Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

17 junio 2010

UN AGUJERO

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03

Estaba estudiando en la mesa de mi cuarto cuando de repente empecé a oír ruidos extraños a mi espalda que no sabia de donde procedían. No eran ruidos humanos. Primero un ruido, después otro. Era como si alguien estuviese escarbando en la tierra. Como si  estuviese haciendo un agujero en la pared me pareció al escucharlo por segunda vez.

No eran torrentes de viento lamentándose  que a veces entran por las rendijas de la ventana. Eran ruidos débiles que seguramente en el cuarto de al lado nadie los escuchaba.

Seguí estudiando, mirando con fijación mis apuntes e intentando no atender el sonido exterior.  Según estaba leyendo y queriendo  meterme todos aquellos datos en la cabeza volví a escuchar otro ruido, levante la vista y miré a ver de donde procedían.  Allí, en medio del corcho, en el hueco que había dejado aquel dibujo de una cara que un día había quitado con rabia entre lágrimas aplazadas vi un orificio. No sólo estaba taladrado el corcho, también un pequeño hueco en la pared color lila, era muy pequeño, poco más que  la punta de un boli, redondo y perfecto.

Como soy positiva pensé que no pasaba nada que sólo era el agujero dejado por la chincheta que había estado allí puesta y que seguramente la había clavado con furia.  Y total la casa está llena de agujeros y grietas, cada día aparece una nueva y seguramente   ya me había perdido en un montón de agujeros en otros tiempos pasados.

Me levanté de la silla y fui a la estanteria a buscar la plastilina esa con la que a veces hacemos muñecos y después grabamos para luego como unas frikis  intentamos darles vida  y que sólo nos queda una chapuza grande, pero disfrutamos que es lo que al final importa. Puse un pegote en la pared y otro en el corcho y me quedé más tranquila. Seguí estudiando.

Entre los sonidos de la música que tenía puesta había resonancias discordantes. O quizás era el ruido ese otra vez. Tonterías. Y cada vez los oía más fuerte, más alto. Volví a mirar y vi que la plastilina se había caido al suelo y el agujero era más grande, como la boquilla de un piti. Mi primer pensamiento fue que era en el piso de al lado. Ese piso que siempre está vacio o eso creo porque nunca jamás he visto ni entrar ni salir a nadie. ¿Serán fantasmas los que viven ahí? Pensé. Pero mira que soy tonta, ¿fantasmas? Imposible, no existen. Será que ha venido gente a vivir y no los he oido o quizás ladrones. Pero por qué este agujero, me espian. Me levante y recorrí el espacio que me separa de la puerta de la calle, la abrí y me acerqué a la puerta vecina. Toque el timbre pero no sonó, di unos cuantos golpes en la puerta casi haciéndome daño en los nudillos. Estuve un rato esperando y volví a golpear.  Estaba claro que no había nadie.

Entre en casa, en mi cuarto y volví a mirar aquel agujero, era raro y pasaba algo curioso, aparte de la plastilina no había ningún residuo más en el suelo. Y todavía más raro, era como si algo brillase dentro. Tonterías.  Así que ante la duda de que me estuviese de repente volviendo un poco más loca decidí observarlo más de cerca. Cogi la lámpara de mi mesa y con la luz encendida la disparé directamente sobre el agujero y descubrí más atributos que debido a su pequeño tamaño antes no había podido descubrir  y me di cuenta que todavía no se veía nada del otro lado, la superficie interior era poco natural, de un color gris oscuro a diferencia del blanco que esperaba que fuese por el yeso  y creí que el agujero seguía un angulo agudo hacia el interior parecido al sombrero de un payaso, lo que parecía sugerir que no se había originado de mi lado de la pared.

Nunca he tenido miedo, lo que no se puede tocar pienso que no existe, nunca me siento inquieta por los ruidos extraños, me acreciento con desden por la indulgencia emocional. Pero no sé cómo en esos momentos me sentía a disgusto. Me vesti rápidamente con lo primero que vi a mano y me fui al bar ese donde sabía que a esas horas se reunían algunos de mis amigos para ver algún partido de futbol.  Cuando llegue allí todavía parecía que estaban sobrios y después de asegurar que venía de casa de estudiar, que no había bebido nada, ni me había fumado ningún porro les conté lo que pasaba.

Se rieron y tuve que oir que se me iba la pinza. Pero después uno de ellos, creo que es al que menos le gusta el futbol se ofreció a acompañarme. Llegamos a casa y entró directamente en mi cuarto. Todavía había luz del día. Despues de una inspección ocular superficial me pregunto si por algún lado teniamos un alambre´Busqué el que usamos para desatascar las tuberías y sin miramientos lo empotró casi entero en el agujero, y era tan largo como dos metros.

Me propuso entonces volver a la casa vecina y ver que podía haber allí, derribar la puerta si era necesario

No creo que nos las arreglaremos para derribar la puerta sin alarmar a la mayoría de los vecinos. Le dije.

Entonces se asomo a la ventana y me dijo que podía escalar por el borde sobresaliente de la pared hasta la ventana y mirar que podía haber allí dentro.

Y asi lo hizo, se encaramó por el saliente y yo fui detrás de él. Avanzamos despacio y con mucho cuidado para no caernos y llegamos delante de la ventana. Nos quedamos sorprendidos, estupefactos de lo que allí vimos. Era la imagen en un esejo de mi cuarto. No entendiamos nada. Miramos entonces la pared del agujero y allí no había ninguna señal, ningún agujero, ningún hueco, ni siquiera un rasguño. No entendiamos nada asi que nos volvimos por donde habíamos venido.

En mi cuarto continuaba el agujero, cada vez más grande, del tamaño de una moneda de dos euros. No había residuo ninguno en el suelo. Misterio. Pero ya no había nada más que indagar o ver así que me pidió que le invitase a un chupito de whisky y yo me tome otro. Al final se fue a ver el futbol al bar de siempre y yo me quede sola otra vez proponiéndome no mirar más el agujero ni volver a pensar nunca más en él. Me puse a estudiar en serio y no sé si pasaron una hora o dos, quizás tres, no lo recuerdo. De pronto sentí un estruendo, mire y vi un gran agujero en la pared y sentí una fuerza extraña que me absorbía y tiraba de mi. Y otra vez estaba en mi cuarto, como siempre. Pero dicen o he oído por ahí no sé donde porque no he vuelto a salir que yo un día desaparecí sin dejar rastro.

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3 comentarios »

  1. Esta entrada me ha gustado mucho, tiene muy buen ritmo y las últimas líneas son deliciosas. La foto también es magnífica, no sabría decir especialmente por qué.

    Comentario por Hârum — 17 junio 2010 @ 21:03 | Responder

  2. La leche, que intranquilidad¡¡ Ya mismo me voy a la ferretería a comprar un bote de masilla, que últimamente tengo unas grietecillas un poco sospechosas…

    Genial el relato Chispi¡¡

    Besotess

    Comentario por Sinuhé — 17 junio 2010 @ 21:03 | Responder

  3. Por cierto, de diez esa foto. ;D

    Comentario por Sinuhé — 17 junio 2010 @ 21:03 | Responder


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