
Quiero. Lo mejor sería poder olvidar, sólo seguir adelante sin recuerdos. Pero no sé que me lo impide.
Olvidar no es una respuesta automática, es un ejercicio de la mente más bien. No podemos decirnos a nosotros mismos “quiero olvidar” y como cuando das a la tecla suprimir se borra todo. No. Los recuerdos están ahí y vienen a nuestra mente produciendo una especie de montaña rusa en nuestro ánimo.
Memoria sensorial, es la forma en que te besaría. Un beso. No, mil besos.
Recuerdos alarmantes como cuando inesperadamente un tío me persigue con gafas de sol aunque la niebla es densa y me lleva por un camino donde no quiero y produce un fuego como el del infierno. Recuerdos que no son míos pero que los viví en aquel vagón del metro. Recuerdos de un cuarto en un hotel. Memoria falsa.
Y si, quiero olvidar, no tener recuerdos. Pero al final sólo tengo mil preguntas sin respuesta. Quiero saber qué pasa y por qué. No solo quiero saber sobre mi misma, aunque no me entiendo muy bien y posiblemente algunas respuestas estén ahí.
Quiero saber de ti también. ¿Dónde estas? ¿Qué haces? ¿Tienes problemas? ¿Qué sueñas por la noche? ¿Qué hay en tu cabeza? O no, mejor no saber nada. Mejor olvidar.
Eres parte de cómo soy. Permaneces en la química de mi cerebro y la razón por la que he huido de las multitudes, de esos bares oscuros llenos de gente y de humo en donde no podía controlar nada y me ponía nerviosa. Tienes las llaves de la incapacidad de confiar completamente en mi, de mis sentimientos de inseguridad, de la manera que te daría un beso.
El pasado da luz a mi falta de tacto, mi necesidad de silencio, mi manera de pensar. Produce en mi exigencias y para los demás que me rodean.
El pasado, en parte, me recuerda a ti.
La vida podría ser diferente, podría haber continuado. Sin el pasado el futuro tiene falta de deseo. Quiero un futuro diferente o no lo quiero, me contradigo como siempre. Pero creo que voy ha hacer tic tac con mi corazón. Voy a meter el pasado en un pequeño punto de él, lo sostendré muy cariñosamente, estrechamente. Y cuando el pasado consiga sorprenderme con una golosina lo miraré con curiosidad y le preguntaré el sentido que tiene todo y después quizás lo mande a la papelera otra vez.
Y si esto me golpea la cabeza, me produce confusión, trataré de meterlo dentro también. Eso, mi cabeza mejor estará metida en esa caja de cartón si no olvido.

Olvida tonta.
Comment por Lau — 29 Octubre 2009 @ 21:03 |