Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

24 marzo 2010

Haciendo. Deshaciendo.

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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O no quedará nada.

¡Todavía puede arder París!  No, fue Roma lo que ardió, la incendió Nerón, o eso dice la historia. A saber, porque yo creo que los historiadores a veces se inventan las cosas ¿No? O ¿Si? Ya no me creo nada de lo que me cuentan, eso me pasa  por ser golosa, me ponen un steak tartare delante y me entrego con pasión desenfrenada y lascivia. Si, bueno, y no  me conformo sólo con eso,  la mayoría de las veces quiero también postre y es o eso, o ser cortesana, una de dos. O me toca fregar los platos y después tengo que guardar los huesos del pollo asado para hacer una sopa para la noche. Si, como en el autobús, la pizzeria, el choni ese 
francés o italiano que vivía con los vecinos, el flipao, el porreta… En que, desde mi poca para unas cosas o mucha para otras, digo que a la persona que le gusta tener miedo no superará nada. Si eres rebelde lo más fácil es que te claves muchas espinas de las rosas esas que me producen mil estornudos, pero ¿quién ha dicho que la vida sea fácil o divertida? Y es fácil que tenga miedo, pero no por ello seré una cobarde. Al toro por los cuernos ¡pobre animal! es mejor sentir temor, y respetar a los demás por ello. Ver en todo lo positivo y pensar como sería si tuviésemos que llevar la cara tapada como las afganas u otras musulmanas. No tendría que gastar dinero en ropa, ni lavarme todos los días el pelo. Y seguro que nadie me diría “Niña, estas muy flaca”, no me lo apreciarían o me metería relleno y no se notaría. Y eso de ser mujer objeto ¡nada! ¡nada de nada! “La ventaja, la comodidad y el letargo”¡Qué miedo dan y cuánto acechan! Yo creo que he mutado, cada vez que oigo algo de este tipo mis orejas se convierten en branquias. Hoy me dormiré con la “Piel fría”  la historia de esa isla en la que acechan todas las noches esos monstruos que se quieren comer al protagonista. el mejor de los tiempos, el peor de ellos. La edad de la tontería o de la gilipollez. Creer o no creerte, ya no te creo y se acabo la temporada de la luz pero tampoco llego la de la oscuridad, sólo es que se acabó, se terminó entre la necesidad de sobrevivir y la preocupación por unos zapatos rojos mojados por la lluvia.

¿Por qué teniendo  suficiente aire me ahogo? antes prefería soñar… ahora no lo sé, todo está del revés y aún así luce el sol. Con astucia se amordaza  el miedo y el  infortunio se convierta en mi mejor arma “Amando el desengaño” Mi chico favorito no sabe que escribo, no sabe nada y no es que me de miedo que lea, me da vergüenza. Quizás nunca lo llegue a saber o quizás si porque se acabó la historia de aquel fantasma. Con lo bonito que era salir a la luz de día y recogerse de madrugada, llegar al  amanecer y sin hombre de la mano, inmersa en el arte de hacer y deshacer una y otra vez sin limitaciones de tiempo ni preocupación por los resultados. Llegar con resaca y cuando te levantas sentirte morir. Ya no bebo ni fumo porros,  no tomaré esa cerveza, ni ese piti para reírme.  Ya no quiero. Me divierto igual sin nada de esto, sin dejar de ser una prioridad y multiplicando alas, cambiado branquias por pulmones, originando miles de ojos. Las cosas así carecen de una explicación racional, me  gustaba jugar con mariposas, pero cada vez que la  cazaba  se moría.

Y no arderá París, es una película antigua de Clement, el guión de Coppola y algunos más, basada en la novela de Dominique LaPierre y Larry Collins que no es muy buena pero sirve para ver en el sofá tapada con una manta mientras fuera hace frío y aprender como no se deben hacer escenas chapuceras como cosas espectaculares, el barrido con la cámara al parís de los años sesenta. Siempre nos quedará París, como en Casablanca.

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1 comentario »

  1. Los capullos de gusano se transforman en mariposas. Odio las mariposas, por razones tal vez freudianas siempre he preferido los gusanos. Tal vez porque surgen de la putrefacción. Tal vez porque la gente los mira con cierto asco, o los utiliza para pescar y así alimentar, o tal vez porque son como las polillas, feas, suicidas, que acuden a la luz que les deslumbra pero que, en el final, lo que hacen es atorarse en su propio camino de destrucción. Pero, aún así, vuelan. Y volar, a veces, es lo que nos queda. París, o Roma, o lo que llevamos dentro, que arda, que arda continuamente. Hitler no consiguió hacer arder París. Nerón tampoco (falacias de pseudohistoriadores, créeme, algo sé del asunto). Sin llamas, no obstante, se puede hacer arder una ciudad. También algo sé, aunque no mucho.

    Comentario por Hârum — 25 marzo 2010 @ 21:03 | Responder


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