta, abre los ojos y siente como la luz daña sus pupilas, bosteza cansada, se estira en la cama y ve como la mitad de la ropa yace encima de la alfombra. No recuerda bien que paso esa noche, si se acostó acompañada o sola. Seguramente acompañada porque está desnuda, se rasca, el cuerpo le pica.

Se levanta, se pone una camiseta y unas bragas perdiendo el equilibrio. Tambaleando se dirige al baño ¡Qué lejos queda! Piensa. Escucha con alivio “piss” y  siente como cae caliente, es una sensación dulce.

Tiene la boca seca, coge el cepillo de dientes y le echa pasta, se cepilla. El cepillo va y viene, viene y va. Se enjuaga y se ve en el espejo el rastro de pasta de dientes que se quita con la toalla.

“Café, ¡rápido!” Los pies la arrastran a la cocina, se pone café y derrama parte de la leche fuera de la taza. Enciende la radio y sólo oye cosas sobre la crisis, la tragedia de Haití, el trafico el tiempo y que otra mujer ha sido asesinada en manos de su pareja “¿Por qué pasan estas cosas? ¿Es qué no puede pasar nada bueno?” Piensa.

Analiza el sabor de su boca, nota un gusto  comino, curri. “Tengo que comprar otra pasta de dientes diferente” empieza a tomar el café a sorbos ¡quema!  siente su aroma.  Tenía mucho sueño, tenía que dormir más esa mañana pero de pronto oyó un ruido, un chasquido y sentía como su boca cosquilleaba. No era ni un rumor constante, ni una canción que estuviese tarareando, era otra cosa ¿Podría ser qué tenía un mp3 entre sus dientes? ¡Qué sueño! Necesitaba dormir unas cuantas horas más pero no podía, tenía cosas más importantes que hacer así que se dirigió a la ducha y dejo que cayese el agua caliente primero sobre su cabeza para que lavase esa parte oscura que tenía dentro de ella, esas cosas en las que no debía pensar, después se enjabonó el cuerpo haciendo mucha espuma mientras seguía sintiendo ese chasquido raro dentro de su boca, como si su lengua se moviese sola y quisiera hablar.

Salió de la ducha y se seco con una toalla y con otra limpió el cristal empañado mientras su cara iba apareciendo allí  pensó que estaba horrible, la noche anterior se notaba en su cara “Parece que estoy verde”, con uno de sus dedos tiro del párpado inferior hacia abajo y después saco la lengua mientras ponía cara de asco y miraba con incredulidad. No podía ser aquello que estaba viendo, no era aquella lengua sonrosada lo que veía, era algo  que tenía dos ojos , una boca con el labio de abajo gordo, un tupe en que mas bien parecía la cola de una mofeta, que le producía un poco de arcadas  y eso no era lo peor, aquello cantaba como un borracho.

Su corazón empezó a latir fuertemente, su respiración cada vez era más y más agitada, sentía calor, frío, sudaba el suelo de repente parecía que había desaparecido y sus pies flotaban en el aire hasta que por fin cayó al suelo dándose un golpe con algo y allí se quedo un rato sin sentido.

Se despertó en el frío y húmedo suelo del baño, no sabía donde estaba ni que pasaba pero poco a poco fue recordando y pensó que era algo que había soñado. Pero no, era real, otra vez sintió aquello en su boca. Tenía que hacer algo, llamar a alguien, pero a quién. Sentía que su cuerpo le era ajeno y no lo dominaba, intento levantarse pero se volvió a caer y sus huesos otra vez se aplastaron contra el suelo golpeándose, haciéndose daño, cada esfuerzo que hacía le producían los mismos resultados y cada vez se sentía más agotada. Abrió la boca para gritar y pedir ayuda, quizás alguien la podía oír, algún vecino, cualquiera, pero en lugar de palabras solo salían sonidos raros e ininteligibles, lo que estaba ahí dentro ya no cantaba. El pánico corría por su cuerpo. Un zumbido. Abrió otra vez la boca y se forzó en escuchar. Cualquier cosa que estuviese cantando era como el sonido del Pato Donald, agudizo más y más el oído y su cuerpo tumefacto se levanto torpemente, se acercó a la bañera y abrió el grifo del agua fría, metió debajo la cabeza. Al fin se pudo levantar y miro por todas partes a ver si veía algo que le pudiese servir de algo, encontró unas tijeras pequeñas mientras luchaba contra su cuerpo tembloroso pero no servía de nada. Como pudo metió un pie en la bañera que ya estaba casi llena con el agua fría después metió el otro, se resbalo y cayo de culo dentro haciéndose daño, al final acabo sumergiéndose entera inclinándose hacia atrás hasta que el ultimo de sus largos mechones quedaron sumergidos en el agua helada del invierno.     Se estremeció por completo, cada vez temblaba con más fuerza. Su cabeza trataba de dar sentido a lo que estaba sucediendo, se sentía como si estuviese drogada. El invasor había tomado su cuerpo y la mayor parte de su cabeza. Su mente flotaba, una escala de grises- hombre dentro de ella que de pronto salió y se sentó al borde de la bañera, iba vestido con una camiseta negra, vieja, rota. Vio en él la figura de un fracaso.

“Hola, ¿Estás cansada? ¿Agotada? Decaída? ¿Resaca?”, le dijo mientras le tendía caramelos de una pequeña caja de metal rojo. “Esto es todo lo que te voy a dar, tomas una o dos cada mañana y te elevaras y brillaras”

Y empezó a cantar una canción “It doesn’t matter what I say
So long as I sing with inflection
That makes you feel I’ll convey
Some inner truth or vast reflection
But I’ve said nothing so far
And I can keep it up for as long as it takes….” Esa canción donde los tonos altos se perdían en el infinito.

El aturdimiento le volvió a alcanzar y ella se sumergió aún más en el agua, el agua que le entraba en la nariz intentaba expulsarla fuera mientras su brazo salía fuera agarrando la tijera y clavándosela en el vientre con todas sus fuerzas. La sangre bajaba caliente mientras miles de ojos quedaron mirando a su alrededor.
Ya no tenía aquella sensación rara en la boca.

26 enero 2010

El baño

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , ,

Esa noche no podía dormir en mi cuarto, estaba segura que estaba llena de bichos, cucarachas, arañas, moscas, mosquitos … ratones suaves y mojados. Mis pies eran más silenciosos que los besos, pero besar no era algo que tuviese en la cabeza en ese momento.  Mejor dormir en el salón, en el sofá con una manta aunque era incomodo y se le clavaban en la espalda los listones de madera que sujetaban los cojines. Sentía un algo de consuelo en dormir de esa forma tan espartana, no era más que un auto- castigo que aliviaba mi alma y me dejaba meterme en mis sueños.

Me despertó de pronto un ruido, ruido acompasado, glub, glub, glub, gotas de agua. ¿Hay goteras en el techo? Encendí la luz y vi que no, allí estaba todo normal. No, no llovía además, la noche era totalmente tranquila, silenciosa, podía oír el silbido tenue de la electricidad estática de la tela del sofá en mis oídos. Entonces me di cuenta que eran gotas de agua que se oían en el baño.

¿Hay alguien ahí? Pregunte con una voz poco creíble. Después de decirlo me sentí un poco tonta. No hay nadie, no puede haber nadie, estoy sola en casa. Nadie va a volver. Me levanté a cerrar el grifo para que dejara de molestarme. Entre en el cuarto de baño y encendí la luz, vi que toda mi ropa estaba tirada dentro de la bañera y yo la había dejado colgada en la percha. Estaba toda mojada, los calcetines, la camiseta,  bragas y todo se había vuelto de un solo color, rojo  como la sangre, rojo como los  pantalones. Distinguí también algo marrón, grande que se movía y que en ese momento no conseguía identificar. Era un bicho. Al fin supe lo que era,  una rata enorme, inmensa, peluda y fea que me miraba con cara de pocos amigos o mejor dicho, con furia.

No podía subir por el resbaladizo y pendiente esmalte de la bañera, no podía saltar porque había demasiada agua y la profundidad no le dejaba encontrar la base para poder impulsarse hacia arriba. Nadaba y nadaba buscando apoyo emitiendo débiles sonidos.  ¿Pero y si al final podía saltar? Dicen que las ratas son muy listas ¿Y si me salta a la cara? Seguro que puede ¿Si me salta a la cara?

Lo primero que se me ocurrió coger fue una toalla y con toda mi fuerza arremetí contra ella con todas mis fuerzas la toalla se deslizo por el agua y volvió a subir, repetí esto varias veces pero la rata seguía nadando dentro de la bañera. Intentando salir de allí, dando saltos cada vez más altos. La toalla cada vez pesaba más y más me costaba dominarla por que estaba empapada  de agua que se  desprendía por todo el baño.

Necesito otra cosa, algo. Me decía a mi misma. Fui a la cocina y allí encontré la escoba. Volví al baño y cuando llegue vi que la rata de un salto conseguía salir de allí, corría por el suelo hacia donde yo estaba. Me defendí con el palo de la escoba pero aún así no pude evitar su ataque, me clavo sus dientes en la pierna. Empezó a salir sangre, y seguía mordiendo mientras yo intentaba defenderme con la escoba y la rata cada vez era más y más grande.

Por fin la rata se dio cuenta que yo ya estaba muerta, había muerto hacia algún tiempo. Solo quedaba el esqueleto. La rata se fue no sé dónde, la vi salir por la puerta de la terraza, supongo que iría a buscar a otras  victima.

Yo me sentí tranquila, me puse un café negro, cargado y me lo bebí lentamente. Pensé en telefonear a alguien para contar lo que me había pasado pero no lo hice. Era tarde para hacerlo, las tres de la madrugada, buena hora para salir a tomarse una copa ¿Pero a dónde iba yo con esas pintas? Sólo huesos, toda la ropa me quedaba grande, parecía prestada, poco favorecedora.

11 enero 2010

Verano ahora que nieva tanto

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , ,

Y es que cuando estoy muerta tengo unos recuerdos raros, disparates, cosas que me vienen a la cabeza y  bailan con los pies descalzos y me hacen unas veces cosquillas, otras me hacen daño.
Creo que fue este verano o el pasado no importa. Fue después de un concierto y una larga noche que amanecí dormida en la playa, no en el bar como dice la canción esa. Hacía calor, me despertó el sol, me hizo abrir los ojos en cuanto salió por el horizonte oyendo el suave susurro de la brisa del mar, telón de fondo de las verdes montañas besadas por sus rayos, soplo suave que llega de una esquina del desierto sin límites, una luna llena aún no desaparecida del todo  que no era tan grande como otras veces echando de menos a un puñado de estrellas que aquella noche chisporroteaban en la sombra como pequeñas velas colocadas allí en mi sueño.
Me espabilé un poco y con los ojos medio cerrados me acerqué al agua, me fui quitando la ropa poco a poco y llame a mis amigas para que hicieran lo mismo ante el escándalo de alguna de ellas que al oírme  empezaron a abrir los ojos y a hacer comentarios un poco raros. La playa estaba desierta esa madrugada,  el agua fría pero con una carrera me zambullí, nade un buen rato yo sola.
Al salir del agua esperaba tumbarme un rato para que el sol calentase mi cuerpo pero me lleve una gran decepción, una se había acordado que en ese pueblo los sábados había un gran mercadillo. Por suerte a alguien se le ocurrió desayunar en un bar donde asaban sardinas y otros pescados, el café olía a ellos y los bollos estaban secos, al meterlos en la taza se tomaban sin permiso todo el líquido.
Y caminando un buen rato llegamos a aquella explanada donde sacaban cosas de unas furgonetas, montaban una especie de mesas que poco a poco se iban llenando de trastos que creo que no servían para nada, ropas de esas que si las llevo más de media hora me producen unos terribles picores. Pero de pronto vi una mesa llena de cajas con libros, libros usados, un poco sucios a alguno le faltaban hojas pero aquello era excitante, me puse a leer las contra portadas a ver si había algo interesante y revolvía y revolvía entre las cajas sintiendo las manos sucias de polvo. Aquellos libros no olían bien como cuando huelo un libro recién comprado, tiene un olor que me encanta. Aquellos libros estaban llenos de humedad. Mirando una caja pensé que veía visiones, además de polvo y humedad aquellos libros se movían, tenían vida propia. Aquello era magia y pensaba que como  en la historia interminable entraría en un mundo lleno de fantasías y nieblas “la nada” que lo hicieran desaparecer todo así que seguí revolviendo a ver que pasaba cuando de pronto vi a una lagartija enorme  con una piel que parecía tener textura humana, su color y aspecto parecían enfermizos. Del susto se me cayó un libro que tenía en la mano encima de la pobre lagartija y vi como su cola se desprendía de su cuerpo. Entonces vi como salía corriendo y que no había sangre por ningún lado.

Página siguiente »

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.