Dardos procaces isotrópicos (autor anónimo) II

8 Febrero 2010

Te puedo

Archivado en: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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El bar estaba hasta arriba de gente. Voces llenaban el aire, risas rebotaban en las paredes, música que hacía que los cuerpos se movieran a ritmos desenfrenados. Pasos que se deslizaban a un lado y a otro, docenas de ojos capturando unas y otras miradas. Los camareros en la barra sirviendo cervezas, cubatas, calimochos. Y fue otro sábado cualquiera hasta que se estrelló contra la ventana. Cayó contra el suelo, mientras chocaba contra los cristales  rotos. Y su cuerpo luchó para moverse frente a la caída, pero se le había ido la fuerza. Pedazos de cristal roto encima y debajo, a su alrededor y cortes en su cara, su cuerpo, sangre saliendo de cada uno de ellos.

Y todo que  podía hacer era mirar al que venía hacia ella.

Él se inclinó ante ella, un mechón de pelo tapo su cara. Sus ojos  eran amenazantes, su rostro no tenía expresión, su mano estaba fría y sus pasos sonaban fuertemente contra el suelo. Una risa burlona salió de sus labios.

“¿Qué es tan divertido?”

“Te diré lo que es tan divertido.” Se acercó a ella mirándola con los ojos encendidos “Tu nunca serás capaz de escapar de mí.”

“Vamos a ver.” Dijo ella intentando sentarse. “ ¿Cómo que no escaparé? ¿Qué pasa, tío? Sólo me he tropezado porque alguien me ha empujado”

El le dio un manotazo en la cara y ella se chupó el labio ensangrentado.

“Ya verás”.

“¿Yo? ¿No  sé por qué?” Su aliento olía a muerte. La agarró por los brazos y la obligó a ponerse de pie.

“Un día, te darás cuenta. Un día “

“¿Entonces ahora no?” Gruñó ella. “Así que, ¿me vas a matar, o vas a dejar que me vaya?”

“Hasta que nos volvamos a ver” Dijo soltándola del brazo que la tenía agarrada.

“Ya sea dormido o despierto, te encontraré.” Dio un paso hacia ella. “Y un día, te mato”.

“Tal vez algún día, te mato”.

A ella los ojos se abrieron de golpe. Le dolía el cuerpo como si hubiera sido cortada en pedazos, y entonces recordó su caída. Todo estaba oscuro, no veía nada. Sus ojos fueron adaptándose a la penumbra y de pronto escuchó un ruido estridente. Era el despertador, empezó a reconocer entre las sombras su cuarto. Estaba sana y salva en su cama, todo había sido un sueño, un mal sueño.

Era lunes y tenía que ir a clases, así que se levantó con las prisas habituales y en medio de la rutina diaria su cabeza volvía a ese sueño o a esa pesadilla. Tenía que ser fuerte, luchar contra él era cada vez más difícil. Pero ¿Quién era él? ¿Por qué estaba obsesionada? ¿Llegaría un día en el que ya no volvería a despertar nunca más?

Los días de clases eran agitados, siempre con prisas, sin tiempo apenas para un café, siempre corriendo de un sitio a otro y después del sueño que había tenido esperaba tener un día más fácil que los otros.

Paso la mañana sin grandes sobresaltos y al acabar las clases tenía que ir al despacho de un profesor que estaba  en el último piso del edificio, no podía usar el ascensor porque le producía claustrofobia y pensó que subir cinco pisos andando después de haber estado unas horas sentada sería bueno para desentumecer las piernas y hacer ejercicio.

Mientras subía al primer piso le volvieron las imágenes del sueño “¿Estará el tío de mi sueño aquí escondido entre los recovecos de las escaleras? Tonterías, no fue más que un sueño raro” y siguió subiendo escaleras, contando los escalones para no pensar, todo era producto de su imaginación ¿Pero por qué no podía quitarse el sueño de la cabeza? ¿por qué le quería hacer daño? ¿Qué le había hecho ella? Sólo eran cosas absurdas de los sueños.

Y seguía subiendo perdida en sus pensamientos. Sintió un ruido, una puerta que se golpeaba y después otra “Una corriente de aire” pensó y siguió avanzando por la escalera hasta que llego a la puerta que estaba cerrada y no la dejaba continuar, se encogió de hombros e intentó varías veces abrirla, le dio varios empujones. Imposible. Suspiró y decidió bajar al siguiente piso para buscar el ascensor.

Entonces sintió un ruido, era una voz, alguien hablaba un poco más abajo. La voz aquella le resultó familiar, era la voz del hombre de su sueño. Sus piernas empezaron a temblar, de sus poros salía un sudor frío “¿Subo¿ ¿bajo? ¿Qué hago?”. Y se quedó allí paralizada sin saber que hacer, sin que su cuerpo respondiese a nada. Subiendo por las escaleras empezaba a aparecer una sombra, cada vez más cerca.  Ella sin dejar de mirarlo intentó subir los pocos escalones que la separaban de la puerta pero se tropezó y cayo al suelo.

“Te he encontrado de nuevo” Le dijo el con una sonrisa malvada y unos ojos fríos “No puedes escapar de mí.”

Vio como unas garras invisibles que se le acercaban pero no se atrevían a tocarla ¿Estaba jugando con ella? Y estaba claro que aquello no era producto de su imaginación se sentía arrastrada por una fuerza  irresistible  que le hizo acercarse a la puerta cerrada y pudo oír voces que provenían del otro lado así que se puso a gritar pidiendo ayuda.

Oía la risa en toda la escalera “Tengo que salir de aquí” y seguía gritando. Del otro lado de la puerta oyó decir “No te preocupes ahora abrimos” pero los segundos pasaban y se sentía acorralada, unas garras venenosas se extendían sobre su alma. Y él ya estaba encima de ella. Sintió dentro de ella una fuerza creciente y le lanzo una patada que hizo que él  dejase de reír y después otra patada concentrando toda su ira. Si, tenía que luchar contra él, ella sola, era la única solución. Pondría fin a esa danza, no sería una marioneta nunca más. Le lanzo una última patada que lo hizo rodar escaleras abajo. Si buscaba a alguien para atormentar no sería ella otra vez , si aparecía en sus sueños volvería a luchar. “No puedes derrotarme” La sombra se aferró en la escalera “No voy a dejarte ir”

“Puedes hacer lo que quieras” Le dijo ella dándose la vuelta y mirándolo fijamente “Ya no te tengo miedo, soy más fuerte que tu y lo sabes. Ahora regresa de donde viniste”

Y cuando ella apretó su cabeza contra la almohada y cerró los ojos se dio cuenta que no caería en esos sueños oscuros, su cabeza y su alma ya no se estremecían. Y si él un día volvía de donde había venido, si tuviese que volver otra vez , ella ya estaría preparada, era más fuerte, lo sintió aquel día en la escalera, descubrió que tenía miedo de ella. No, ya no se volvería a rendir tan fácilmente porque lucharía hasta el último aliento.

2 Febrero 2010

Sábado por la mañana

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Un sábado por la mañana después de una larga noche de copas, bailes y fantasías eróticas ella se despierta, abre los ojos y siente como la luz daña sus pupilas, bosteza cansada, se estira en la cama y ve como la mitad de la ropa yace encima de la alfombra. No recuerda bien que paso esa noche, si se acostó acompañada o sola. Seguramente acompañada porque está desnuda, se rasca, el cuerpo le pica.

Se levanta, se pone una camiseta y unas bragas perdiendo el equilibrio. Tambaleando se dirige al baño ¡Qué lejos queda! Piensa. Escucha con alivio “piss” y  siente como cae caliente, es una sensación dulce.

Tiene la boca seca, coge el cepillo de dientes y le echa pasta, se cepilla. El cepillo va y viene, viene y va. Se enjuaga y se ve en el espejo el rastro de pasta de dientes que se quita con la toalla.

“Café, ¡rápido!” Los pies la arrastran a la cocina, se pone café y derrama parte de la leche fuera de la taza. Enciende la radio y sólo oye cosas sobre la crisis, la tragedia de Haití, el trafico el tiempo y que otra mujer ha sido asesinada en manos de su pareja “¿Por qué pasan estas cosas? ¿Es qué no puede pasar nada bueno?” Piensa.

Analiza el sabor de su boca, nota un gusto  comino, curri. “Tengo que comprar otra pasta de dientes diferente” empieza a tomar el café a sorbos ¡quema!  siente su aroma.  Tenía mucho sueño, tenía que dormir más esa mañana pero de pronto oyó un ruido, un chasquido y sentía como su boca cosquilleaba. No era ni un rumor constante, ni una canción que estuviese tarareando, era otra cosa ¿Podría ser qué tenía un mp3 entre sus dientes? ¡Qué sueño! Necesitaba dormir unas cuantas horas más pero no podía, tenía cosas más importantes que hacer así que se dirigió a la ducha y dejo que cayese el agua caliente primero sobre su cabeza para que lavase esa parte oscura que tenía dentro de ella, esas cosas en las que no debía pensar, después se enjabonó el cuerpo haciendo mucha espuma mientras seguía sintiendo ese chasquido raro dentro de su boca, como si su lengua se moviese sola y quisiera hablar.

Salió de la ducha y se seco con una toalla y con otra limpió el cristal empañado mientras su cara iba apareciendo allí  pensó que estaba horrible, la noche anterior se notaba en su cara “Parece que estoy verde”, con uno de sus dedos tiro del párpado inferior hacia abajo y después saco la lengua mientras ponía cara de asco y miraba con incredulidad. No podía ser aquello que estaba viendo, no era aquella lengua sonrosada lo que veía, era algo  que tenía dos ojos , una boca con el labio de abajo gordo, un tupe en que mas bien parecía la cola de una mofeta, que le producía un poco de arcadas  y eso no era lo peor, aquello cantaba como un borracho.

Su corazón empezó a latir fuertemente, su respiración cada vez era más y más agitada, sentía calor, frío, sudaba el suelo de repente parecía que había desaparecido y sus pies flotaban en el aire hasta que por fin cayó al suelo dándose un golpe con algo y allí se quedo un rato sin sentido.

Se despertó en el frío y húmedo suelo del baño, no sabía donde estaba ni que pasaba pero poco a poco fue recordando y pensó que era algo que había soñado. Pero no, era real, otra vez sintió aquello en su boca. Tenía que hacer algo, llamar a alguien, pero a quién. Sentía que su cuerpo le era ajeno y no lo dominaba, intento levantarse pero se volvió a caer y sus huesos otra vez se aplastaron contra el suelo golpeándose, haciéndose daño, cada esfuerzo que hacía le producían los mismos resultados y cada vez se sentía más agotada. Abrió la boca para gritar y pedir ayuda, quizás alguien la podía oír, algún vecino, cualquiera, pero en lugar de palabras solo salían sonidos raros e ininteligibles, lo que estaba ahí dentro ya no cantaba. El pánico corría por su cuerpo. Un zumbido. Abrió otra vez la boca y se forzó en escuchar. Cualquier cosa que estuviese cantando era como el sonido del Pato Donald, agudizo más y más el oído y su cuerpo tumefacto se levanto torpemente, se acercó a la bañera y abrió el grifo del agua fría, metió debajo la cabeza. Al fin se pudo levantar y miro por todas partes a ver si veía algo que le pudiese servir de algo, encontró unas tijeras pequeñas mientras luchaba contra su cuerpo tembloroso pero no servía de nada. Como pudo metió un pie en la bañera que ya estaba casi llena con el agua fría después metió el otro, se resbalo y cayo de culo dentro haciéndose daño, al final acabo sumergiéndose entera inclinándose hacia atrás hasta que el ultimo de sus largos mechones quedaron sumergidos en el agua helada del invierno.     Se estremeció por completo, cada vez temblaba con más fuerza. Su cabeza trataba de dar sentido a lo que estaba sucediendo, se sentía como si estuviese drogada. El invasor había tomado su cuerpo y la mayor parte de su cabeza. Su mente flotaba, una escala de grises- hombre dentro de ella que de pronto salió y se sentó al borde de la bañera, iba vestido con una camiseta negra, vieja, rota. Vio en él la figura de un fracaso.

“Hola, ¿Estás cansada? ¿Agotada? Decaída? ¿Resaca?”, le dijo mientras le tendía caramelos de una pequeña caja de metal rojo. “Esto es todo lo que te voy a dar, tomas una o dos cada mañana y te elevaras y brillaras”

Y empezó a cantar una canción “It doesn’t matter what I say
So long as I sing with inflection
That makes you feel I’ll convey
Some inner truth or vast reflection
But I’ve said nothing so far
And I can keep it up for as long as it takes….” Esa canción donde los tonos altos se perdían en el infinito.

El aturdimiento le volvió a alcanzar y ella se sumergió aún más en el agua, el agua que le entraba en la nariz intentaba expulsarla fuera mientras su brazo salía fuera agarrando la tijera y clavándosela en el vientre con todas sus fuerzas. La sangre bajaba caliente mientras miles de ojos quedaron mirando a su alrededor.
Ya no tenía aquella sensación rara en la boca.

26 Enero 2010

El baño

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Esa noche no podía dormir en mi cuarto, estaba segura que estaba llena de bichos, cucarachas, arañas, moscas, mosquitos … ratones suaves y mojados. Mis pies eran más silenciosos que los besos, pero besar no era algo que tuviese en la cabeza en ese momento.  Mejor dormir en el salón, en el sofá con una manta aunque era incomodo y se le clavaban en la espalda los listones de madera que sujetaban los cojines. Sentía un algo de consuelo en dormir de esa forma tan espartana, no era más que un auto- castigo que aliviaba mi alma y me dejaba meterme en mis sueños.

Me despertó de pronto un ruido, ruido acompasado, glub, glub, glub, gotas de agua. ¿Hay goteras en el techo? Encendí la luz y vi que no, allí estaba todo normal. No, no llovía además, la noche era totalmente tranquila, silenciosa, podía oír el silbido tenue de la electricidad estática de la tela del sofá en mis oídos. Entonces me di cuenta que eran gotas de agua que se oían en el baño.

¿Hay alguien ahí? Pregunte con una voz poco creíble. Después de decirlo me sentí un poco tonta. No hay nadie, no puede haber nadie, estoy sola en casa. Nadie va a volver. Me levanté a cerrar el grifo para que dejara de molestarme. Entre en el cuarto de baño y encendí la luz, vi que toda mi ropa estaba tirada dentro de la bañera y yo la había dejado colgada en la percha. Estaba toda mojada, los calcetines, la camiseta,  bragas y todo se había vuelto de un solo color, rojo  como la sangre, rojo como los  pantalones. Distinguí también algo marrón, grande que se movía y que en ese momento no conseguía identificar. Era un bicho. Al fin supe lo que era,  una rata enorme, inmensa, peluda y fea que me miraba con cara de pocos amigos o mejor dicho, con furia.

No podía subir por el resbaladizo y pendiente esmalte de la bañera, no podía saltar porque había demasiada agua y la profundidad no le dejaba encontrar la base para poder impulsarse hacia arriba. Nadaba y nadaba buscando apoyo emitiendo débiles sonidos.  ¿Pero y si al final podía saltar? Dicen que las ratas son muy listas ¿Y si me salta a la cara? Seguro que puede ¿Si me salta a la cara?

Lo primero que se me ocurrió coger fue una toalla y con toda mi fuerza arremetí contra ella con todas mis fuerzas la toalla se deslizo por el agua y volvió a subir, repetí esto varias veces pero la rata seguía nadando dentro de la bañera. Intentando salir de allí, dando saltos cada vez más altos. La toalla cada vez pesaba más y más me costaba dominarla por que estaba empapada  de agua que se  desprendía por todo el baño.

Necesito otra cosa, algo. Me decía a mi misma. Fui a la cocina y allí encontré la escoba. Volví al baño y cuando llegue vi que la rata de un salto conseguía salir de allí, corría por el suelo hacia donde yo estaba. Me defendí con el palo de la escoba pero aún así no pude evitar su ataque, me clavo sus dientes en la pierna. Empezó a salir sangre, y seguía mordiendo mientras yo intentaba defenderme con la escoba y la rata cada vez era más y más grande.

Por fin la rata se dio cuenta que yo ya estaba muerta, había muerto hacia algún tiempo. Solo quedaba el esqueleto. La rata se fue no sé dónde, la vi salir por la puerta de la terraza, supongo que iría a buscar a otras  victima.

Yo me sentí tranquila, me puse un café negro, cargado y me lo bebí lentamente. Pensé en telefonear a alguien para contar lo que me había pasado pero no lo hice. Era tarde para hacerlo, las tres de la madrugada, buena hora para salir a tomarse una copa ¿Pero a dónde iba yo con esas pintas? Sólo huesos, toda la ropa me quedaba grande, parecía prestada, poco favorecedora.

20 Enero 2010

Lluvia y fuego

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Hay días en que el terrible destino se confabula contra mí con arrogancia.

Lluvia. En tan solo un poco de tiempo me he dado cuenta de mi horrible condición, había experimentado, imaginado, pensado, soñado todo. Siempre que llueve me pongo esos zapatos finos que llaman “bailarinas” y ¡claro! Los pies se me empapan y los calcetines chorrean agua. Pero es una tragedia que se repite con alarmante regularidad.

Y entonces hay una crisis. Entonces el sueño. Ansiedad de las esperas,  deseo  del último beso.  Y después quiero soñar que mañana quizás voy a la ciudad de la fantasía, y quien sabe, tal vez me quedo allí toda la vida. Fantasía. Mi flequillo para mi sorpresa se ha rizado y se  me han roto dos horquillas en dos días.

Grito.

Va y viene, pero debería estar aquí y me deja sin aliento, como si fuera ayer. Ayer. Ayer jugué  todavía con las muñecas. Hoy ya no jugaré más. Y escucho un ruido, me sobresalto y me levanto de la cama pero al mirar por la ventana no hay nadie. Sólo una muñeca colgada de una farola que tiene la luz apagada. Rápidamente miro el reloj, ese que no da las horas pero que hace que pase el tiempo más lento. Es la 1,30. Lo curioso es que siento que algo me duele y mi sangre parece que es como el fuego, me quema dentro.

Mañana, es mi mejor excusa. Pero el tiempo no me respeta. Me vuelvo a la cama, me tapo con las sábanas intentando construir un refugio y me  tapo hasta la cabeza. Intento dormir sin hacer nada pero algo me invade ¿Será pena?

11 Enero 2010

Verano ahora que nieva tanto

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Y es que cuando estoy muerta tengo unos recuerdos raros, disparates, cosas que me vienen a la cabeza y  bailan con los pies descalzos y me hacen unas veces cosquillas, otras me hacen daño.
Creo que fue este verano o el pasado no importa. Fue después de un concierto y una larga noche que amanecí dormida en la playa, no en el bar como dice la canción esa. Hacía calor, me despertó el sol, me hizo abrir los ojos en cuanto salió por el horizonte oyendo el suave susurro de la brisa del mar, telón de fondo de las verdes montañas besadas por sus rayos, soplo suave que llega de una esquina del desierto sin límites, una luna llena aún no desaparecida del todo  que no era tan grande como otras veces echando de menos a un puñado de estrellas que aquella noche chisporroteaban en la sombra como pequeñas velas colocadas allí en mi sueño.
Me espabilé un poco y con los ojos medio cerrados me acerqué al agua, me fui quitando la ropa poco a poco y llame a mis amigas para que hicieran lo mismo ante el escándalo de alguna de ellas que al oírme  empezaron a abrir los ojos y a hacer comentarios un poco raros. La playa estaba desierta esa madrugada,  el agua fría pero con una carrera me zambullí, nade un buen rato yo sola.
Al salir del agua esperaba tumbarme un rato para que el sol calentase mi cuerpo pero me lleve una gran decepción, una se había acordado que en ese pueblo los sábados había un gran mercadillo. Por suerte a alguien se le ocurrió desayunar en un bar donde asaban sardinas y otros pescados, el café olía a ellos y los bollos estaban secos, al meterlos en la taza se tomaban sin permiso todo el líquido.
Y caminando un buen rato llegamos a aquella explanada donde sacaban cosas de unas furgonetas, montaban una especie de mesas que poco a poco se iban llenando de trastos que creo que no servían para nada, ropas de esas que si las llevo más de media hora me producen unos terribles picores. Pero de pronto vi una mesa llena de cajas con libros, libros usados, un poco sucios a alguno le faltaban hojas pero aquello era excitante, me puse a leer las contra portadas a ver si había algo interesante y revolvía y revolvía entre las cajas sintiendo las manos sucias de polvo. Aquellos libros no olían bien como cuando huelo un libro recién comprado, tiene un olor que me encanta. Aquellos libros estaban llenos de humedad. Mirando una caja pensé que veía visiones, además de polvo y humedad aquellos libros se movían, tenían vida propia. Aquello era magia y pensaba que como  en la historia interminable entraría en un mundo lleno de fantasías y nieblas “la nada” que lo hicieran desaparecer todo así que seguí revolviendo a ver que pasaba cuando de pronto vi a una lagartija enorme  con una piel que parecía tener textura humana, su color y aspecto parecían enfermizos. Del susto se me cayó un libro que tenía en la mano encima de la pobre lagartija y vi como su cola se desprendía de su cuerpo. Entonces vi como salía corriendo y que no había sangre por ningún lado.

4 Enero 2010

Feliz Año

Ante todo FELIZ AÑO  para todos los que leáis esto.

No sé bien que hago escribiendo aquí si estoy muerta. Pero si, escribo ¡puedo! ¿Lo ves? ¿Puedes leerme? Dime que si, porfi.
Lo bueno que tiene esto de estar muerta es que posiblemente lo que escriba no lo leerá nadie, o puede que si, quién sabe, sólo es una forma de comunicarme con el exterior o con mi interior de cuando aún vivía.  Me servirá para decir lo que me sale de los webos. Mmm vale, vale que soy una tía y no tengo webos, pues entonces lo que me sale de las tetas ¿mejor? Y no es que haya muerto y resucitado contigo a mi lado, ni lejos ni cerca ni en ningún lado como esa canción creo que era de los Secretos o de los Rodríguez, qué importa. Si, de los Secretos, eran esas canciones que escuchaba en el coche con matrícula guiri y me confundían o confundía a la gente,  las oíamos a todo volumen cuando nos llevaban y recogían del colegio. Las confundo,  siempre me ha encantado confundir las cosas, lo confundo todo pero ya no importa nada si estoy muerta y  me siento de puta madre, soy feliz como una perdiz o mejor porque queda más poético y cursi decir que soy feliz como esa estrella que brilla allí en el firmamento a lo lejos sin que se sienta atraída por ningún agujero negro o como un rayo cósmico procedente de fuera del sistema solar que son mucho más enérgicos  aunque también mucho más raros. La fusión de una enana blanca  y  un agujero negro puede ser una fuente de estos rayos, y estas fusiones  pueden producir lo suficiente para ser la fuente más importante de estas partículas energéticas.  En la ultima película de Woody Alen ” Si la cosa funciona” creo que se titulaba y me habría gustado verla en VOS y que por cierto me molo,  pero por que es como todas sus películas, una serie de diálogos inteligentes, un  guión perfecto y una gran historia sin persecuciones de coches, ni batallas, ni muertos y casquería gratuita que hacen que me tape los ojos y no vea nada. Si, ya sé, no es más que una película. bueno que me voy por las ramas, de esa película me llamo la atención sobre todo una frase que se me ha quedado grabada ” cuando sacas toda la pasta de dientes del tubo ya no la puedes volver a meter” Y así es. Y como estoy muerta puede que un día escondido o agazapado te dé curiosidad y leas esto o quizás no ¿Para qué? a los muertos mejor dejarlos tranquilos. Joee que dramática me pongo, pero es lo que quiero aunque no lo siento, no siento nada como los muertos, ni siquiera esa noche en la que iba como en una nebulosa rosa y es que ya me habían dicho que no era bueno mezclar el champan con otras cosas y entonces me vinieron los lapsus o uno solo que me duro una o quizás dos horas o tres en las que no me acuerdo lo que hice, solo que iba enganchada a un tipo del que entonces pensé que me podía enamorar de él perdidamente ¡qué ilusa!  y que al día siguiente ya no me acordaba ni lo reconocí, pensando que era un extraño que se nos había acoplado y que según me contaron las malas lenguas. Aquella noche se me acerco cuando esperábamos al búho un tío alto, delgado y moreno y me dio dos besos, hablamos un rato y por lo visto me reí mucho pero joeee, tampoco me acuerdo de nada, nada, nada. Y es eso, que sigo muerta y se olvidan las cosas, se me olvida todo de un momento para otro, estoy en esa nebulosa simpática en la que me sorprendo porque  los rabinos que dicen que los abortos en el país “retrasan la llegada del Mesías”
Y me pregunto ¿Y si nada funciona?

19 Diciembre 2009

Una tragedia pero no tanto

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Venía  paseando por la calle tranquila después de haber hecho la compra en el supermercado, la leche pesaba y quizás había comprado demasiada pasta y patatas. Seguro que se me había olvidado algo, pero no importaba yo seguía  sumida en mis pensamientos, pensando en ti, preguntándome miles de cosas sin sentido o con él quizás y de fondo la banda sonora de mi vida puesta en la orejas cuando de pronto he oído un gran estruendo y pensé que se estaba viniendo el mundo abajo, no entendía nada. Noté  un fuerte golpe en mi cabeza primero, luego sobre mis hombros, en mi cuerpo.   Me di cuenta que por donde pasaba en ese instante, debajo de un edificio de ladrillos oscuros se habían caído todos los balcones haciendo el efecto dominó y uno o varios de esos cascotes habían caído sobre mi empujándome hacía abajo, al  suelo. Caída sobre mi espalda, cubierta de escombros y polvo con los ojos abiertos y de la boca saliéndome un hilo rojo, oscuro, denso. Estaba muerta. Enseguida oí gritos de la gente, vi como corrían a un lado y a otro. Una chica morena de pelo largo que creo que conocía se acerco a mi gritando y llamándome por mi nombre pero yo ya no sabía quien era. Ya no importaba. Vi gente que salía de las tiendas allí cercanas para ver que pasaba, todo el mundo hablaba a la vez, se quejaban de que el edificio estaba en mal estado y que el accidente era previsible. Yo los veía, los oía pero no me importaba ya lo que decían y me di otra vez cuenta de que estaba muerta, me había tomado un tiempo darme cuenta, no fue algo instantáneo, morir es algo que necesita tiempo para asentarse en la cabeza, no es fácil entenderlo ni acostumbrarte a ello. No es fácil en absoluto.  Y seguía allí tirada en la acera en medio del caos  de gente que iba y venía y sonaban sirenas a lo lejos primero, después cada vez más cerca. Me di cuenta que mi ipod ya no estaba en su sitio, había desaparecido y ya no oía la banda sonora de mi vida. Entonces pensé en ti, en mi familia, en mis amigos,  en esas cosas que me quedan por hacer. Sobretodo en esa cosa que deseo tanto, pero no importa, viviré mi otra vida algún día. Todo lo que tengo que hacer es pensar y recordar, hasta que venga a mi mente que estoy muerta.  Lo mejor es que muerta me siento muy bien, estoy feliz. Sensación extraña. Creo que empiezo a olvidarlo todo, tantas cosas que hacían que mi cara a veces cambiase la sonrisa a un mohín triste, raro. Cosas que quería olvidar pero no podía o no quería, que hacían daño, mucho daño, cosas que escondía, secretos del alma que  y ahora veo que se van desvaneciendo en mi cerebro. Cuando estaba viva nunca había pensado que había detrás de la muerte y entonces lloré mucho.
Perdón, no debería quizás jugar con estas cosas, pero siempre se ha escrito sobre la muerte.

18 Diciembre 2009

Feliz navidad

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Unos días antes de navidad estaba mirando un catálogo de esos de juguetes que mandaban las grandes superficies para ponernos los dientes largos y que deseásemos todo lo que allí había. Lo que más me gustaba era un tren eléctrico y se lo dije a mi “Aguela”, me miro con cara rara y me dijo “Niña, ese juguete lo tiene que pedir tu hermano, por qué no pides mejor una muñeca” mientras me quitó el catalogo y me señalo un muñeco feo, con pelo de estropajo rubio, que meaba, lloraba y no sé que más tonterías hacia. Vehementemente deseaba ese tren, me lo imaginaba en mi cuarto rodeado de construcciones de lego. Construiría una estación, casa, la comisaría de policía, coches, un puerto con el barco del pirata… y se lo conté a ella, otra vez me miro con la cara que suele poner cuando le cuento algo  y me dijo “Pero mira que eres rara, hija”
Esas navidades yo debía tener unos siete años y todavía creía en Santa Claus. Como todas las navidades de mi vida la pasábamos en el campo con mis abuelos, tíos, primos y como siempre algún acoplado “Hay mucho sitio, que más da 20 que veinticinco ¿no?” siempre he oído decir esto mientras mi “Aguela” se queja diciendo “Acabareis conmigo” y ella siempre sigue igual o cada vez mejor. Son días de preparaciones culinarias, cochinillo asado o cabrito, turrones, polvorones y dolores de barriga por comer más de la cuenta, intoxicaciones por que el marisco no está muy fresco o te has pasado, perjuicios etílicos.
Es un torbellino en el que me gusta evolucionar y participar.  Los primos organizamos fiestas, juegos, obras de teatro o coreografías cursis para que alguna no se sienta ignorada. Vestidos importantes como la ocasión lo requiere aunque algunos primos y mi hermano tienen problemas  por que se niegan a ponerse siquiera camisas, mi madre les dice “Es que sois unos vagos y no lo hacéis por no abrocharos los botones” Al final, después de suplicas y para que mi “Aguela” se ponga contenta y sea feliz se las ponen mientras dura la cena.
Decoraciones brillantes, arbolito lleno de lazos y bolas y nacimientos con figuras rotas.  Antiguas, repegadas, que cada día aparece de forma diferente por que alguien se entretiene moviendo los personajes y de pronto alguna mañana el niño Jesús aparece ahogado debajo del puente  de un río de papel de plata y acuarela azul. Lo que hace que mi “Aguela” diga: “No sé de donde sale la educación tan horrible que tenéis”
Aquella noche me fui a la cama nerviosa, con mi cuerpo excitado después de tanto juego y comida, con ganas de que llegase enseguida la mañana para ver mi más deseado regalo, el tren de mis sueños. No dormí, me despertaba cada dos por tres por los nervios así que me levante muy temprano, simplemente no podía esperar más. Abrí la cortina para que entrase la luz del día pero todavía apenas empezaban a aparecer las primeras luces, sin embargo estaba casi oscuro. Salí al pasillo, baje las escaleras, cruce el zaguán, allí como siempre hacia mucho frío y entre en el salón. Todavía había rescoldos en la chimenea, los mayores se debían haber acostado muy tarde, aprovechaban para “Hacer cosas raras cuando echaban a los niños a la cama” Eso decían siempre, ahora los que hacemos cosas raras somos nosotros o eso dicen ellos.

De repente se abrió la ventana y sentí como entraba una ráfaga de viento y en ese momento aparecieron delante de mi tres   hombres encapuchados, con gorros, bufandas, las cabezas tapadas. “Ladrones” pensé inmediatamente. Me puse a gritar como una loca. Alertados por mi grito poco a poco fueron apareciendo uno tras otro, mi madre a la que me abrace asustada, muerta de miedo.
El hombre aquel entonces se quito el pasamontañas ¡Mi padre, mi tío! ¿Mi padre era un ladrón? No, traía un montón de bolsas de colores brillantes, paquetes decorados con grandes lazos y dibujos chillones. Al principio yo no entendía nada ¡qué raro era aquello! Entonces me di cuenta, Santa Claus no existía, eran los padres los que desempeñaban su papel y es que ¡claro! Cómo era posible que en una noche repartiesen tantos regalos, es alguna de las preguntas que solía hacerme por aquella época. Pero no me gustó saberlo, se acabo el mundo imaginario que yo necesitaba, esa noche no se colaron allí ladrones, pero los adultos robaron mis sueños de niña.
Y al final abrí el paquete, era aquel espantoso muñeco que no me gustaba y vi que el tren lo tenía mi hermano y el muñeco lloraba pero se quedo en un rincón olvidado mientras ayudé a montar el tren.

17 Diciembre 2009

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Hay muchas cosas que me gustaría escribirte en estos días, muchas cosas que te podría decir, pero no puedo ¿entonces debo gritar a ver si algo sale de mi boca y lo oyes? Pero no, no te digo nada, mi dignidad me lo impide así que  he descubierto que ya se puede ver on line la película esa nueva y me desahogo. Desde un punto de vista del guión y narración, Avatar o lo poco que he aguantado   no merece siquiera una fracción del bombo que le están dando, pero sólo bajo mi opinión y viéndola en una pantalla de pocas pulgadas.
Y todo lo que quiero no está aquí, pero tampoco sé dónde, me siento rodeada de extras, picados, contrapicados pero mi vida no es un remake, joee que pedante suena todo esto o es quizás la deformación que tengo  en mi cabeza. O tengo oportunidades o no las tengo porque todo lo estrangulo y me tomo un respiro, inspiro, aspiro, me entra aire dentro y me siento satisfecha. Por lo menos respiro, todo está deslucido como las imágenes tridimensionales de la película tan promocionada Avatar que puede ser el escaparate perfecto para los puntos fuertes de Cameron y sus defectos también. Sólo es abrir y entrar y ver los bichos esos raros que parecen que te tocan, los paisajes donde crees poder estar  pero que no huelen y el olor es importante ¿O no? Y todos te dicen como entrar , pero cada uno tiene su propia técnica, la primera vez es al azar, después buscas y cuado encuentras lo quieres todo pero no puedes. Y no vale entrar unos minutos, ver y salirte sin nada. Y miro, observo, trato de robar con los ojos todo lo que se puede sustraer  pero esta escena  es muy difícil, mucho más  dificultosa que nada. Mi técnica no funciona, la imagen que abro se pierde y ciertamente, no eres único, tienes tus momentos en los que oigo los “espíritus puros de la selva” en la mitad que se convierten en algo muy brillante.
Y creo que no veré Avatar, por qué si quitas la alta tecnología, la técnica elegante ¿Qué queda?

O puede que si, que la vea en el cine para ver que es eso de la calidad fotográfica antes nunca vista.

16 Diciembre 2009

Frío polar.

Archivado en: Uncategorized — chispa87 @ 21:03
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Tengo frío. Entro en mi cuarto, me paseo por el pasillo,  voy y vengo a la cocina  y abro el frigorífico Todo el tiempo. No entro  en calor. Apenas puedo pensar en lo que quiero hacer. Tres capas de camisetas y un jersey, no dos y tres,   no cambia nada. Los pies descalzos, los calcetines me molestan, me pica la lana. Mejor arrastro por el suelo los pantalones del pijama pero no impiden que el aire y la humedad de la densa niebla que hay fuera recorran mi piel. Puedo ver lo que  necesito hacer, pero nada parece registrarse o me hace  falta para empezar. Inútil  ponerme guantes, bufanda y gorro. Todo es innecesario porque el frío lo siento  dentro. Mis huesos son estaláctitas en los subterráneos de mi cuerpo. No quiero pararme a pensar. No quiero conclusiones, nada, quiero mi  sueño. A veces, los pensamientos van y vienen como sombras fugaces de las farolas de la calle que se reflejan en el techo mi cuarto. Que el calor de las noches pasadas se desvanezca por aquellos que visten bufanda fuera del invierno. Y sé que me quiero despertar en otros días jugando al escondite e ir buscando entre las nubes y las estrellas. Cerrar los ojos y dejar que me desvistas. Abrirlos y soñar, reír. Sentir como me miran tus ojos mientras los míos permanecen cerrados.
Puedo ver los pensamientos  que aparecen tras la ventana y a los enanos que también tienen frío. Uso el edredón de mi cama, pero no es suficiente. Necesito un calor diferente al que puede dar el fuego. Esculturas congeladas que irradian su helado  aliento en todo mi cuerpo. Aliento que congela mi sangre de piedra, mis músculos, mi cuerpo entumecido. Me asfixio entre las paredes de los extremos demasiado fríos  en contacto con mi piel, la colisión entre el frío y la temperatura ambiente provoca temblores incontrolables.
Mi cerebro está neutralizado por el  invierno. Funciona lentamente, manteniendo su preciosa energía vital para realizar las acciones cotidianas: beber, comer … aprovechando la grasa de mis recuerdos.
Sólo que esta continúa en  desaparición de las nociones de tiempo, espacio y lugar . Sólo una visión fugaz. Esto me asusta más de lo que creo.

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