
Ando un poco perdida hoy. Será mi cuerpo o mi cabeza que tiene es agujero negro dentro y la verdad es que hoy me he levantado agilipollada. Pero mi corazón no me hace caso o ¿Soy yo la que no se lo hago?
Te echo de menos. Estoy cansada de tanta mesa llena de apuntes, libros.
No tengo ningún plan, no me gusta planificar nada. Me gustan las sorpresas y los días sin calma. Estudio, folios, y más libros, el ordenador encendido para buscar en el cosas que no entiendo y todo ello para no bajar de la nube rosa y dulce desmenuzada cada vez más en la que veo andando por una cuerda floja a dos elefantes que se balancean ¿ o son tres? Mejor cuatro.
Y más apuntes sobre la mesa, parece que solo veo eso o es lo que me gustaría sólo ver. Pero veo más cosas, la tenue luz que ilumina palabras, letras que sueltas no significan nada. Pereza. Hoy o desde ayer siento algo raro.
O ya son cinco los elefantes que se pasean por la cuerda, son elefantes morados con trompas cortas que tendrán hijos como Bambi, de color pastel de chocolate y con las piernas muy largas.
O seis los elefantes que se pasean mientras oigo en el cuarto de al lado como a mi compañero de piso se la deben estar metiendo o echándole el aliento en el cuello
Me angustio tanto que no puedo sentir más. No pasa nada pero tengo ganas de llorar.
Simplemente me colapso o siento frío, estoy incomoda. Paso folios y folios y no encuentro lo que quiero, leo, me concentro, estudio.
Siete elefantes ¡joder! ¿Por qué cuento elefantes? Esta noche cena en un italiano. Me vendré pronto otra vez a casa y le daré con la puerta de hierro otra vez al elefante en la trompa. Ya podía ser Bambi, pero a él no le daría don la puerta en las narices y después podía escribir el relato con tono erótico que me ha puesto Ludkubo de tarea. El tiempo pasa muy lento y te echo de menos.
Ocho elefantes volando sobre la cuerda y me subo en ellos, me agarro fuerte e intento no caerme, pero me estrello contra el suelo. Sigo subrayando los apuntes, lo mas importante de amarillo, lo menos de rosa y alguna cosa de azul. Después en el examen me acuerdo de los colores y de lo que había debajo.
Nueve elefantes echándote de menos para que yo no muera en un amanecer rosa salpicado de amarillo y nunca más se vuelva a saber de mi.

Y un décimo elefante que haga un retrato de nosotros al carboncillo.
Nunca lo digo porque es obvio, pero muy buenas elecciones de fotos para acompañar a tus escritos, la de hoy particularmente curiosa.
Seguimos leyéndonos.
comentario por ludkubo — 2 Junio 2009 @ 21:03 |
Hola Chispa que tal?
Ando perdida ¿en tu nuevo blog?, bueno no se desde cuando lo tienes así hace poco que he vuelto a este mundo loco. Siempre con tu surealismo propio, enredandonos en sueños idos, donde lo imposible es posible y donde los elefantes se cuentan y aunmentan, y no se extingen. Espero que los folios y los colores te compensen en los resultados finales de esos examenes puntuales que tienes un saludo enorme despues de tanto tiempo.
comentario por Akyboo — 2 Junio 2009 @ 21:03 |
Saludos Chispa.
Tu, contando elefantes. Yo devaneo con la Luna. Tal vez buscando mis errores en su cara, sonriente a veces, contrariada otras. Entre brumas, nubes negras que como de una resaca se tratasen, me dejan mirando sin ver.
Soledad. Hasta que salga el Sol. Para de nuevo encerrarme en una urna de cristal transparente que me aisle del andar cotidiano de tantos seres, ¿como yo?.
Un abrazo
comentario por Walk on the wild side — 4 Junio 2009 @ 21:03 |
Jajaja, los elefantes … y las ovejas tienen algo en común? jejeje
Me voy unos días de vacas, tengo pendientes algunas de tus entradas, pero ten por seguro que a la vuelta me recupero con tus soliloquios.
Abrazos hasta Salmantia
comentario por Mimí — 6 Junio 2009 @ 21:03 |