Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

25 febrero 2010

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: ,

Un silencio. Diferente, distinto. Un simple silencio. Todo tan simple y a la vez complejo ¿Por qué? En la distancia no hay viento ¿Dónde estaba? Etéreo. No hay nada,  fue. Un grito. Silencio.

Me contesto el silencio, un silencio diferente. Silencio.

Me respondió mi propia voz  gritando una y otra vez. Y otra vez. ¿De dónde viene el silencio? Pensé.

Me asusté. No hay nada a mi alrededor. O de lo que vi. De lo que sentí. Cerré los ojos, olvidar. Quiero echar lejos mis recuerdos ¿Dónde estoy? Rojo.

Lo vi cuando cerré los ojos. Un castigo. Si. No, no hice nada.

¿La sangre no es así? ¿Dónde estoy? No. Sí. ¿De dónde  viene? ¿Estoy herida?

Este sentimiento. No puedo explicarlo. ! Quiero !

Abro los ojos. No se oye nada ¿Cómo? ¿Cómo pueden las olas del mar no hacer ruido? Ni siquiera un susurro.  Tiene que ser irreal, sólo un mal sueño. No. Si. Fue. Simplemente era.

Me acerqué a él. Y  sin embargo ¿Esto? Y sin embargo me sentía sin vida. Todo estaba muerto ¿Es así la muerte? No. Demuéstralo. No hay gritos infernales, gritos de tormentos. Evidentemente. Reflexioné. Yo lo sabía.

La sangre ¿Venía de la frente? No. Del corazón. Una herida. Me puse la mano allí, la sentí mojada y empecé a retroceder. No podía ser real. No. La sangre.

Me estremecí. Frío. Un temblor sin vida ¿Ruido? Por supuesto que no. Silencio. Lo veo. Doy un paso. Otro. Y otro. Intento ir a un lugar más cercano. Camino. Me muevo para poder continuar.

20 febrero 2010

Confesión

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: ,

Terminé de leer el libro y lo dejé encima de la cama. Me había gustado y pensé que esa noche cuando volviese a casa antes de dormirme volvería a leer algunas páginas para fijarlas un poco más en mi mente y adormecerme así, sin tener que pensar en nada.

Me fui al baño y me duche, me sequé el pelo, me hice un moño alto que sujete con unos ganchos afilados y largos. Después me puse mi mejor vestido, uno negro de seda, suave al tacto, ajustado y con un gran escote en la espalda y mis zapatos de tacón, los más altos. Me di un poco de brillo en los labios y me hice una raya fina alrededor de los ojos con un lápiz verde oscuro que hace juego con ellos.

Ya estaba preparada para ir a su cumpleaños. Salí de casa y camine por las calles siempre llenas de gente con el regalo en la mano. No sentía gran cosa, sólo estrés en el corazón, tensión. El miedo estaba en mi garganta. Me sentía un poco mareada. Llegue pronto, como de costumbre y él salió a abrirme la puerta, me acogió con sus brazos abiertos, me abrazó tiernamente y me dio un beso.

Sonaba la música, bailamos, con los nervios destrozados me agarré fuerte a él y le deseé con voz débil “Feliz cumpleaños”. Me beso,  sonó el timbre en la puerta, comenzaba el desfile de invitados. Me puse a controlar las mesas, sillas, las bebidas, los hielos y seguía llegando gente a la que saludar y poner una sonrisa y él en cuanto podía se acercaba, en un suave abrazo me susurraba al oído cosas bonitas o me preguntaba que tal me lo estaba pasando.

Comimos, bebimos, bailamos y seguimos bebiendo y bailando, riendo y yo cuando podía me acurrucaba a su lado para sentir su calor, ese suave aroma a bien estar que emanaba de su cuerpo. Le dieron los regalos y yo preferí guardar el mío para cuando estuviésemos solos, mejor dárselo en la intimidad de su cuarto.

Y la música sonaba, la ponía cualquiera así que era para todos los gustos, cada uno ponía su canción favorita. De repente se apagó la música y alguien propuso un brindis por el homenajeado. Una chica de pelo negro y muy largo lo agarraba por la cintura y lo miraba con ojos de tiburón al acecho pero él me miraba a mi y me sonreía. Todos gritaban y bailaban. Yo sonreía y apoyaba mi cabeza en su hombro, me sentía a gusto, aunque un poco mareada por lo que había bebido. La tensión dentro de mi subía poco a poco , la sangre latía dentro y notaba las palpitaciones de mi corazón cada vez más rápidas. Me apetecía escapar de allí con él, estar en un lugar donde estuviésemos solos por un rato.

No esperé más, para qué. Le susurre al oído con timidez: “¿Podemos ir a algún sitio para estar solos y te doy mi regalo? Él asintió con la cabeza y abandonamos el abarrotado salón destino a su cuarto abrazados y con mi cabeza apoyada en su hombro. Todos miraban, me sentí un poco incómoda.

Entramos en el cuarto y echo llave,  era grande con las paredes pintadas de azul cielo despejado, pósters de sus grupos favoritos en las paredes, su mesa llena papeles, una estantería llena de libros y  cómics, una tele y enchufada a ella la Psp o alguna máquina de esas parecidas. Su portátil encima de la cama, lo quitó de allí y me dijo que veía películas en él tumbado en la cama. Al final se sentó en ella y le dio una palmadita para que me sentase a su lado. Nos besamos un rato y después lo paré y le dije que le quería dar mi regalo. Se lo di y empezó a abrirlo, era torpe y  no conseguía quitar el papel así que le dije que mejor lo haría yo. Lo desenvolví lentamente mientras paraba porque me besaba y seguía desenvolviendo aquel artilugio que tan bien me habían preparado en la tienda. “Espero que te guste” le decía modosamente y el me decía que como no me iba a gustar algo que había elegido yo. Al final conseguí sacar el papel, pero había una caja, desenganché el celo que sujetaba la tapa y nos volvíamos a besar ansiosamente, cada vez con más ganas. Nuestros cuerpos hablaban. Al final saqué su regalo de la caja que venía envuelto en una bolsa de plástico y por fin y se lo enseñé.

“Un cuchillo” me dijo con cara asombrada. “Si, un cuchillo” agarrándolo fuertemente con mi mano. Y en ese mismo momento se lo encaje entre las costillas a la altura del corazón, empezó a salir sangre, me manche las manos y un poco la ropa y el me miraba desencajado, con cara de no creerse lo que le estaba pasando mientras se iba derrumbado encima de la cama como un títere al que le han cortado las cuerdas.

Entonces salí corriendo, con el corazón latiendo y el alma  pesada, llena de confusión. No podía soportar el matar a personas llenas de alegría, cariñosas. Si, lo admito, me resisto a ser lo que soy, una piedra dura y áspera. Me siento terriblemente culpable  y mi reflejo en el espejo me hace pensar en un asesino en serie buscado por la policía de todo el mundo. Lamentablemente no puedo escapar de mi destino, me abruma ver la sangre cuando les clavo el cuchillo. Sé que un día, no soportaré ya toda esta presión, toda  esta matanza gratuita, y entonces, mi único  deseo que un día aparezca alguien más fuerte que yo y me mate ¿Pero cómo encontrarlo? Sería en un sitio lejano y el viaje se me hace difícil y agobiante.

8 febrero 2010

Te puedo

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , , ,

El bar estaba hasta arriba de gente. Voces llenaban el aire, risas rebotaban en las paredes, música que hacía que los cuerpos se movieran a ritmos desenfrenados. Pasos que se deslizaban a un lado y a otro, docenas de ojos capturando unas y otras miradas. Los camareros en la barra sirviendo cervezas, cubatas, calimochos. Y fue otro sábado cualquiera hasta que se estrelló contra la ventana. Cayó contra el suelo, mientras chocaba contra los cristales  rotos. Y su cuerpo luchó para moverse frente a la caída, pero se le había ido la fuerza. Pedazos de cristal roto encima y debajo, a su alrededor y cortes en su cara, su cuerpo, sangre saliendo de cada uno de ellos.

Y todo que  podía hacer era mirar al que venía hacia ella.

Él se inclinó ante ella, un mechón de pelo tapo su cara. Sus ojos  eran amenazantes, su rostro no tenía expresión, su mano estaba fría y sus pasos sonaban fuertemente contra el suelo. Una risa burlona salió de sus labios.

“¿Qué es tan divertido?”

“Te diré lo que es tan divertido.” Se acercó a ella mirándola con los ojos encendidos “Tu nunca serás capaz de escapar de mí.”

“Vamos a ver.” Dijo ella intentando sentarse. “ ¿Cómo que no escaparé? ¿Qué pasa, tío? Sólo me he tropezado porque alguien me ha empujado”

El le dio un manotazo en la cara y ella se chupó el labio ensangrentado.

“Ya verás”.

“¿Yo? ¿No  sé por qué?” Su aliento olía a muerte. La agarró por los brazos y la obligó a ponerse de pie.

“Un día, te darás cuenta. Un día “

“¿Entonces ahora no?” Gruñó ella. “Así que, ¿me vas a matar, o vas a dejar que me vaya?”

“Hasta que nos volvamos a ver” Dijo soltándola del brazo que la tenía agarrada.

“Ya sea dormido o despierto, te encontraré.” Dio un paso hacia ella. “Y un día, te mato”.

“Tal vez algún día, te mato”.

A ella los ojos se abrieron de golpe. Le dolía el cuerpo como si hubiera sido cortada en pedazos, y entonces recordó su caída. Todo estaba oscuro, no veía nada. Sus ojos fueron adaptándose a la penumbra y de pronto escuchó un ruido estridente. Era el despertador, empezó a reconocer entre las sombras su cuarto. Estaba sana y salva en su cama, todo había sido un sueño, un mal sueño.

Era lunes y tenía que ir a clases, así que se levantó con las prisas habituales y en medio de la rutina diaria su cabeza volvía a ese sueño o a esa pesadilla. Tenía que ser fuerte, luchar contra él era cada vez más difícil. Pero ¿Quién era él? ¿Por qué estaba obsesionada? ¿Llegaría un día en el que ya no volvería a despertar nunca más?

Los días de clases eran agitados, siempre con prisas, sin tiempo apenas para un café, siempre corriendo de un sitio a otro y después del sueño que había tenido esperaba tener un día más fácil que los otros.

Paso la mañana sin grandes sobresaltos y al acabar las clases tenía que ir al despacho de un profesor que estaba  en el último piso del edificio, no podía usar el ascensor porque le producía claustrofobia y pensó que subir cinco pisos andando después de haber estado unas horas sentada sería bueno para desentumecer las piernas y hacer ejercicio.

Mientras subía al primer piso le volvieron las imágenes del sueño “¿Estará el tío de mi sueño aquí escondido entre los recovecos de las escaleras? Tonterías, no fue más que un sueño raro” y siguió subiendo escaleras, contando los escalones para no pensar, todo era producto de su imaginación ¿Pero por qué no podía quitarse el sueño de la cabeza? ¿por qué le quería hacer daño? ¿Qué le había hecho ella? Sólo eran cosas absurdas de los sueños.

Y seguía subiendo perdida en sus pensamientos. Sintió un ruido, una puerta que se golpeaba y después otra “Una corriente de aire” pensó y siguió avanzando por la escalera hasta que llego a la puerta que estaba cerrada y no la dejaba continuar, se encogió de hombros e intentó varías veces abrirla, le dio varios empujones. Imposible. Suspiró y decidió bajar al siguiente piso para buscar el ascensor.

Entonces sintió un ruido, era una voz, alguien hablaba un poco más abajo. La voz aquella le resultó familiar, era la voz del hombre de su sueño. Sus piernas empezaron a temblar, de sus poros salía un sudor frío “¿Subo¿ ¿bajo? ¿Qué hago?”. Y se quedó allí paralizada sin saber que hacer, sin que su cuerpo respondiese a nada. Subiendo por las escaleras empezaba a aparecer una sombra, cada vez más cerca.  Ella sin dejar de mirarlo intentó subir los pocos escalones que la separaban de la puerta pero se tropezó y cayo al suelo.

“Te he encontrado de nuevo” Le dijo el con una sonrisa malvada y unos ojos fríos “No puedes escapar de mí.”

Vio como unas garras invisibles que se le acercaban pero no se atrevían a tocarla ¿Estaba jugando con ella? Y estaba claro que aquello no era producto de su imaginación se sentía arrastrada por una fuerza  irresistible  que le hizo acercarse a la puerta cerrada y pudo oír voces que provenían del otro lado así que se puso a gritar pidiendo ayuda.

Oía la risa en toda la escalera “Tengo que salir de aquí” y seguía gritando. Del otro lado de la puerta oyó decir “No te preocupes ahora abrimos” pero los segundos pasaban y se sentía acorralada, unas garras venenosas se extendían sobre su alma. Y él ya estaba encima de ella. Sintió dentro de ella una fuerza creciente y le lanzo una patada que hizo que él  dejase de reír y después otra patada concentrando toda su ira. Si, tenía que luchar contra él, ella sola, era la única solución. Pondría fin a esa danza, no sería una marioneta nunca más. Le lanzo una última patada que lo hizo rodar escaleras abajo. Si buscaba a alguien para atormentar no sería ella otra vez , si aparecía en sus sueños volvería a luchar. “No puedes derrotarme” La sombra se aferró en la escalera “No voy a dejarte ir”

“Puedes hacer lo que quieras” Le dijo ella dándose la vuelta y mirándolo fijamente “Ya no te tengo miedo, soy más fuerte que tu y lo sabes. Ahora regresa de donde viniste”

Y cuando ella apretó su cabeza contra la almohada y cerró los ojos se dio cuenta que no caería en esos sueños oscuros, su cabeza y su alma ya no se estremecían. Y si él un día volvía de donde había venido, si tuviese que volver otra vez , ella ya estaría preparada, era más fuerte, lo sintió aquel día en la escalera, descubrió que tenía miedo de ella. No, ya no se volvería a rendir tan fácilmente porque lucharía hasta el último aliento.

2 febrero 2010

Sábado por la mañana

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
Tags: , ,

Un sábado por la mañana después de una larga noche de copas, bailes y fantasías eróticas ella se despierta, abre los ojos y siente como la luz daña sus pupilas, bosteza cansada, se estira en la cama y ve como la mitad de la ropa yace encima de la alfombra. No recuerda bien que paso esa noche, si se acostó acompañada o sola. Seguramente acompañada porque está desnuda, se rasca, el cuerpo le pica.

Se levanta, se pone una camiseta y unas bragas perdiendo el equilibrio. Tambaleando se dirige al baño ¡Qué lejos queda! Piensa. Escucha con alivio “piss” y  siente como cae caliente, es una sensación dulce.

Tiene la boca seca, coge el cepillo de dientes y le echa pasta, se cepilla. El cepillo va y viene, viene y va. Se enjuaga y se ve en el espejo el rastro de pasta de dientes que se quita con la toalla.

“Café, ¡rápido!” Los pies la arrastran a la cocina, se pone café y derrama parte de la leche fuera de la taza. Enciende la radio y sólo oye cosas sobre la crisis, la tragedia de Haití, el trafico el tiempo y que otra mujer ha sido asesinada en manos de su pareja “¿Por qué pasan estas cosas? ¿Es qué no puede pasar nada bueno?” Piensa.

Analiza el sabor de su boca, nota un gusto  comino, curri. “Tengo que comprar otra pasta de dientes diferente” empieza a tomar el café a sorbos ¡quema!  siente su aroma.  Tenía mucho sueño, tenía que dormir más esa mañana pero de pronto oyó un ruido, un chasquido y sentía como su boca cosquilleaba. No era ni un rumor constante, ni una canción que estuviese tarareando, era otra cosa ¿Podría ser qué tenía un mp3 entre sus dientes? ¡Qué sueño! Necesitaba dormir unas cuantas horas más pero no podía, tenía cosas más importantes que hacer así que se dirigió a la ducha y dejo que cayese el agua caliente primero sobre su cabeza para que lavase esa parte oscura que tenía dentro de ella, esas cosas en las que no debía pensar, después se enjabonó el cuerpo haciendo mucha espuma mientras seguía sintiendo ese chasquido raro dentro de su boca, como si su lengua se moviese sola y quisiera hablar.

Salió de la ducha y se seco con una toalla y con otra limpió el cristal empañado mientras su cara iba apareciendo allí  pensó que estaba horrible, la noche anterior se notaba en su cara “Parece que estoy verde”, con uno de sus dedos tiro del párpado inferior hacia abajo y después saco la lengua mientras ponía cara de asco y miraba con incredulidad. No podía ser aquello que estaba viendo, no era aquella lengua sonrosada lo que veía, era algo  que tenía dos ojos , una boca con el labio de abajo gordo, un tupe en que mas bien parecía la cola de una mofeta, que le producía un poco de arcadas  y eso no era lo peor, aquello cantaba como un borracho.

Su corazón empezó a latir fuertemente, su respiración cada vez era más y más agitada, sentía calor, frío, sudaba el suelo de repente parecía que había desaparecido y sus pies flotaban en el aire hasta que por fin cayó al suelo dándose un golpe con algo y allí se quedo un rato sin sentido.

Se despertó en el frío y húmedo suelo del baño, no sabía donde estaba ni que pasaba pero poco a poco fue recordando y pensó que era algo que había soñado. Pero no, era real, otra vez sintió aquello en su boca. Tenía que hacer algo, llamar a alguien, pero a quién. Sentía que su cuerpo le era ajeno y no lo dominaba, intento levantarse pero se volvió a caer y sus huesos otra vez se aplastaron contra el suelo golpeándose, haciéndose daño, cada esfuerzo que hacía le producían los mismos resultados y cada vez se sentía más agotada. Abrió la boca para gritar y pedir ayuda, quizás alguien la podía oír, algún vecino, cualquiera, pero en lugar de palabras solo salían sonidos raros e ininteligibles, lo que estaba ahí dentro ya no cantaba. El pánico corría por su cuerpo. Un zumbido. Abrió otra vez la boca y se forzó en escuchar. Cualquier cosa que estuviese cantando era como el sonido del Pato Donald, agudizo más y más el oído y su cuerpo tumefacto se levanto torpemente, se acercó a la bañera y abrió el grifo del agua fría, metió debajo la cabeza. Al fin se pudo levantar y miro por todas partes a ver si veía algo que le pudiese servir de algo, encontró unas tijeras pequeñas mientras luchaba contra su cuerpo tembloroso pero no servía de nada. Como pudo metió un pie en la bañera que ya estaba casi llena con el agua fría después metió el otro, se resbalo y cayo de culo dentro haciéndose daño, al final acabo sumergiéndose entera inclinándose hacia atrás hasta que el ultimo de sus largos mechones quedaron sumergidos en el agua helada del invierno.     Se estremeció por completo, cada vez temblaba con más fuerza. Su cabeza trataba de dar sentido a lo que estaba sucediendo, se sentía como si estuviese drogada. El invasor había tomado su cuerpo y la mayor parte de su cabeza. Su mente flotaba, una escala de grises- hombre dentro de ella que de pronto salió y se sentó al borde de la bañera, iba vestido con una camiseta negra, vieja, rota. Vio en él la figura de un fracaso.

“Hola, ¿Estás cansada? ¿Agotada? Decaída? ¿Resaca?”, le dijo mientras le tendía caramelos de una pequeña caja de metal rojo. “Esto es todo lo que te voy a dar, tomas una o dos cada mañana y te elevaras y brillaras”

Y empezó a cantar una canción “It doesn’t matter what I say
So long as I sing with inflection
That makes you feel I’ll convey
Some inner truth or vast reflection
But I’ve said nothing so far
And I can keep it up for as long as it takes….” Esa canción donde los tonos altos se perdían en el infinito.

El aturdimiento le volvió a alcanzar y ella se sumergió aún más en el agua, el agua que le entraba en la nariz intentaba expulsarla fuera mientras su brazo salía fuera agarrando la tijera y clavándosela en el vientre con todas sus fuerzas. La sangre bajaba caliente mientras miles de ojos quedaron mirando a su alrededor.
Ya no tenía aquella sensación rara en la boca.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.