Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

3 noviembre 2010

Noche (continuación)

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03

En una explosión final de ira, superando por última vez  la pared que se estrellaba  en mil pedazos, pero siempre sin hacer ruido, en silencio absoluto  vi como   los escombros me cayeron encima,  dolor, veía como se me  desgarraba la carne. Quede tirada en el suelo.

Las lágrimas empañaban mis ojos. Calor. Una ligera sensación de abandono. El dolor no se detendría. Realmente te extrañaba.  Dejarte ir, no. Cerré los ojos.

Y sentí la nobleza de la vida, sentí un calor raro. Me estabas abrazando,  nos balanceábamos, sonreíamos.  Oí que me susurrabas al oído:

“Despierta”

“Despierta”

Rozaste mis labios suavemente con un beso. Oscuridad. Entonces me encontré en mi cama con los ojos húmedos un sabor dulce en los labios y vi que ese  día el muro entre nosotros en realidad se rompía

Hicimos el amor. Sí, vivimos felices oyendo el murmullo de las olas, sintiendo el aire que nos hacía bailar con los rayos del sol  que estaba en el aire, nos movíamos  con los brillos del rocío.

¿Cuánto tiempo estuvimos así? Todos los días al amanecer nos sentábamos a la orilla del mar abrazados hasta que el sol estaba muy alto y calentaba demasiado. Nos quedábamos extasiados mirado el espectáculo, esos juegos, los magníficos tonos de color azul turquesa, verde del mar y el azul del cielo a veces con nubes de algodón. Los rayos nos acariciaban la cara suavemente, deslizándose lentamente en nuestros cuerpos. Las estrellas que se morían nos sacudían con su dulce sangre en su último estallido de la vida, disolviéndose en el mantenimiento de caricias de todos los colores. Todo se mezclaba en una tonalidad púrpura. El éxtasis. Y todo lo que quedaba era el silencio,  la paz, una armonía serena.

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