Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

24 Noviembre 2009

¿Puede transformarse la fantasía en una oscura prisión?

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He recordado así de pronto un pasado no muy  lejano que me permitía salir del mundo real al que no dude una vez en etiquetar con un calificativo poco bonito: “realidad igual a mierda o mundo-caca” cualquiera de los dos vale, son iguales ¿No? Si, como el anuncio de bolsa caca, pero lo mío fue antes ¡copiones!
Desde que era niña siempre he tenido que pelear contra cosas que nunca he entendido como el abandono, la enfermedad, la soledad, la tristeza….. Desde pequeña me he sentido como una enredadera de esas que se aferra a la fachada de una casa con fuerza.
Cuando era pequeña, no recuerdo la edad, puede que tuviese cinco o seis años siempre oía decir a mi madre o a otros mayores que la felicidad es la clave de la vida. Un día en el colegio una profesora nos mando escribir  qué queríamos ser de mayores. Yo escribí en  que quería ser aquel cuaderno  de rayas horizontales con tapas de cartón blando sólo una palabra:
“Feliz”
Para que decir más ¿no?
Cuando vio mi cuaderno la profe me miro con cara enfadada y me dijo que yo no había entendido lo que ella había preguntado y yo pensé que era ella en realidad la que no entendía la vida.
Al final encontré un jardinero   experto en podar, que me podría separar de aquella pared y vuelvo a preguntarme otra vez si una oscura fantasía se puede convertir en una celda de castigo. Por qué me pregunto siempre lo mismo.
Si quiero puedo, pero no sé si quiero o no quiero. Si puedo quiero, si puedo no quiero.
¿Qué pasará en aquel castillo mágico? Si le pidiese permiso quizás me dejaría entrar y caminar  juntos por el sendero oculto del bosque y puede que me atreviese a preguntar que tipo de guerra se libera en su reino, tal vez, debería ser capaz de actuar como intermediario entre las bandas opuestas.
Otro  recuerdo de pequeña es esa frase que dice: “querer es poder” o que si quieres, se puede. Un día recuerdo que quería  llorar y lloré. Enseguida oí que me hacían callar, me decían: “Niña, no se puede llorar”.
Cuando quiero puedo ser peligrosa.
Al día siguiente quise gritar y me dijeron “Shiiiii, niña calla que molestas” Yo pensé si quiero gritar puedo ¿No?
Le quise pegar al vecino y no se dejo, salio corriendo asustado ¡Cobardica!
Pero no lo hago, no sé si tengo ganas
Pero no lo hice, no me apetecía.  El miedo de fijarse en aquella realidad que siempre renegué con todas mis fuerzas, una vez más me impidió de moverme y de querer de verdad. En esta noche fresca de septiembre vuelvo a pensar en mi amigo fantástico que me hace  compañía en el curso de los años.

23 Noviembre 2009

Relato erótico

Archivado en: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Siento el ritmo de la calma, un pesado sueño de pronto. La luz y el aire. Tumbada en una cama de suaves sábanas envueltas en un mundo de seda azul. Me rodean blancas cortinas de gasa blanca. Me  desnudo en la cama mientras mi piel se siente acariciada, piel contra piel. Mi vestido ha caído arrugado al suelo.  Abro las cortinas y lo veo allí con dos copas de vino en la mano con unos pantalones negros y sin camisa , enseñando su pecho que me imagino muy suave al tacto.
Me da una copa mientras levanta la otra  en la mano y ofrece un brindis y bebo un sorbo mientras me pregunto  qué estaremos celebrando. Me siento feliz, como si ya hubiese conseguido una victoria. Sin embargo hay algo que me cuesta recordar y que persiste en la parte trasera de mi sueño y sigo bebiendo el vino sorbo a sorbo. Vino dulce y embriagador que me aturde los sentidos, siento hormigueo en mi cuerpo y me siento viva. Le hago un gesto para que se acerque a mi, se sienta en la cama y nos apoyamos en una multitud de almohadas, estoy  perdida en la comodidad, con calor y un poco borracha sin preocuparme que estoy desnuda disfrutando del vino apoyándome en su hombro.
Cierro las cortinas y nos aislamos del mundo exterior. No importa, dentro  es un pequeño mundo que se parece al cielo, los dos juntos. Dejo que la sensación del vino vague por mi lengua, lo saboreo despacio, deleitándolo. Me chupo los labios a sabiendas de que ahora deben ser rojos y  me mira mientras lo hago,  veo el hambre en sus ojos. Hambre de deseo. Dejo el vaso en el suelo. Mis manos recorren su pecho. Siento que es suave, sedoso, perfecto. Lo acaricio. Él cierra los ojos al sentir el placer que le da mi tacto. Se inclina hacia mi y me besa. Su piel toca la mía, hay chispas de electricidad que recorren nuestros cuerpos. Y cuando los labios se encuentran sentimos el sabor suculento del vino.
Dejo de pensar y sólo las palabras traspasan mi mente. En ningún orden, solo palabras, sentimientos. Suave. Suave. Caramelo.  Romántico. Hermoso. Bello. . Por favor. Por favor. Tocar. Roces. caricias. Magnífico. Lujuria. Pasión. Ensueños. Lejano. Melancólico. Alma. El beso. Oferta gloriosa de sensaciones emocionantes. Mi cuerpo se da cuenta como si  hubiera estado dormido mil años.  Soy la difusión de impulsos de  vida como y siento como  me sostiene en sus brazos, devorándome con sus labios y me pierdo.
Sus manos me acarician,  mi piel, mi cuerpo. Tiemblo.  Sucumbo a su cada caricia.  Me deja durante un momento, un breve momento que parece  largo, eterno, despierta ansias y me vuelve  a mi desnudo, bello. Quiero tocarlo pero de pronto me siento tímida. Él besa mis labios, mi cuello, labios otra vez. Baja recorriendo todo mi cuerpo mientas me estremezco con más deseo. Respiro pesadamente, jadeando . Él siente mi deseo, me pregunto. ¿Él sabe cuánto lo quiero? Pienso en lo que hace, me concentro. Estamos armonizados. Él me toca, me acaricia, lo siento por todas partes. Él es mío. Él es el mío, si, sólo en este momento, ahora. Su pelo entre mis dedos. Siento como me besa. Junto mi cabeza a la suya dejando nada de espacio entre nuestros cuerpos. Rodamos por la cama hasta que queda encima de mi. Su eso me tranquiliza y me despierta al mismo tiempo. Su cuerpo es sólido, verdadero. Siento que entra en mi, despacio. Como si tuviese miedo de romperme. No me romperé. Nunca me voy a romper. Me muevo con él. Un ritmo apacible insoportablemente placentero y  tan hermoso que hace daño a mi corazón. La exquisita ternura es casi más de lo que puedo soportar. Me siento ingrávida, libre.
Hace el amor conmigo.  Siento su piel alrededor . Nuestros ojos cruzan miradas y reímos. Está vez nuestro baile es aún más eterno, suena la música mientras bailamos esa danza de cuerpos. Mis manos se adhieren a su espalda, aprieto fuerte con mis dedos, lo araño suavemente, lo rodeo. Nos extenuamos el uno al otro, todo mi cuerpo responde  a cada milímetro de su piel. Lo siento dentro de mi, en toda mi piel. Sé que el lo siente también.
No quiero nada más en este momento, para mi es completo. Mi cuerpo se estremece con un orgasmo, uno tras otro. Me siento convulsionar y  sacudo  mis miembros que los siento cansados. Me besa una y otra vez hasta que acaba y vomita su semilla dentro de mi.  Rueda a un  lado y  me tira, aún no queriendo separarse. Las palabras no pueden describir mis sentimientos ahora. No nos hablamos pero no importa, sobran las palabras. Es fuerte, me sostiene y me siento segura. Nada puede hacerme daño ahora. Nada  duele ahora. Despacio comienzo a dormirme y la última cosa que yo veo es su cara antes de que mis ojos se cierren.

20 Noviembre 2009

¿Bailamos?

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Se puede bailar de cualquier forma. Baila, baila, baila.

Podemos bailar antes de la cena, se puede bailar en el césped, bailar al sol en vez de bailar por la noche, es cierto. Y bailar descalza en un suelo de cristales rotos. Con pasos de plumas, bailando como una ninfa borracha de música.
Podemos bailar en un teatro, después de un ensayo. O ponemos música en el coche y bailamos en un sitio alto donde se vean las luces de la ciudad allí abajo, bajo las estrellas. O en un callejón oscuro rodeados de contenedores de basura y de la oscuridad de terciopelo de la noche siguiendo la medidas que dibujan las plumas en el suelo, un dibujo caótico de sentimientos.
Podemos bailar en la cama, en invierno leyendo poesías en francés y contando estrellas. Bailando en el techo  contra la melancolía y que los  “te echo de menos” no te aburran.
Bailando en secreto, sin música, con fuego, los ojos cerrados, el humo y un montón de libros.  Nunca más no, un baile y un beso. Comiendo y bebiendo juntos y rodeados de amigos, pensamientos míos en el aire.

19 Noviembre 2009

Otoño

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Por la mañana, cuando todo el mundo duerme yo me levanto descalza y de puntillas para no hacer nada de ruido. Los dedos de mis pies desnudos sobre la madera que cruje y se despierta al mismo tiempo que yo. Está fría, es su peculiar forma de decirme buenos días y yo no tengo que contestar, me cuesta abrir la boca en esos momentos pero mi cabeza no para de dar vueltas.
Saco los dedos por la ventana para tocar el aire de fuera y así creo que tengo el aire para mi sola.  Poco a poco se desvanece el otoño de colores amarillentos y el suelo esta alfombrado con miles de hojas. Se esfuma el otoño en los parques, se marchita. En cualquier caso no llueve y me hace feliz porque no me he comprado un paraguas. Murmuro una canción y de repente tengo miles de palabras como burbujas bajo la lengua ¿Qué hago aquí? Me pregunto con incredulidad. Nada, realmente nada. La verdad es que un día supe que hacía, pero cuanto más me instalo, más me arraigo y cada vez me doy más cuenta de que jamás lo sabré. Nunca jamás.
Abro un cuaderno nuevo, con todas las hojas en blanco, mi mano se resbala contra las páginas todavía muy dulces y me gusta. Cada vez hace más frío, pero en una esquina cualquiera hay una caseta donde una señora asa castañas. Te las da envueltas en papel de periódicos atrasados donde cuentan que ha muerto otra mujer a manos de un desalmado. Y me caliento las manos ¡mola! Pero soy poco hábil para pelar la castaña con una mano ocupada, así que me las llevo a casa y me las como sentada.
Y qué hago aquí.  Pintarrajeo las paginas del cuaderno nuevo, garabateo páginas en blanco. me produce un extraño calor ahí, entre las costillas y el estómago. El cielo es azul, mucho más azul en noviembre y me digo que tal vez estoy aquí para descubrir al menos algo. Lo bueno de la vida, es demasiado pronto para saber si recordaré esto dentro de tres meses, dos años, diez.

18 Noviembre 2009

Desnudas

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Mi amiga y yo estábamos comiendo en un restaurante de esos baratos con comida grasienta e insípida, pero era barato el plato del día. Y mientras comíamos tuvimos una conversación de esas tontas que tanto le molan a ella y que a mi a veces me enfurecen. Me llamo mojigata. Al final acabamos la comida y salimos del restaurante despidiéndonos de los camareros que se quedaron callados. Parecía que estaban de mal humor, quizás gritamos demasiado o puede que haya sido la desnudez de mi amiga.
Y volvíamos a la facultad, teníamos practicas esa tarde. Durante el paseo me volvió ha hacer el comentario de que era una mojigata así que para que se callase de una vez por todas me quite la camisa. Empezamos a correr, se nos hacía tarde. Es que no se puede discutir tanto mientras nos cruzábamos con un pelirrojo feo que nos miro sorprendido y huyo asustado. Mi amiga dijo que éramos muy feas y que por eso tenía miedo y sale corriendo a toda velocidad. Yo corro detrás de ella que tiene mi blusa y quiero que me la devuelva.
Se mete en un bar y oigo a uno de los clientes que dice algo sobre su desnudez mientras se dirige a la barra y se pone ha hablar con la camarera tranquilamente. La camarera si viste ropa. Mi amiga me mira y me dice que le está explicando a cerca de todo, la camarera me mira a los ojos y me dice: “¿Así que eres tu? Y entonces apareces y me dejas tu chaqueta, me envuelvo en ella y en tu abrazo que es reconfortante, cálido. Y entonces rápidamente me despierto, no era más que un sueño.

17 Noviembre 2009

Sin título

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La inspiración es como una polilla asustada, en movimiento pero que va y viene a cámara lenta. No viene siempre cuando más la deseo, sentada delante de la pantalla  mintiendo, mi cabeza hace trucos de magia y aparece cuando estoy en clases o haciendo otras cosas raras con ojos de vidrio cubiertos de telarañas. Y después es difícil volver a esos pensamientos, exteriorizarlos otra vez por eso es como si me pasase todo el día en la luna.
Dado el estado catatónico que sistemáticamente se replegaron a pesar de mis esfuerzos para mantener la presión, sí y no, me agarró un veinte por ciento del total, que presagia las denuncias en mi nombre y un número después.
Escribir para recordar, existir, no perderse palabras y emociones que a veces son difíciles y que para otros quizás no signifiquen nada.  es mi memoria que es como el humo que fluye de los labios como una respuesta a todas las preguntas que no estaban destinadas a ser preguntadas. Agitando a los espíritus a salir de sus guaridas. Las tragedias. Un recuerdo en mis manos ahuecadas que allí lo mantiene. Reaparecen cada vez que quieran
Después de  hablarme a mi misma de temas que me despiertan el mismo interés que me lo despierta el modo de emparejarse de los reptiles  por fin llega la hora de comer  mientras a otros les da un ataque al corazón. Mi mente, mi memoria, que no tiene nombre. No he provocado la pobreza del lenguaje, pero tengo una incapacidad para nombrar esos sentimientos, los que son demasiado lleno de vacío que me persigue me hacen pensar, me priva de sueño y, a veces me da la fuerza para continuar, no todo es blanco o negro.
Yo prefiero que, sí, pero no.
Y, después de haber comido un metro cuadrado de aceite y grasa de pizza caprichosa, regresé a mi silla delante del ordenador en medio de alucinaciones  resultante de la digestión de que  se presenta difícil.

Me gusta la sensación de ser una aparición en un teatro de marionetas donde Dora la niña del Mago de Oz hace frecuentes incursiones para hacer cierto tipo de preguntas. No importa, no es más que la locura o el humo en la bola de cristal de una bruja.

16 Noviembre 2009

Un bar

En_la_feria

Estoy en un antro oscuro, con la música muy alta, hay gente sentada en unas mesas llenas de vasos vacíos,  llenos de cerveza y otras cosas. Algunos fuman en pipas de agua a saber qué. Yo estoy en la barra sentada en un taburete que más bien parece el palo de un gallinero. Me siento como una gallina en corral ajeno.
A mi lado hay un tío que está con una tía, se besan, hablan, ríen. Ella coquetea con el y el pone cara de tonto. Parecen enamorados.
Miro otra vez a la gente de las mesas mientras una amiga me cuenta su última noche de sexo con un desconocido del que no sabe ni su nombre. Vuelvo a mirar a la pareja del al lado pero ella ha desaparecido. Mi amiga me dice que el tío la tenía pequeña y que había aguantado muy poco. De pronto noto una mano o un brazo sobre mi cintura mientras me pregunta  al oído que como me llamo. Mi amiga dice que se había quedado insatisfecha y que necesita quitarse el mono de encima. Hago que mi vaso sirva de protección para que el tío no se acerque tanto a mis labios. Y siento su peso sobre mi rodilla mientras me dice que no importa, que tiene novia pero que yo soy un bombón.
Me lo quito un poco de encima mientras miro hacia arriba, al techo evitando los ojos del tío, me traspasan, siento que me desnuda y oigo como me balbucea algo acerca de una perra flaca que no entiendo. Al final se va y vuelve a aparecer con la que es su novia, o eso creo.
Me voy al baño donde las paredes están  sucias, el water manchado. El espejo es ligeramente más reflexivo, es humo.
Saco de mi bolso un lápiz de ojos negro  increíble y una barra de labios naranja profunda que se convierten en mi punto de interés, me encanta dibujar en mi cara. Dibujo una estrella naranja en mi ojo izquierdo y en mis labios un ojo y espero con esto repeler a esos tíos que tienen novia y se me acercan. Creo que el tío olía como mi padre, pienso. ¿O será que estoy borracha?
De repente siento a través de las paredes como unas bombas de sonido electrónico que se hunden en mi piel. Salgo y veo que están montando instrumentos para tocar algo. Recuerdo que no sé donde estoy y me acerco a la pista de baile. No es un una pista, es un escenario o algo parecido donde hay una banda, el que parece cantante está alarmantemente pálido, muy delgado y lleva un sombrero negro de fieltro, pantalones de cuadros muy ajustados, sin camisa, el pecho descubierto. El que toca el bajo es musculoso, me lo podría llevar a casa después del concierto. No, mejor al delgado pienso. Se acerca otro tía a mi ofreciéndome un piti de esos mágicos y se lo agradezco con una sonrisa. Me dice que está impresionado por la estrella de mi cara y le pregunto si le gusta mi ojo. Saca su móvil y se pone como un obseso haciendo fotos. Un ojo con la lengua fuera resulta fotogénico por lo visto.
Se me acerca otro tío totalmente pedo, me pide que le dibuje un ojo en el culo. Me doy la vuelta riéndome, pasando y el se enfada y me pega un puñetazo en la estrella derecha.
Me piro a casa, la mañana siguiente me despierto con el ojo morado. No importa, soy  un fantasma.

13 Noviembre 2009

Ida de pinza

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erwinEstoy en posesión últimamente de unos rasgos que son impropios de una señorita bien educada. No hablo de dolor de cabeza convencional, es un “Síndrome de respuesta  hombre – siéntate en una clase”  y tiendo a asumir que todo lo que explica el profesor no me interesa o lo hace muy rápido o si la luna está en la séptima casa y si Júpiter se alinea con Marte o si Sócrates fumaba porros mientras a mi hámster se le cae la baba, habla como un motor y tose como un viejo. Estoy demasiado encariñada con el sonido de mi propia voz, será eso.
Otra cosa por la que me ha dado es por las pinzas de la ropa. Tenía una bolsa con casi 59 pinzas, si, número exacto y me los enganche a mi piel uno a uno mientras intentaba dormir viendo reglas de gramática, participios pasados. Me sentía emocionada y entonces me gusta compartir.
Fue angustioso.
Es abrumador.
Fue maravilloso.
Es una relación extraña con el dolor. Lo quiero mucho pero no siempre soy capaz de entender. Me gusta, mucho, pero yo no soy siempre capaz de manejarlo. Requería a menudo del tipo incorrecto de la atención y entonces he tendido a conseguir la libertad bajo fianza antes de que el golpe me haga daño. Me pongo en el sitio donde quiero más, quiero caerme al borde, sólo es eso.  Y se me pone la piel de gallina. Entonces las pinzas eran perfectas, es un dolor delicioso, perfecto. Y no se que tarjeta es, la de la biblioteca o la del cajero automático. Encuentro la intensidad implacable de un modo no horrendo increíblemente apasionante
Esto se convirtió en un charco. Y debo seguir leyendo ese libro espantoso de ética que me duele aún más que las pinzas sobre mi piel pero acabo calmando mi cabeza y justo en este momento mi cuerpo se vuelve pesado y es que Morfeo me tiende la mano.
¡Joderrrr, se me han olvidado los antibióticos!
Las no se cuantas de la noche y yo con los ojos bien abiertos

12 Noviembre 2009

Enjaulada

caged

Mi mundo es como una jaula en el que me rodean barrotes y siento hambre.

Me paso los días en una esquina agachada, encogida en mi mundo cerrado,  en unos metros para hablarme a mi misma. Podría estirarme pero ¿Para que? Soy pequeña después de todo ¡Qué importa! No quiero, Quiero estar lejos de la puerta de mi jaula tanto como pueda.

Para ser sincera no sé que fue lo que me trajo aquí, un día me desperté y me di cuenta. Me alimentan todos los días y me dejan usar el baño y las personas que me visitan vienen enmascaradas. No sé si son hombres o mujeres ¡No importa!

Me pregunto a menudo donde estoy  ¿Estoy en la misma ciudad? ¿He sido llevada a algún otro sitio? ¿Si yo fuera a escapar, qué encontraría fuera de las paredes de mi jaula? A veces pienso en cosas superficiales, como en lavarme el pelo, una ducha de agua muy caliente o qué vestido ponerme. Solo pensar en eso, no pensar en nada más sería maravilloso ¿no?  Quisiera pensar cosas felices pero solo recuerdo antiguos programas de televisión que me han gustado, películas que suelo ver. Todo es fantasía, nada real.  Y entonces para no pensar fantaseo y pienso en que alguien me viene a salvar  mientras la puerta de mi jaula se abre y allí aparece Jocker con su pelo verde y su boca rasgada que sonríe siempre. Y sueño. Mi mente vaga  y entonces encuentra el camino para que me acerque a él. Tiene esa cara de tipo duro pero dentro lleva un corazón grande que permite que me acerque y puedo hablar, tenemos una conversación  sobre el tiempo que llevo encerrada en esta jaula.
Creo que el me oye. En mis sueños por la noche hablamos mucho. A veces hacemos más cosas que hablar. Sé que soy una indecente, una impúdica y obscena provocadora. Pero llevo mucho tiempo aquí encerrada. Pero en mis sueños mi pelo es largo, me llega hasta los pies, es brillante y está ondulado y baja por mi espalda. Me pongo un vestido largo que cae en cascadas alrededor de mis pies y él está delante de mi con su esmoquin y un sombrero de copa. No sé por qué lleva sombrero. No importa. Pero el es Jocker y puede llevar el sombrero que quiera.
Me ofrece su mano y yo la cojo, tira de mi hacia a él,  bailamos, bailamos como Fred Astaire y Ginger Rogers en “Bailando bajo la lluvia” pero sin paraguas. Nos mojamos. Suena una música que no sé de donde viene y giro alrededor  como si yo fuese el aire y él la luz. Su mano sobre mi espalda atrapándome, sujetándome según damos vueltas y vueltas en una pista llena de piedras. Mis manos sobre sus hombros que me trasmiten descanso, me siento como una dama o como una puta. No importa. Y el es mi Señor. Giramos y giramos y no quiero dejar de bailar nunca, pienso que el baile nunca acabará.  Y sonríe mientras bailamos con sus ojos llenos de bondad y cariño y lo miro envolviéndole la sonrisa, demostrándole la felicidad que siento. Sabe como me siento por dentro cuando bailamos, no hace falta hablar por que con mis ojos le enseño mi sonrisa.
La melodía  cambia y  el ritmo se convierte en algo más lento, más suave, más romántico. Él me abraza más fuerte y el baile se convierte en un balanceo. Mecerse suavemente hacia atrás y hacia adelante, yo pongo mi cabeza sobre su pecho.. Él no puede ver mi sonrisa, mi alegría, pero sé que él se siente igual que yo puedo escuchar su corazón latir. Lenta y constante que late dentro de su pecho.
Me despierto entonces y me doy cuenta que mi amante ya no está, se ha ido. Jocker me ha dejado y estoy otra vez sola, es cruel pero me hace reír. Me rodean las barras de hierro. El calor me ha abandonado y ha sido sustituido por la frialdad de mi jaula, mi prisión. Hay un plato de comida fuera de los barrotes. Miro a mi alrededor desesperada, a ver si veo algo más fuera de la jaula, algo. No hay nada, no hay nadie. Las lagrimas se deslizan por mis mejillas mientras recuerdo mi sueño.

11 Noviembre 2009

Soliloquio

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9o

Puede que tenga de la vida o de cómo deben ser las cosas un punto de vista distinto. Solo son impresiones basadas en un punto de vista subjetivo y pienso que si juego a un video juego y estoy en el nivel diez soy una novata y si estoy en el uno es que sé mucho ¿ En que nivel estas tu o en que nivel me ves a mi? O sólo es algo que me envuelve en un baile sin fin de polvo, tijeras y lágrimas, sangre y piedra, papel o ron. Es como una obra de teatro de diez céntimos, pero es mi vida ¿De verdad parece eso? Claro, por qué no. Pero con la sinceridad ni ofendo ni tengo miedo. ¿Qué debería hacer? Enredada en mi misma ¿Haré, seré, podré? Alguien se sirve mi sangre, desnuda y congelada dentro de una copa de cava.
Y eso que mi alma se va para siempre, mientras que el sonido de una guitarra me hunde en las llamas eternas.  Otro momento y será demasiado tarde para oír o sentir en los abismos infernales, donde día y noche se derriten en un grito de desesperación. Amenazas penetrantes engañan con desdén, todo espejismo, todo engaño. Turgencia vacía toca palabras desperdiciadas para advertir que no se empeña en nacer, sino en morir. Páginas de tentaciones vuelan fuera de la puerta. Lo sigo y me encuentro en guerra.  Ves rechinar torrentes de deseo. Me quejo pero, a diferencia de antes, descubro que solo  lloro. De aquí no se sale, no hay nada fuera.
Puedo ponerme una camiseta del equipo ganador, participar en el desfile del conformismo, pero no quiero cambiar. No quiero cambiar de escenario, ni cambiar el tipo de relación y  tal alteración necesita corrección. Y si no, sería mejor hacer un test de esos absurdos del Factbook. El viento está en mi cabeza, entregada a un  monólogo incomprensible  moviéndome como la lluvia sin fin en páginas pasadas que no consigo olvidar y la melancolía cede sitio al conformismo. imitación liberatoria de una alegría. Corazón cobarde y olvidadizo, este en ningún sitio, perdido entre la montaña y el mar.
Soy la única dispuesta a hacer un “simpa” cuando presentan la cuenta y el camarero es olvidadizo.

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