Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

30 marzo 2010

Locuras o sueños

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Pensé en Nueva York. En Praga. En La Habana. Meterme en un avión que me llevase lejos de este sitio. Me imagine en París. Arrebatada por la idea de vivir en otro lado, otra vida y escapar del lugar ese donde todos son tan frikis como yo,  me quede dormida viendo el Señor de los anillos, de la saga de George Lucas sólo he visto película y media y únicamente he jugado al rol cuando me veo obligada por las circunstancias. Bloqueo de sentimientos.  De manera provocada y a conciencia  me bloqueo mentalmente, en ese bloqueo disfruto y  siento muchas cosas ¿Quieres saber qué? No te lo diré.   Oye pájaro ¿qué haces, dónde vuelas? ¡Mira qué no verte, tiene delito! Hace mucho que no sé de ti.  ¿Tienes novia? ¿Te haces pajas? ¿Sales a menudo? ¿Perfume o colonia? ¡Cuéntame!

En Nueva York. En Madrid. Ni una sola vez me vi paseando por las avenidas, contemplando el mar sentada sobre la arena, rallándome  encima de una roca o al pie de un acantilado. Tenía cuentas que ajustar conmigo misma.

Era la distinción de esa tipografía, la procacidad y elegancia de sus contornos. La confusión del autor al crearla y la sutileza del espectador al elegirla. Ese fondo rojo con esa palabra en verde  simbolizaba el esplendor de lo escueto, de lo sobrio. Se exponía la limpieza del autor y el saber del diseñador. De quién era  ese momento. No sé de quien es esta frase “Nos enamoramos cuando sobre otra persona nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones” y quizás sea verdad pero todavía no lo sé. No es que llame a mis novios tontos aunque   uno de ellos me llamo “Desperada” delante de su amigo, eso  tuvo su gracia porque prefería al amigo. Me refiero a que todos nuestros actos creativos formulan  lo que tenemos en la  conciencia, quiénes somos en ese momento, en un sentido profundo.

No es viable huir de si mismo. Ya podía subir a  todos los trenes y cansarme de ver campos,  a los aviones y remontar  las nubes,  en barcos atravesando océanos y meciéndome con el movimiento de las olas, allí donde fuera llevaría a cuestas esa cosa rebelde que destila  irritación y ahogo. Dando una y mil vueltas hasta que destrozo lo hecho y me quedo sin nada.  Pero estaba harta de desmenuzar mis pensamientos en un  rincón de mi habitación. Cuando la pasión te encandila suceden cosas extraordinarias. Tenía que irme. Donde fuera. A cualquier sitio.  Lejos. Cómo quedarse sin nada. Son esos momentos en los que desearías que el CTRL+ X  durará desde que inicias el programa.  Quiero un ctrl+X para  toda la vida  o irme al pueblo de al lado. Eso no es lo  importante. Debería   irme a otro sitio. No importa donde.
Volví a casa . Al bonito barrio donde vivo y  puede que pretendiese  volver el tiempo atrás, a aquellos años del colegio o del instituto y después ya sabiendo lo que sé que es muy poco, volver al presente ya aclarado  todo el cuerpo y el alma y con todas las opciones  nuevas para no malgastarlas.

Parece  ser que la ansiedad es compañera de la creatividad. O dicho de otra manera:”La ansiedad es insoportable”. Sólo espero que dure siempre  porque te
recuerdo que un pringado de discoteca en Holywood no es un ingeniero, ni artista contemporáneo, ni tampoco diseñador de renombre. Pero  no me voy a poner a hablar de porteros, hoy no toca creo. Me como tu amor y cago en el infierno.  El beso que me soplas huele alcohol del malo. Di vueltas por la ciudad. De vez en cuando  es bueno enloquecer de deseo por alguien y sentir que ese alguien siente lo mismo.

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24 marzo 2010

Haciendo. Deshaciendo.

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O no quedará nada.

¡Todavía puede arder París!  No, fue Roma lo que ardió, la incendió Nerón, o eso dice la historia. A saber, porque yo creo que los historiadores a veces se inventan las cosas ¿No? O ¿Si? Ya no me creo nada de lo que me cuentan, eso me pasa  por ser golosa, me ponen un steak tartare delante y me entrego con pasión desenfrenada y lascivia. Si, bueno, y no  me conformo sólo con eso,  la mayoría de las veces quiero también postre y es o eso, o ser cortesana, una de dos. O me toca fregar los platos y después tengo que guardar los huesos del pollo asado para hacer una sopa para la noche. Si, como en el autobús, la pizzeria, el choni ese 
francés o italiano que vivía con los vecinos, el flipao, el porreta… En que, desde mi poca para unas cosas o mucha para otras, digo que a la persona que le gusta tener miedo no superará nada. Si eres rebelde lo más fácil es que te claves muchas espinas de las rosas esas que me producen mil estornudos, pero ¿quién ha dicho que la vida sea fácil o divertida? Y es fácil que tenga miedo, pero no por ello seré una cobarde. Al toro por los cuernos ¡pobre animal! es mejor sentir temor, y respetar a los demás por ello. Ver en todo lo positivo y pensar como sería si tuviésemos que llevar la cara tapada como las afganas u otras musulmanas. No tendría que gastar dinero en ropa, ni lavarme todos los días el pelo. Y seguro que nadie me diría “Niña, estas muy flaca”, no me lo apreciarían o me metería relleno y no se notaría. Y eso de ser mujer objeto ¡nada! ¡nada de nada! “La ventaja, la comodidad y el letargo”¡Qué miedo dan y cuánto acechan! Yo creo que he mutado, cada vez que oigo algo de este tipo mis orejas se convierten en branquias. Hoy me dormiré con la “Piel fría”  la historia de esa isla en la que acechan todas las noches esos monstruos que se quieren comer al protagonista. el mejor de los tiempos, el peor de ellos. La edad de la tontería o de la gilipollez. Creer o no creerte, ya no te creo y se acabo la temporada de la luz pero tampoco llego la de la oscuridad, sólo es que se acabó, se terminó entre la necesidad de sobrevivir y la preocupación por unos zapatos rojos mojados por la lluvia.

¿Por qué teniendo  suficiente aire me ahogo? antes prefería soñar… ahora no lo sé, todo está del revés y aún así luce el sol. Con astucia se amordaza  el miedo y el  infortunio se convierta en mi mejor arma “Amando el desengaño” Mi chico favorito no sabe que escribo, no sabe nada y no es que me de miedo que lea, me da vergüenza. Quizás nunca lo llegue a saber o quizás si porque se acabó la historia de aquel fantasma. Con lo bonito que era salir a la luz de día y recogerse de madrugada, llegar al  amanecer y sin hombre de la mano, inmersa en el arte de hacer y deshacer una y otra vez sin limitaciones de tiempo ni preocupación por los resultados. Llegar con resaca y cuando te levantas sentirte morir. Ya no bebo ni fumo porros,  no tomaré esa cerveza, ni ese piti para reírme.  Ya no quiero. Me divierto igual sin nada de esto, sin dejar de ser una prioridad y multiplicando alas, cambiado branquias por pulmones, originando miles de ojos. Las cosas así carecen de una explicación racional, me  gustaba jugar con mariposas, pero cada vez que la  cazaba  se moría.

Y no arderá París, es una película antigua de Clement, el guión de Coppola y algunos más, basada en la novela de Dominique LaPierre y Larry Collins que no es muy buena pero sirve para ver en el sofá tapada con una manta mientras fuera hace frío y aprender como no se deben hacer escenas chapuceras como cosas espectaculares, el barrido con la cámara al parís de los años sesenta. Siempre nos quedará París, como en Casablanca.

17 marzo 2010

Y pediré un deseo. Deseo que tengas corazón

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Todo está apagado, he oído un ruido en el otro cuarto, pero  ahora todo está tranquilo en el piso, excepto el tic-tac de un  reloj y el zumbido del frigorífico. No soy una veleta, no soy la clase de chica que cambia de opinión como la ropa interior, pero ya nunca sabrás lo que realmente pienso, ni que siento. Mi cuarto sólo está iluminado por la lámpara de color amarillo que está en frente de la ventana y acabo de darme una ducha de invierno con agua muy caliente. Veo por la ventana la del vecino ahí siempre asomado que me debe ver envuelta en la toalla con el pelo mojado ¿Entonces? No me importa lo que pueda ver, ni lo que pueda hacer, ni lo que pueda pensar. Es mi vida y yo aprendo sin preocuparme de la mirada de otros.

Volver a escribir palabras vacías.  He vaciado mi cerebro y ahora me siento un poco más ligera y lo lleno con otras cosas que me molan.  Yo no fui, es sólo un flash, una insuficiencia, una erupción permaneció en el estómago durante mucho tiempo. Creo que va a seguir siendo, porque no es capaz de liberarse. ¿Qué he hecho? ¿Dónde he estado?

Estoy en mi vida, la llevo como puedo intentado no sufrir, riéndome todo lo que puedo, no me importan los prejuicios de la gente, los rumores, no me importan muchas cosas. Con el tiempo he aprendido a distinguir lo bueno y lo malo y veo la realidad que es bonita, dulce, mejor que aquel sueño que hacía daño.

Con el tiempo he aprendido a distinguir entre lo bueno y lo malo, la buena compatibilidad entre el pan  y el queso, y el amor entre enamorados, entre críticas e insultos, entre los consejos y órdenes. Por supuesto que me encanta ir y venir, por supuesto que lo necesitan para pasar a disfrutar, pero uno de los placeres más intensos sé que es la presencia de un tío inmóvil y yo. ¿Dónde está lo que yo quería decir? Oigo otra vez esos ruidos que me recuerdan una vez, hace muchos años cuando me escondí con mi primo debajo de las faldas de una mesa porque no queríamos ir a la ciudad, llovía. Estando allí escondidos oímos esos mismos ruidos, al mirar por debajo de las telas vimos a una prima mayor que nosotros que estaba medio desnuda tumbada en el sofá y tenía a su novio encima. A ver si la próxima vez que la vea se lo cuento. ¿Qué pasó? Yo no recuerdo nada.  Confusos recuerdos, rostros, voces, vagones de  metro, convierte a todos y luego se detiene, los taxis, las noches de verano, el mar, sombrillas, risas, risa, risas, y la piel bronceada, la piel  y salpicaduras de agua clara.

Lo siento, estoy perdida en mis pensamientos, excepto que yo escribo lo que me viene a la cabeza ¿Dónde está lo que yo quería decir? Recuerdo aquel día debajo de la mesa, no entendía bien lo que significaba. Mi primo se quedo callado sin antes decirme que no mirase pero yo miraba. Aquello me pareció bonito, parecían locos de felicidad.

Y la música, la música, la música y el mar, los barcos, caminar sobre las rocas,   subir al faro y ver  la salida del sol que no soy yo sino también el amanecer que soy y estoy de vuelta y no volver y no volver nunca más, porque he cambiado.  He cambiado. Algo ha cambiado. Y  algo que ha pasado, pero yo no recuerdo  que me ha cambiado. Tal vez mejor. No lo sé.  No sé.

Me doy cuenta que anoche pensé cosas raras y hace un tiempo también pero sigo siendo pequeña aunque bailo una danza de fuego y hielo, me siento bien. Otras veces me viene un sentimiento de culpabilidad y de pelearme con mi reflejo en el espejo. Sin embargo ahora acabo de salir de la ducha y cuando se seco el vaho en el espejo vi aparecer algo raro. Así que ya no es lo que era antes, ya nada es igual, todo es diferente.

Estoy segura. Y tal vez tenía que ocurrir, o tal vez nunca ocurrió, son cosas que me he imaginado o he soñado. ¿Qué?  ¿Qué has imaginado?  No lo sé, no sé.
He confundido los recuerdos, se perdió, se desvaneció, se fundieron y solo queda lo real que me gusta más.
No lo  recuerdo. Me gustaría recordar. Quizás lo haría si los malos recuerdos ahora no tapasen los buenos ¿Qué puedo decir?  Que no he entendido nada y que me gustaría entender qué es lo que ha pasado. No estoy triste, la vida es bella, soy feliz. Tal vez de nuevo en otro momento. Ya nada volverá a ser como antes pero intento quedarme con lo bueno y algo no me deja.

10 marzo 2010

Una noche para soñar

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La otra noche que hacía mucho frío no me apeteció salir y me quedé sola en casa viendo una película que había sacado de la biblioteca,  “ Cuatro noches para un soñador” de Bresson, es una película que tiene unos personajes muy interesantes ¿Qué otra cosa cabría esperar cuando está basada en una obra de  Dostoievsky? Restando las señales hacia el exterior del amor, la película nos da una más aguda visión de cómo afecta al alma,  típico del cine de Bresson,  atraído por las cosas espirituales en lugar de las cosas corporales.  El resultado  me ha resultado apasionante y sorprendente. Es como si te estrellases dolorosamente en cada fotograma.

Esa noche veía la película en el salón delante del amplio ventanal con las cortinas corridas para poder ver mejor la calle, oír las pisadas de la gente, las bocinas de los coches, los gritos de los vecinos y así sentir que estaba en este mundo. Y de repente en un lapsus deje de ver la película y dirigí mis ojos a la ventana ¡Nevaba! Otra vez nevaba en este frío invierno, pero sentía una sensación agradable y cómoda mientras me acurrucaba más en el sofá y me tapaba con la manta, sintiendo esa sensación caliente y difusa  volvía a prestarle toda la atención debida a la película. ¿Cuál es la historia de Jacques? un pintor que parece tener problemas para encontrar el amor. Él admite que él nunca se ha enamorado de una mujer, sino de una mujer ideal.

Hacía la medianoche todavía no había llegado nadie a casa, seguía sola y no sé porqué empecé a sentirme incomoda. Me dieron ganas de llamar a alguien, pero cómo iba a hacer eso y pensé que ya soy mayor y puedo cuidar de mi misma sin necesitar a nadie. Una larga escalera conecta la calle y lo captura la cámara en lugar de esconderse. Allí, tesoro de los relojes deslizados detrás de un pedestal,  aquí, tesoro de los sueños confiados al   magnetofón,  brotes de un amor vivo e inocente.

La televisión está en una esquina, al lado del ventanal, las cortinas aunque recogidas se mueven, entra aire frío de la calle por las rendijas que deja el marco de la vieja ventana y volví a mirar la calle, seguía nevando y algo se movía allí fuera.

En una escena, Jacques echa un vistazo sobre las compras de una  chica hermosa y como ella anda por delante, decide acecharla hasta que otra mujer hermosa pase a su imaginación, para la cual él cambia los objetivos. Jacques es definitivamente un soñador y vive en una fantasía que él ha creado para él, y  no ha perfeccionado bastante.

A través de la oscuridad y la nieve que cae, se podía distinguir la figura de un hombre, caminando hacia la ventana. A medida que se acercaba más y más fui capaz de distinguir su rostro y me empezó a entrar  un miedo irresistible, pánico.  El rostro del hombre era horrible, sus ojos eran salvajes, de loco y su sonrisa era maliciosa. Estaba muy asustada, tiré de la manta y me la puse por encima de la cabeza intentando ocultarme sin moverme apenas.

Jacques es enamoradizo, pero  soñador. Sigue a las chicas por la calle. Hurta miradas, contempla a sus musas en reflejos de  los cristales.

Pero no podía seguir así, necesitaba mirar y ver que pasaba así que tiré un poco de la manta y asomé un ojo. El hombre todavía estaba allí, en la terraza mirándome allí, de pie con la nieve cayéndole encima. Vi como metía su mano dentro de su abrigo y sacaba un cuchillo largo que me pareció muy afilado.

Aterrorizada volví a taparme entera con la manta para que  pensase que lo que había allí no eran más que un montón de mantas tiradas encima de un sofá, me las arreglé para sin moverme apenas meter la mano lentamente en mi bolsillo y poder sacar el móvil. Llamé a mis vecinos, podía oír que estaban en su casa haciendo como es su costumbre el botellón de los sábados y contuve la respiración mientras esperaba respuesta. Los personajes se liberan de los datos  para explorar las escenas a través de la edición lo que hace que en el mundo sólo existan como virtuales. Oí que me respondían e inmediatamente susurré: “Hay un hombre fuera de mi ventana.  Tiene un cuchillo.  Por favor, ven pronto. “

Permanecí inmóvil debajo de la manta sintiendo como  el tiempo trascurría, asustada, temblando hasta que oí pasos en el pasillo y el timbre de la puerta. Salí debajo de la manta y fui corriendo a abrir, dejando entrar a mis amigos, señalándoles el salón casi sin poder emitir una palabra. Abrieron la puerta de la terraza y vieron que allí no había nadie, estaba vacía mientras yo les decía con palabras entrecortadas  “Es-ta-ba  ahí”, señalando la terraza cubierta de nieve.

Compartidas entre el realismo y la abstracción, entre el ojo y la foto borrosa deja en claro sobre la situación de los personajes  que se reparten entre la poesía, el desbordamiento de los deseos en conflicto, no formulados e irrealizables que viven en sus corazones, y la prosa, la dureza del mundo en el que estos vienen los deseos.
“Eso no es posible”, dijo uno de mis amigos. “No hay huellas de pisadas en la nieve, si alguien hubiese estado las habría dejado”

“Pero  estaba allí de pie, mirándome “, dije “Lo vi con mis propios ojos”.

“Sabes que los ojos pueden jugar malas pasadas” dijo otro amigo con voz socarrona “Puede que últimamente hayas visto demasiadas películas de miedo”

Estaban medio borrachos ya, así que enseguida se marcharon para continuar la fiesta sin antes decirme si me apuntaba a lo que les dije que mejor otro día. Tenía sueño y quería irme a dormir pronto así que volví al salón apagué la tele y cogí la manta. Allí, debajo de la manta estaba el hombre aquel que me miró con cara de sádico, en la alfombra había un rastro de huellas mojadas y en la mano sostenía el cuchillo y me amenazaba.

Uno de los lemas de Bresson  es “Retocar lo real con lo real para producir otra cosa”

5 marzo 2010

En el espejo

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Hace dos o quizás tres días me levante después de una noche llena de pesadillas y me miré en el espejo, ese nuevo que me regalaron por mi cumpleaños en el que me veo de cuerpo entero y me vi en el otro lado. La realidad supera a la ficción, soy como nunca pensé que sería.  Abrí la boca y me dije: “¡Joder, pero si no soy yo!” Y es que llevaba un tiempo sin mirarme fijamente en él. Mi cara, la que antes casi me sabía de memoria, rodeada por un pelo rubio aprehendido por unas trenzas que me hago para dormir y  no se enrede, mis labios que cuando sonrío ligeramente dejan aparecer un diente que tengo levemente torcido ya no eran como antes.

Llevaba días sin mirarme apenas,  sólo miraba mi silueta para ver como me queda conjuntada la ropa que llevo. Esa mañana me dio por mirarme en serio y si, advertí que no era yo o más bien reparé en qué me había convertido o me di cuenta que no soy el  elemento que creía ser.

No, no soy nadie, no soy más que un video juego.

Es inevitable  que me detenga  y me pregunte el porqué de tal sensación errónea que  tenía antes de mi. Sólo era una existencia que fue y dejo de ser, de esas sensaciones  desacertadas favorecidas en fundamentos sin duda indiscutibles,  imaginándome distinta en un futuro que nunca llegaba, que nunca llegará ya y  me sosegué para coger un poco más de aire encontrándome con que esto ya no es el pasado, ni el presente, sino que me acerqué más y más a la luna que tenía delante enmarcada en una especie de madera pintada de blanco y  lancé un grito de alarma o más bien de desesperación e impotencia, al final llore y lloré, lloré amargamente.
Cuando me calmé y me puse a pensar en lo que estaba pasando, me di cuenta que era mejor no ponerme triste ¿Para qué? Si soy un juego sólo servirá para aumentar mi experiencia, cada día que juegue seré más hábil y más diestra, iré pasando pantallas y salvando obstáculos que si fuese persona no sabría hacerlo, al final deslumbrará mi conocimiento o  se acrecentará mi locura.

No importa. Soy un juego, un juego que hace reír y después hace llorar.
Era un juego adictivo, pero dejo de serlo y tenía la ventaja frente a otros juegos de que era gratuito, sólo ser o querer ser, ser yo misma siempre aunque los zapatos me queden grandes y me tropiece con todo lo que tengo por delante.

Sólo soy un juego, un juego que me obligaba a jugar sin que nadie me viese, algo de lo que nunca me arrepentiré mientras viva. Allí mirándome fijamente en el espejo vi un botón que ponía play, apreté y deje mi dedo señalado en el cristal frío y después de esperar unos segundos apareció una pantalla que ponía GAME OVER.

Si, el juego se había acabado, ya había pasado todas las pantallas y no se podía volver al principio.

3 marzo 2010

Encerrada

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¡Silencio! Oigo pasos que se acercan. Estoy rodeado por una espesa capa de niebla.

Están todavía muy lejos. No veo nada a mi alrededor. Tiemblo ligeramente, hace frío.

¿Vienen por mí?

Me restriego los dedos anquilosados para calentármelos. Mi aliento sale como humo, es vaho. Flota en el aire un leve olor a moho, a sucio, a viejo. Miro mis pies pero no los distingo, en ese velo espeso y grisáceo. Siento corrientes por mi cuerpo encogido, cubierto con sollozos devastadores en el corazón y el alma.

No sé lo que estoy haciendo aquí. Ellos me dijeron que yo lo maté. No me acuerdo.

Dejo que mi mente vague,  son cosas que no puedo ver, que ya no puedo sentir. Sólo veo un cuchillo. Me obligo a pensar en otra cosa.

El olor a descomposición  es cada vez más fuerte, y sigo oyendo  en la distancia unos pasos. Quisiera correr junto a él, a su lado en un campo de margaritas y amapolas. Un campo lleno de mariposas de muchos colores, de felicidad, volar al cielo. Un cielo limpio que incite a bailar, un baile lleno de alegría.

¿Es posible hacer algo  que no recuerdas? Estaba corriendo por una calle solitaria, vacía y al momento estoy entre cuatro paredes, detrás de unas rejas, tumbada en una cama dura, dura como una piedra. Dura como mi nuevo corazón, roca de granito gris. No lo sé, no paso nada o eso creo. No recuerdo. Pero al parecer hay testigos.

Estoy tumbada en algo oscuro y frío, solo veo una tenue luz que parece venir de lejos, siento la penumbra, la palpo con mis manos. Parpadeo e intento reponerme para entender dónde estoy y por qué. De repente todo vuelve a mi cabeza, me siento rápidamente. Siento  un golpe. Subo hasta el techo, gimo, lloro y se hunde el suelo. El golpe parece despertar mi cuerpo y mi alma empieza a gritar su descontento. Me duele todo, cada gesto que hago es un suplicio. Me golpeo contra la pared y de mi cara  sale una mueca rara, es un recuerdo, es la memoria. En ese momento aparece un dolor en mi cabeza, me duele el alma. Es una tortura. Aquello era una tortura. Levanto las manos y me sujeto la cabeza para protegerla de la violencia. Pero el ataque no vino de fuera. Está dentro, millones de agujas se me clavan haciendo agujeros en todas las direcciones. El dolor es insoportable e intento aliviarlo frotando suavemente las sienes. Noto en mis dedos la sangre seca, en mi pelo. Pero entonces, al igual que mis alas están rotas, pesa la gravedad, los fragmentos en las profundidades y la oscuridad de la pena. Arranco un trozo de mi vestido de seda, mis alas, un pedazo de ellas y luego pienso “Efímero, todo es efímero, las mariposas, la vida, el amor”

¿Qué he hecho?  Pero, ¿qué he hecho?  Y ahora es el momento en que vendrán a buscarme.
El guardia me llevó a comer y me dijo: “Come todo, que será lo último”

No sé cuanto tiempo llevo en este calabozo. ¿Un mes? ¿Cuatro años?¿Tal vez las dos cosas? ¿Diez? Imposible saberlo.

De pronto apareció alguien en aquel agujero, no dijo nada pero mi cuerpo dolorido y yo nos despertamos, me levante y me golpeó otra vez la pared cuando abrí la boca.

Me di cuenta por primera vez y entendí desde su tono de voz que era él quien había hablado en mi sueño.  Volví a caer al fondo. Él no se movió y me miro. No sé por qué, pero me asusté, no me inspiraba confianza ¿Por qué se escondía  si no tenía nada que ocultar?

– No te preocupes, no voy a hacerte daño.

– ¿Cómo puedo creerte? Susurré entre dientes.

–  Siempre puedes volver a la superficie, si lo prefieres. Sonrío

–       No, está bien.

–       Yo me quedo aquí.

Sonrió aún más.

– Quería esperar hasta que te despiertes, que te saquen a ti

– ¿No sientes nada?

Esta húmedo.

Me tiendo una vez más en la cama que ocupa tres cuartas partes del antro.

Los pasos que se acercaban.

Un corredor llave en la cerradura.

Mis gritos se habían convertido en súplica baja, mientras que el dolor en mi cabeza se intensificó.

Si me levantaba perdería  pie de nuevo, tuve que me relajarme de inmediato, de lo contrario me iba a caer en el suelo otra vez.

Él parecía entender desde los dos movimientos rápidos y delicados, que estaba a mi lado y clavó los ojos en los míos:

– Mírame a mí, ¿ ves mal?

Me miró intensamente, más allá de lo permitido. Miró a su alrededor, y sentí como me  traicionaba.

Pero él parecía estar en perfecto estado de salud, era fuerte.

Comencé a dudar y me preguntó de nuevo:

– Entonces ¿tengo pinta de débil?

– No, murmuré.

Bueno, entonces se relájate.  Relájate  y escucha.

Cerré los ojos unos segundos y traté de vaciar mi mente.

–       Estás en una cueva, un pequeño túnel.

–       Ha sido construido por mis amigos y yo para conectarte  con el mundo exterior.

Me quedé inmóvil y sentí resurgir el pánico.

Antes de que pudiera protestar se puso  delante de mí y me agarró las manos para ayudar a moverme.

– Cálmate. Te dije que lo haría ningún daño.

Un disparo. Clac. Dos disparos. Clac. Tres disparos. Clic.

La puerta se abre.

Un pequeño grupo de personas vestidas de negro fatídico están fuera. Ellos me  hablan, pero no entiendo nada. Seguro que es una locura.

Sentí como tiraba de mi, agarrándome por las manos y diciéndome que si me daba prisa saldría de esa cueva.

-¿Dónde está la salida? Le pregunté angustiada, mientras veía a lo lejos un haz de luz y le señalaba el lugar.

Pero él me empujo hacia el otro lado fuertemente.

–       Nosotros vamos a otro sitio, más abajo. Dijo con la misma sonrisa.

Quería matarme, estaba claro y si no lo había hecho antes no tardaría en hacerlo porque me había lanzado a un mundo devastado e inhabitable  donde no había aire más que para pocos minutos.

Sentía en ese momento mi cabeza vacía. Entonces, nada,  no había nada. Sólo un agujero negro que me había absorbido.

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