Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

19 diciembre 2009

Una tragedia pero no tanto

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Venía  paseando por la calle tranquila después de haber hecho la compra en el supermercado, la leche pesaba y quizás había comprado demasiada pasta y patatas. Seguro que se me había olvidado algo, pero no importaba yo seguía  sumida en mis pensamientos, pensando en ti, preguntándome miles de cosas sin sentido o con él quizás y de fondo la banda sonora de mi vida puesta en la orejas cuando de pronto he oído un gran estruendo y pensé que se estaba viniendo el mundo abajo, no entendía nada. Noté  un fuerte golpe en mi cabeza primero, luego sobre mis hombros, en mi cuerpo.   Me di cuenta que por donde pasaba en ese instante, debajo de un edificio de ladrillos oscuros se habían caído todos los balcones haciendo el efecto dominó y uno o varios de esos cascotes habían caído sobre mi empujándome hacía abajo, al  suelo. Caída sobre mi espalda, cubierta de escombros y polvo con los ojos abiertos y de la boca saliéndome un hilo rojo, oscuro, denso. Estaba muerta. Enseguida oí gritos de la gente, vi como corrían a un lado y a otro. Una chica morena de pelo largo que creo que conocía se acerco a mi gritando y llamándome por mi nombre pero yo ya no sabía quien era. Ya no importaba. Vi gente que salía de las tiendas allí cercanas para ver que pasaba, todo el mundo hablaba a la vez, se quejaban de que el edificio estaba en mal estado y que el accidente era previsible. Yo los veía, los oía pero no me importaba ya lo que decían y me di otra vez cuenta de que estaba muerta, me había tomado un tiempo darme cuenta, no fue algo instantáneo, morir es algo que necesita tiempo para asentarse en la cabeza, no es fácil entenderlo ni acostumbrarte a ello. No es fácil en absoluto.  Y seguía allí tirada en la acera en medio del caos  de gente que iba y venía y sonaban sirenas a lo lejos primero, después cada vez más cerca. Me di cuenta que mi ipod ya no estaba en su sitio, había desaparecido y ya no oía la banda sonora de mi vida. Entonces pensé en ti, en mi familia, en mis amigos,  en esas cosas que me quedan por hacer. Sobretodo en esa cosa que deseo tanto, pero no importa, viviré mi otra vida algún día. Todo lo que tengo que hacer es pensar y recordar, hasta que venga a mi mente que estoy muerta.  Lo mejor es que muerta me siento muy bien, estoy feliz. Sensación extraña. Creo que empiezo a olvidarlo todo, tantas cosas que hacían que mi cara a veces cambiase la sonrisa a un mohín triste, raro. Cosas que quería olvidar pero no podía o no quería, que hacían daño, mucho daño, cosas que escondía, secretos del alma que  y ahora veo que se van desvaneciendo en mi cerebro. Cuando estaba viva nunca había pensado que había detrás de la muerte y entonces lloré mucho.
Perdón, no debería quizás jugar con estas cosas, pero siempre se ha escrito sobre la muerte.

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18 diciembre 2009

Feliz navidad

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Unos días antes de navidad estaba mirando un catálogo de esos de juguetes que mandaban las grandes superficies para ponernos los dientes largos y que deseásemos todo lo que allí había. Lo que más me gustaba era un tren eléctrico y se lo dije a mi “Aguela”, me miro con cara rara y me dijo “Niña, ese juguete lo tiene que pedir tu hermano, por qué no pides mejor una muñeca” mientras me quitó el catalogo y me señalo un muñeco feo, con pelo de estropajo rubio, que meaba, lloraba y no sé que más tonterías hacia. Vehementemente deseaba ese tren, me lo imaginaba en mi cuarto rodeado de construcciones de lego. Construiría una estación, casa, la comisaría de policía, coches, un puerto con el barco del pirata… y se lo conté a ella, otra vez me miro con la cara que suele poner cuando le cuento algo  y me dijo “Pero mira que eres rara, hija”
Esas navidades yo debía tener unos siete años y todavía creía en Santa Claus. Como todas las navidades de mi vida la pasábamos en el campo con mis abuelos, tíos, primos y como siempre algún acoplado “Hay mucho sitio, que más da 20 que veinticinco ¿no?” siempre he oído decir esto mientras mi “Aguela” se queja diciendo “Acabareis conmigo” y ella siempre sigue igual o cada vez mejor. Son días de preparaciones culinarias, cochinillo asado o cabrito, turrones, polvorones y dolores de barriga por comer más de la cuenta, intoxicaciones por que el marisco no está muy fresco o te has pasado, perjuicios etílicos.
Es un torbellino en el que me gusta evolucionar y participar.  Los primos organizamos fiestas, juegos, obras de teatro o coreografías cursis para que alguna no se sienta ignorada. Vestidos importantes como la ocasión lo requiere aunque algunos primos y mi hermano tienen problemas  por que se niegan a ponerse siquiera camisas, mi madre les dice “Es que sois unos vagos y no lo hacéis por no abrocharos los botones” Al final, después de suplicas y para que mi “Aguela” se ponga contenta y sea feliz se las ponen mientras dura la cena.
Decoraciones brillantes, arbolito lleno de lazos y bolas y nacimientos con figuras rotas.  Antiguas, repegadas, que cada día aparece de forma diferente por que alguien se entretiene moviendo los personajes y de pronto alguna mañana el niño Jesús aparece ahogado debajo del puente  de un río de papel de plata y acuarela azul. Lo que hace que mi “Aguela” diga: “No sé de donde sale la educación tan horrible que tenéis”
Aquella noche me fui a la cama nerviosa, con mi cuerpo excitado después de tanto juego y comida, con ganas de que llegase enseguida la mañana para ver mi más deseado regalo, el tren de mis sueños. No dormí, me despertaba cada dos por tres por los nervios así que me levante muy temprano, simplemente no podía esperar más. Abrí la cortina para que entrase la luz del día pero todavía apenas empezaban a aparecer las primeras luces, sin embargo estaba casi oscuro. Salí al pasillo, baje las escaleras, cruce el zaguán, allí como siempre hacia mucho frío y entre en el salón. Todavía había rescoldos en la chimenea, los mayores se debían haber acostado muy tarde, aprovechaban para “Hacer cosas raras cuando echaban a los niños a la cama” Eso decían siempre, ahora los que hacemos cosas raras somos nosotros o eso dicen ellos.

De repente se abrió la ventana y sentí como entraba una ráfaga de viento y en ese momento aparecieron delante de mi tres   hombres encapuchados, con gorros, bufandas, las cabezas tapadas. “Ladrones” pensé inmediatamente. Me puse a gritar como una loca. Alertados por mi grito poco a poco fueron apareciendo uno tras otro, mi madre a la que me abrace asustada, muerta de miedo.
El hombre aquel entonces se quito el pasamontañas ¡Mi padre, mi tío! ¿Mi padre era un ladrón? No, traía un montón de bolsas de colores brillantes, paquetes decorados con grandes lazos y dibujos chillones. Al principio yo no entendía nada ¡qué raro era aquello! Entonces me di cuenta, Santa Claus no existía, eran los padres los que desempeñaban su papel y es que ¡claro! Cómo era posible que en una noche repartiesen tantos regalos, es alguna de las preguntas que solía hacerme por aquella época. Pero no me gustó saberlo, se acabo el mundo imaginario que yo necesitaba, esa noche no se colaron allí ladrones, pero los adultos robaron mis sueños de niña.
Y al final abrí el paquete, era aquel espantoso muñeco que no me gustaba y vi que el tren lo tenía mi hermano y el muñeco lloraba pero se quedo en un rincón olvidado mientras ayudé a montar el tren.

17 diciembre 2009

Avatar

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Hay muchas cosas que me gustaría escribirte en estos días, muchas cosas que te podría decir, pero no puedo ¿entonces debo gritar a ver si algo sale de mi boca y lo oyes? Pero no, no te digo nada, mi dignidad me lo impide así que  he descubierto que ya se puede ver on line la película esa nueva y me desahogo. Desde un punto de vista del guión y narración, Avatar o lo poco que he aguantado   no merece siquiera una fracción del bombo que le están dando, pero sólo bajo mi opinión y viéndola en una pantalla de pocas pulgadas.
Y todo lo que quiero no está aquí, pero tampoco sé dónde, me siento rodeada de extras, picados, contrapicados pero mi vida no es un remake, joee que pedante suena todo esto o es quizás la deformación que tengo  en mi cabeza. O tengo oportunidades o no las tengo porque todo lo estrangulo y me tomo un respiro, inspiro, aspiro, me entra aire dentro y me siento satisfecha. Por lo menos respiro, todo está deslucido como las imágenes tridimensionales de la película tan promocionada Avatar que puede ser el escaparate perfecto para los puntos fuertes de Cameron y sus defectos también. Sólo es abrir y entrar y ver los bichos esos raros que parecen que te tocan, los paisajes donde crees poder estar  pero que no huelen y el olor es importante ¿O no? Y todos te dicen como entrar , pero cada uno tiene su propia técnica, la primera vez es al azar, después buscas y cuado encuentras lo quieres todo pero no puedes. Y no vale entrar unos minutos, ver y salirte sin nada. Y miro, observo, trato de robar con los ojos todo lo que se puede sustraer  pero esta escena  es muy difícil, mucho más  dificultosa que nada. Mi técnica no funciona, la imagen que abro se pierde y ciertamente, no eres único, tienes tus momentos en los que oigo los “espíritus puros de la selva” en la mitad que se convierten en algo muy brillante.
Y creo que no veré Avatar, por qué si quitas la alta tecnología, la técnica elegante ¿Qué queda?

O puede que si, que la vea en el cine para ver que es eso de la calidad fotográfica antes nunca vista.

16 diciembre 2009

Frío polar.

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Tengo frío. Entro en mi cuarto, me paseo por el pasillo,  voy y vengo a la cocina  y abro el frigorífico Todo el tiempo. No entro  en calor. Apenas puedo pensar en lo que quiero hacer. Tres capas de camisetas y un jersey, no dos y tres,   no cambia nada. Los pies descalzos, los calcetines me molestan, me pica la lana. Mejor arrastro por el suelo los pantalones del pijama pero no impiden que el aire y la humedad de la densa niebla que hay fuera recorran mi piel. Puedo ver lo que  necesito hacer, pero nada parece registrarse o me hace  falta para empezar. Inútil  ponerme guantes, bufanda y gorro. Todo es innecesario porque el frío lo siento  dentro. Mis huesos son estaláctitas en los subterráneos de mi cuerpo. No quiero pararme a pensar. No quiero conclusiones, nada, quiero mi  sueño. A veces, los pensamientos van y vienen como sombras fugaces de las farolas de la calle que se reflejan en el techo mi cuarto. Que el calor de las noches pasadas se desvanezca por aquellos que visten bufanda fuera del invierno. Y sé que me quiero despertar en otros días jugando al escondite e ir buscando entre las nubes y las estrellas. Cerrar los ojos y dejar que me desvistas. Abrirlos y soñar, reír. Sentir como me miran tus ojos mientras los míos permanecen cerrados.
Puedo ver los pensamientos  que aparecen tras la ventana y a los enanos que también tienen frío. Uso el edredón de mi cama, pero no es suficiente. Necesito un calor diferente al que puede dar el fuego. Esculturas congeladas que irradian su helado  aliento en todo mi cuerpo. Aliento que congela mi sangre de piedra, mis músculos, mi cuerpo entumecido. Me asfixio entre las paredes de los extremos demasiado fríos  en contacto con mi piel, la colisión entre el frío y la temperatura ambiente provoca temblores incontrolables.
Mi cerebro está neutralizado por el  invierno. Funciona lentamente, manteniendo su preciosa energía vital para realizar las acciones cotidianas: beber, comer … aprovechando la grasa de mis recuerdos.
Sólo que esta continúa en  desaparición de las nociones de tiempo, espacio y lugar . Sólo una visión fugaz. Esto me asusta más de lo que creo.

15 diciembre 2009

En el sofá con “El tercer hombre”

Cuando me siento en el sofá a ver en la televisión alguna película  me atonto y entonces  viene él buscándome y se aprovecha de mi.
MP británico: Lo siento, señorita, son órdenes. No podemos ir en contra del protocolo.
Anna Schmidt: Yo no sé ni lo que significa protocolo.
MP británico: Ni yo, señorita
Se pone a mi lado y se aprieta muy fuerte contra mi sin apenas dejarme sitio, me siento acorralada en el rincón más duro casi clavándome el apoyabrazos en las costillas.
Es un lugar interesante, Martins. No  puede hacer el trabajo, no puede seguir con su viejo amigo, no puede despejarse lo suficiente para resolver el misterio y no puede conseguir a la chica.
Empieza frotándome las mejillas primero suavemente y después me mira con esos ojos que dicen que está buscando un poco de atención amorosa. Le acaricio su cara y cierra los ojos inclinando la cabeza hacia atrás y a la vez emitiendo sonidos de placer. A medida que continuo acariciándolo se estira más y se me pone encima extendiendo sus piernas, apretándose más a mis dedos, besándomelos, metiéndoselos en su boca.
Yo creía que “El tercer hombre más bien era simplemente una película de misterio, cine negro pero me he dado cuenta que también es una historia de amor que finge ser un misterio
Cuando llega a ese punto en el que le toco la espalda noto como se vuelve medio loco y pierde el control de si mismo, al continuar, se retuerce en  éxtasis pero yo sé que él todavía  quiere más. Sus ojos se abren y su cabeza se vuelve para averiguar por qué me he  detenido. Me río y vuelvo  a darle lo que quiere.
Y aparece entonces lo que en mi opinión es una de  las mejores escenas de la película. Cuando los dos están juntos. Cuando aparece  borracho y con las flores tal vez una de las escenas más tristes y mejores de todos los tiempos.
Continuo hasta que se da la vuelta satisfecho y se acurruca otra vez en el sofá a mi lado, entonces me habla, me dice con una voz muy suave “Guau, guau”

En cuanto a género creo que la razón de que sea considerada una gran película (más allá de la actuación, la fotografía y la música) es porque hay muchos aspectos a considerar dentro de ella:  thriller, cine negro, de misterio, el comentario histórico-social, historia de amor, comedia de humor negro, desquiciada “amigo” de película – y, por último, juegan con la ambigüedad moral, la moral, en una época en que normalmente no podría manejar la ambigüedad

14 diciembre 2009

La calle


Hacia días que no iba por el centro de la ciudad, pero con la tontería del amigo imaginario me fui de compras con unos amigos sin saber que podía regalar. Y así de repente, según me fui acercando me invadió de repente una sensación de alegría y entusiasmo.
Las calles estaban llenas de gente vestidas de colores vivos y brillantes. Músicos tocaban en las esquinas. Luces con motivos navideños se balanceaban de un lado a otro de la calle suspendidas entre las casas. Hacía frío pero el aire estaba saturado de calor y risa, bailarines, mimos, malabaristas, acróbatas, chocolate con churros, azúcar y un cielo lleno de estrellas. Y todo, así, tan súbito, inesperado.
Andaba por las aceras con las manos metidas en los bolsillos del abrigo y el cuello envuelto en una gorda bufanda de lana mirando a mi alrededor con una mezcla de asombro y desconcierto. Como un niño pequeño con zapatos nuevos. Un estallido de caos, diversión y risas. Caminaba con el paso ligero, pero no ingrato sin saber como esa fiesta me llevaba por los callejones tropezándome con la gente y confundiendo mi cabeza con sonidos y voces. Era extraño, veía la ciudad de forma diferente, el contorno dorado de los edificios y la plaza, los niños persiguiendo destellos de luces, la gente saludándose y sonriendo con alegría. La misma gente que cuando vas con un perro lo saluda a él y a ti no te dice nada. Un sueño que se encuentra en el centro de un sueño raro y muy realista. No tengo ni idea como ha ocurrido esto así, tan de repente, no tengo idea de que es lo que celebra la gente y parece que se han vuelto locos. No sé por qué me siento impregnada de un entusiasmo inesperado ¿Será la Navidad? Si para mi nunca ha significado demasiado, sólo que mi vida cambia por unos días en que todo se vuelve demasiado excitante, nada más.
Entramos en una tienda llena de gente, la crisis o el frío. Después de muchas dudas compré un regalo ¿Por qué es tan difícil elegir algo? Y el regalo le gusto a mi me regalaron unas braguitas rojas con puntillas que he estrenado y no me gustan, me irritan. Y seguí andando por las calles con las manos en los bolsillos tratando de encontrar un sentido lógico y disfrutar de la vida pensando que algún día conseguiré lo que quiero, mientras alguien me decía que me estoy convirtiendo un poco en autista. Con una sonrisa me puse a bailar al ritmo de la música que allí sonaba, meciéndome al compás de  un torbellino, moviendo el cuerpo, profanando a los escépticos sin discernir con palabras que no sé,   usando solo la mirada. Un día, ese día también caminaré con las manos en los bolsillos mirando a un punto distante que estará a cada paso más cerca inmersa en la multitud alegre o triste, no importa por que yo seré una bailarina involucrada en un delirio sin fronteras o sin razón. Así, de repente, todo tan inesperado,  de sopetón.

10 diciembre 2009

Cuéntame

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Siento su presencia. Ella está siempre dentro de mí. Con la edad crece más y más, pensé que un día  su actividad se reduciría, pero parece que no es así. Pero al contrario, es incluso más estrecha  y agobiante. Yo soy yo y yo misma que me siento como una desconocida. Una  extraña que se desliza por la sangre que recorre mi cuerpo, lo hace con indiferencia y cuando menos me lo espero. Su silueta a menudo es efímera, pero las lesiones que la acompañan me hunden en dudas excesivas y súbitas.
La noche me encanta pero ella hace que me sienta diferente, de doble cara, una social útil y agradable y otra que se esconde detrás de máscaras y cuando estoy a punto de decidir algo oigo quejasen un brumoso eco hasta que siento en mis entrañas algo que me duele. Es una doble vida, una un poco como un héroe sin superpoderes la otra que camina con un top de lentejuelas. Esa es una estúpida, viciosa,  arrogante y salvaje que no oculta su deseo. ¿Pero crees que una Super  Tía es también valorada en  la intimidad cuando Super hombre estaba demasiado ocupado en salvar el mundo?
Con la edad hemos aprendido a vivir juntas, ella no puede separarse de mi y viceversa. Ella aún está aquí, más fuerte cada día, más fuerte que antes, más viva, más entroncada. Una especie de sombra incuestionable. A veces yo no lo sé. Su venganza puede ser  terrible,   odiosa.  Yo soy la que come galletas y pepinillos en el sofá, en la cama, ella es la descarada que se pasa el tiempo excavando en su pantalón de pijama y encontrar el placer en la busca de su amor estúpido, explorando sus límites y deseos.
Yo busco entre pliegues los recuerdos perdidos, no necesito una brújula, sé perfectamente cada contorno, cada esquina, cada paso. Y siempre vuelvo allí. Ella lo sabe, lo sabe todo. No puedo ocultar nada, está tatuado  en mi cuerpo, para siempre, totalmente inmutable.
Voy a ir al baño, me quitaré el rimel, me cepillaré los dientes tres o cuatro minutos, pasaré el hilo dental que no escondo. El control de cada movimiento, cada pensamiento. Hago lo que hemos sido y ¿después? Me sentaré en la taza para no tenerme que levantar a media noche y que ella después con sus celos no me deje dormir y si se pone pesada me iré al sofá que no es nada cómodo. No lo sé
Voy a pasar por el cuarto de baño, maquillaje, cepillo de dientes, el pelo un poco y me sentaré en el baño, voy a tener que orinar en mis pantalones pero estoy demasiado cansado para tomar una ducha Luego, para lavar mi ropa sucia antes de ir a dormir solo en el sofá, porque mamá está durmiendo con su amante, estoy un poco celoso, un poco nervioso, quiero fumar ..
¿Va a volver a ver cualquiera de mis movimientos, para rectificar cualquiera de mis sentimientos? ¿Hará que se me  nuble la mente? Para decirte la verdad, yo prefiero no saber pero te preguntaré y me alegraré.

9 diciembre 2009

Lo que provocas

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Es bonito que cuando vives con tanta intensidad que al final del día te tiras en la cama y te viene un suspiro lleno de magia, un pensamiento atado a los bordes de un alma encantada. Es muy bonito ese momento.

Son esos sentimientos contradictorios, paradójicos que me vienen a la mente.
Me gusta que mis manos huelan a lavanda y mi pelo a mar. Así, insignificante, tranquila, guardando mis secretos. Esas noches en que mis sueños son alegres como un día de verano. Pensamientos confinados y sacudidos como un semblante ahogándose en un mar tranquilo. Cuando los pulmones parecen demasiado pequeños para respirar porque están  llenos de vida. Son pensamientos que se convierten en rosa y me hacen perder la respiración, jadeo oscuro mientras mi corazón se agita y te siento a mi lado. Mi corazón otra vez late con fuerza.

4 diciembre 2009

Lavabo de señoras

La otra noche fui a cenar a un bar de esos que ponen un montón de tapas ricas de panceta y lomo con una cerveza  y por casi seis euros me siento llena, repleta.

El bar como siempre estaba hasta arriba de gente  y casi no me podía mover en una mano sujetaba la caña y en la otra el plato lleno de tapas. Y me costaba la vida arreglármelas.

Cuando acabe me entraron ganas de ir al baño, claro, no solo bebí una caña, creo que fueron tres. Así que haciendo malabares y pidiendo permiso, intentando que según pasaba no me manchasen con la grasa de las tapas o la cerveza o que no me quemasen con los pitis llegue al servicio de señoras como es lógico.

Había cola, pregunte quien era la última mientras   me meaba así que apretaba las piernas para contenerme mejor.

En eso una tía que estaba allí con cara de mala leche me dice: “Oyesss, no crees que te has equivocao de cola” Yo pensé que la tía me vacilaba, pero no entendía por qué, las otras me miraban con cara rara. Y con un poco de vergüenza, no entendiendo nada le dije que me ponía donde me correspondía, mientras seguía mal aguantando las ganas de hacer pis.

Al final por fin llego mi turno y al entrar vi en el espejo a un tío dentro, su cara me pareció conocida.

De pronto apareció una tía grande, gorda y fea que de malas maneras según abría la puerta del baño me dijo que yo no utilizaría ese baño de ninguna manera. Estaba furiosa. Y yo también. Ya no podía más, y le conteste algo incoherente mientras me encerraba en ese cuarto oscuro y de mal olor, en que el suelo estaba mojado, lleno de papeles y otras  cosas raras. Asqueroso. Pero por fin me quede a gusto.

Y tras la puerta oía gruñidos y frases que no entendía.

Al salir de allí la tía seguía se lanzó casi encima de mi, tenía su cara muy cerca de la mía y hasta casi podía ver sus puntos negros en su cara, amenazadoramente me dijo que iba a mostrarme mi sitio. Entonces me vi en el espejo, yo era un tío. Si, yo era un tío con pelo en el pecho.

Me quede allí petrificada, no me podía mover y la mujer esa me zarandeaba, me pegaba.

Y no me podía mover, no me podía salvar. Sentía un miedo extremo.

Y gritaba, lloraba.

3 diciembre 2009

el teatro de la vida

Filed under: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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En las noches frías su cama es un campo de batalla abandonado y lleno el vacío con voces, disfrute y gozo. No puedes imaginar el caos, las multitudes, las cacofonías de operas anónimas que están estructuradas y resuenan en el patio de su cabeza mientras sostiene la varita mágica que le dio un hada mientras las sirenas turbulentas se burlaban. Todos quieren el papel principal y tarde o temprano sacan sus garras. Ojos moribundos, se arrancaban los cabellos, y termina en baño  de sangre. Esto no se lo cuenta a nadie habitualmente, pero entre locos es fácil entenderse.
Los placeres histéricos son las estrellas del escenario, están golpeando su cabeza contra las paredes, aferrándose a mantas.  Pasan del grave al agudo y suben las octavas sin moderación, hasta la nota final que hace largarse a los gatos y estallar las copas de cristal  excitadas , agitadas de espasmos y los ojos descompuestos babeando y produciendo ruidos extraños como si fueran estrangulados.
Le gustan generalmente los flacos con una voz profunda que gimen como cuando un autobús  para antes de exhalar el último suspiro, antes de entregar el alma, con la garganta llena de notas estridentes y escalofríos repentinos.  Naturales y simples, que  no disimulan nada, sino  no lo  añaden tampoco, dan exacta medida de su goce. Bufidos o mugidos, según el humor.
Presta oídos para oír el canto de sutiles placeres discretos mientras muerde sus labios temblorosos y de vez en cuando emite un suspiro, un susurro y ello la lleva hasta el colapso de un inevitable derrumbe. Adivinando el lento ascenso del placer, que no pánico tembloroso, jugando pianissimo con la punta de los dedos.
Es el silencio estéril que reina en la sala,  impregna todo el espacio cuando los ecos callan.
Y cae el telón sobre la escena en un chirrido poleas.

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