Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

26 julio 2010

Noche

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Fue una historia feliz o puede que no. Él y yo juntos. Todo este tiempo, todos estos años pasados en soledad entre las heladas paredes y la oscuridad apenas iluminada por tristes esperanzas. Las velas estuvieron a punto de apagarse dobladas por el terrible soplo de la suerte, el golpe del destino. Y   él volvió a mi lado. Sonrió y me cogió de la mano, sentí su calor que se unió al mío, se convirtió en una explosión dentro de mi corazón. Saboreé sus labios, puse mi cabeza en su pecho. Ese calor que ahora no puedo sentir.

Aquella noche nos quedamos en la playa hasta el alba, hasta que el sol nos acariciaba, nos decía todo lo que había pasado, nos contamos mil cosas, las lágrimas derramadas en el silencio de la noche cuando confiaba a la luna llena mis deseos dejándome ir por el desaliento. Estábamos muy lejos.

Me desperté en la arena de la playa oyendo las olas del mar, la luna brillaba y el cielo estaba estrellado, el viento frío me acariciaba el pelo ¿Era un sueño? Mire alrededor, confundida, asustada, temblaba de frío y me quede inmóvil esperando algo. Después lo vi en la distancia.

Una sonrisa se pinto  en su cara, vino hacia mí. Pero algo, algo…algo  impidió seguir el cruce de caminos entre él y yo, un obstáculo, un muro de cristal invisible nos separaba.

Asombrada mire al otro lado, me vino el desaliento y empecé a golpear la barrera. Golpear, golpear, golpear otra vez. Y lloré. Grité con todas mis fuerzas. No podía oír nada. Mire, y no veía. No lo oía. No me veía, no me oía. Cuando me quedé sin fuerzas  me hundí en el suelo con las uñas rascando el rumor etéreo, obstáculo sin sonido ¡No! me di vuelta y me fui.

Continuará

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1 julio 2010

Eres un monstruo

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Estaba leyendo, sumergida como cada noche en historias ajenas cuando de repente he oído un ruido y se oscureció todo, me quedé en penumbra y encendí el móvil para ver que había pasado, entonces me di cuenta que la lámpara de mi mesilla se había caído al suelo, no sé cómo. Alumbré la alfombra, la bombilla se había roto  y había esparcido sus cristales por todos los sitios. Salté de la cama y puse un pie en el suelo, sentí como se me clavaba un afilado cristal en el pie, busqué a tientas mis zapatillas con la mano y me las puse. Oí otro ruido, pero esta vez no era en mi cuarto y encendí la luz del techo. Volví a oír otro ruido, no sabía de donde provenían.  Y pensé que aquello era extraño, estaba sola en casa, la lámpara se había caído sola y la bombilla había explotado.

Encendí la luz del pasillo y seguía oyendo ruidos raros. “Quizás algún pájaro se ha colado en el salón” pensé “Ella siempre se deja las puertas abiertas” y en ese momento volví a oír un ruido fuerte y seco y luego voces y un resplandor. Era la tele que se había encendido sola o eso creía porque estaba segura que la había dejado apagada. La apagué y me di la vuelta empezando a caminar el pasillo que lleva a mi cuarto cuando otra vez volví a oír  otro ruido seco y fuerte,  voces. Otra vez la tele se había encendido  “¡Qué extraño! Parece cosa de duendes” pensé, deseando llegar a mi cuarto y reanudar la lectura del libro que tanto me estaba gustando y volví a apagar la tele. Me quedé un rato mirándola  y las imágenes me parecían raras, como en 3D, pero la tele es muy antigua y me quede allí con la vista fija en ella “Esta bien” pensé “Déjame ver que pasa” le dije como si le hablase a alguien “Me estas poniendo nerviosa” Y en ese momento me di cuenta de que no tenía ni idea que era lo que hacía yo allí. Algunas cosas no eran para mi. Apagué otra vez la tele y cuando di dos pasos volví a oír los mismos ruidos. Irritada le di un golpe fuerte al interruptor . Me volví a mi cuarto y esta vez no paso nada. Caí otra vez en la lectura que se prolongo no sé cuanto tiempo antes de sentir que los párpados se me caían y entrar en mis sueños. Momentos o una hora, no sé cuanto tiempo después me desperté con frío oyendo a lo lejos truenos. Me levante para coger otra manta del armario  y entonces oí unas voces con sonido metálico que venían del salón. Me volví a levantar y sin darme cuenta me clave otro cristal en el pie, me di cuenta que había manchado todo de sangre, pero no importaba, me preocupaban más las voces que oía en el salón. Camine asustada y lentamente por el pasillo, no eran voces humanas, en ellas había algo raro. Al llegar allí y encender la luz me quede perpleja por lo que estaba viendo.

En el centro del salón había tres criaturas extrañas, estaban dibujando unos círculos en el suelo con algo parecido a una pintura fluorescente y dentro de ellos estaban encendidas unas velas que un día habíamos tomado prestadas de un garito. Y cantaban, cantaban algo extraño que no entendía mientras hacían algo parecido a un baile o  una mala coreografía.

El aspecto del salón de repente me pareció que había cambiado por completo, ya no era ese sitio acogedor y caliente que conocía, parecía que  un hechizo que le había dado un envoltura infernal. Traté de aferrarme a la poca lucidez que me quedaba para encontrar el modo de huir de allí. Pensaba y, al mismo tiempo, observaba a aquellas horribles criaturas, sus cabezas con unos pelos verdes en cresta, sus ojos fríos y sin vida como los de una serpiente, su piel escamosa sus caras blancas y su sonrisa trazada como con una hoja de cuchillo.   Autómatas  presos de un tipo de delirio colectivo repetían continuamente una especie de fórmula dando gritos dentro del círculo. Los seres continuaron bailando y recitando cada vez con más intensidad y velocidad las palabras del hechizo .

Seguí observando la escena sin entender nada “¿Me estoy volviendo loca?” pensaba. “Tal vez estoy soñando ¡Despierta! ¡Despierta!” me decía mientas me pellizcaba una mano con la otra y lágrimas  caían por mis mejillas. Eran tan densas las lágrimas, tenía la sensación de que los globos oculares se habían fundido en sus cuencas. Las sequé  con los dedos y los sentí pegajosos, me seguí pasando la mano por la cara y note como una herida, un corte se había abierto en  mi frente. Era algo raro, como si tuviese un borde grueso por abajo y otro más fino por arriba. Me dolía mucho y no sabía como me lo podía haber hecho. Parecía una boca abierta con mil dientes afilados y pequeños que querían atrapar algo. La puerta estaba abierta. Un borboteo desentonado y afónico  salía de ella “Ya estoy aquí. La transmigración ha ocurrido”  Las tres criaturas se postraron delante de mi. Sentí como una mano se movía deleitosamente, perezosamente por la superficie sedosa de mi pijama. Abrí los ojos y me levante del suelo donde había ido a caer sin saber cómo “¡Qué raro! ciertamente era raro el sueño que tenía esa noche” Recapitulando. Esas criaturas eran raras, se les fundían los ojos y en la frente tenían una boca abierta con dientes afilados como los de un tiburón. Quizás he leído mucho últimamente, pero que yo recuerde nada de ciencia ficción, ni de seres extraños, todo lo que leo cuenta vivencias de gente normal. Será que veo demasiadas películas y mi mente construye estas ridículas historias “¡Una boca en la frente!” A quien se le ocurre semejante majadería, como mucho podría soñar que pasaba como en la serie Héroes, personas que vuelan o tienen poderes como la telequinesia o la telepatía. Pero ese sueño, aún flotaba en mi subconsciente.

Decidí acercarme otra vez al salón para ver la luz del día y calmarme. Me levanté de la cama y me volví a clavar otro cristal en el pie pero mis pasos veloces se hicieron eco por toda a casa produciendo una repetición de sonidos rápidos. Estoy segura que sólo es un sueño tonto, murmuré para mi misma. Entré en el salón e inmediatamente vi un espectáculo inmundo, asqueroso, me vino una arcada que apenas pude reprimir. Un escenario macabro.

Las criaturas seguían allí,  dispuestas en circulo dándose las manos unas a otras, tocándose con los pies y con las manos como si intentasen dar forma de estrella. Su tórax estaba abierto y enseñaban las costillas y las entrañas.

Con el horror clavado en los ojos los cerré y me quede casi sin respiración, tratando de desechar de mi mente las imágenes que había visto y lo mas incomprensible era que los bichos esos sonreían, me miraron cuando aparecí allí y se rieron mostrando los dientes como si fueran victimas de un sacrificio voluntario y consciente. Abrí otra vez los ojos para comprobar que no tenía alucinaciones. Todo estaba manchado con una sangre espesa y pegajosa. Me dieron nuevas arcadas y tuve que salir corriendo al baño sabiendo que apenas podría controlar la siguiente. Metí la cabeza debajo de la ducha intentado con ello borrar la horrible realidad  que había visto en el salón.

“Joder ¿Qué pasa?” me preguntaba una y otra vez sin entender nada “Debo estar loca”

Y mirándome en el espejo vi esa herida que tenía en la frente y no sabía como me la había hecho, me pasé nerviosamente la mano por ella para comprobar que no tenía dientes. Me puse a llorar otra vez y de repente me di cuenta que las criaturas habían desaparecido y una duda se apoderó de  mi mente. Antes había algo aquí ¿Por qué había visto todo eso? Esas criaturas eran reales, no era un sueño.

” No, nunca he sido valiente! ” Y el espejo del salón en ese momento llamo mi atención y lo que veía allí reflejado no era mi reflejo, si no algo raro. O más bien alguien atrapado en su cuerpo siguiendo  a tientas su camino para intimidar. ¿pero a quién? Por qué? Mientras dos imágenes se superponían una encima de la otra

El extraño ser que se movía en ella era monstruoso, un sólo ojo apareció triunfante y vigilante en el centro de la frente, mientras su boca se parecía más a un oscuro abismo profundo y eterno.

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